martes, 3 de diciembre de 2013

LA LOTERÍA DE NAVIDAD

¿Eres de los que juegan a la Lotería de Navidad? Apuesto a que sí, pues casi todo el mundo participa cada año en este tradicional sorteo y construye sueños e ilusiones alrededor del premio, sobre todo ahora que nos azota esta crisis tan tremenda. Si me lo preguntas a mí, te diré que mi relación con la Lotería de Navidad ha sido muy estrecha desde que era pequeño, pues estudié en el Colegio de San Ildefonso, de donde tradicionalmente provienen los niños y niñas que cantan los números en el sorteo. Hace muchos años fue una una institución para niños huérfanos, pero esto fue cambiando con el paso del tiempo y en la actualidad el colegio acoge, en su mayoría, a niños que no lo son.

Para cualquier chaval de 8 ó 9 años supone un gran acontecimiento ser elegido para cantar los números en el sorteo de lotería. Un día vinieron a mi clase a hacernos una prueba y los únicos elegidos fuimos una chica y yo, así que figúrate las bromas que me gastaban mis compañeros, pero yo creo que era por envidia, porque todas las navidades salía en la tele y era muy conocido en el barrio. Para mí la Navidad comenzaba con 3 meses de antelación, cuando empezaban los ensayos en el cole. Recuerdo perfectamente aquellas tardes de Otoño en las que nos reuníamos alrededor de un bombo ficticio de donde íbamos extrayendo bolas al azar y realizábamos pruebas con diferentes timbres de voz. Era muy divertido y mis padres estaban muy orgullosos de mí, además mi abuelo solía pedirme cada año que le acompañase a su oficina para intercambiar décimos con sus compañeros y cuando me veían decían, -mira aquí viene el niño de la lotería- y me pasaban el décimo por la cabeza para que les diera suerte.

Cada año cuando llegaba el 22 de diciembre mis padres y mi abuelo venían a verme al lugar donde se realizaba el sorteo y se sentaban en primera fila cámara de fotos en mano. Para ellos, ése era el día más importante del año y les encantaba ver cómo repartía alegría y felicidad entre la gente. Pero la verdad es que sólo canté una vez el Gordo, eso es algo que con suerte te puede suceder, como mucho, una o dos veces en la vida, así que ya me puedo dar por contento. Aunque también entregué otros premios importantes, como el tercer o el cuarto premio. Para mí era emocionante ver cómo la gente lloraba de felicidad y se abrazaba a sus sueños. Yo me convertía en una especie de héroe para ellos y por unos instantes me sentía el chico más afortunado del mundo, porque había contribuido a cambiar la vida de cientos de personas. Para mí ése era mi mayor premio. Sin embargo debo confesarte que, a mi familia y a mí nunca nos tocó la lotería y eso que cada año comprábamos varios décimos. Mi madre siempre había tenido la ilusión de que yo cantara algún día alguno de los números que llevábamos, pero eso no sucedió nunca.

Estuve participando en el sorteo durante 5 años seguidos y cuando mi voz comenzó a cambiar, con 13 años, me sustituyeron por otro niño, pero la gente siguió reconociéndome por la calle mucho tiempo después y a día de hoy me siguen llamando el niño de la lotería, y eso que ya tengo 25 años. A pesar de lo que supuso esta experiencia en mi vida, con el paso del tiempo no sólo recordaba las caras de felicidad de los agraciados con el premio de la lotería, si no que también venían a mi memoria las caras de decepción y tristeza de muchas personas a las que no les tocaba ni tan siquiera el reintegro. Y es que si te fijas bien, muchas personas depositan toda su confianza en la lotería y piensan que si les toca comenzarán a vivir la vida de sus sueños y cuando esto no sucede continúan con su vida de siempre, como si su sueño nunca hubiera existido, así que lo abandonan y se olvidan de él para siempre.

En realidad creo que casi nadie está preparado para que su vida cambie de repente, aunque sea para bien, por eso a veces no suceden cosas en nuestra vida, porque preferimos seguir en nuestra zona de confort conocida que poner toda nuestra fuerza en alcanzar nuevas metas. Mi familia es el mejor ejemplo. Mi madre siempre decía que si nos tocaba la lotería nos cambiaríamos de casa o haríamos un viaje a Nueva York y eso es algo que nunca ha ocurrido y no porque no nos haya tocado la lotería. Te puedo asegurar que mis padres tenían dinero para hacer ese viaje y también para pagar la entrada de otro piso, pero preferían seguir acomodados en ése lugar de tu vida donde te conviertes en mero espectador y ves la vida pasar sin tener que decidir nada importante, en lugar de construir la vida de tus sueños.

Con el paso del tiempo me fue decepcionando la Lotería de Navidad y ¿sabes qué? este año he decidido, por primera vez en mi vida, no comprar ningún décimo, para no seguir posponiendo mis sueños. Me dirás que cuál es mi sueño, pues bien, siempre ha sido conocer Italia, pues mi abuelo vivió allí cuando era joven y siempre me cuenta que comenzó a ganarse la vida en este país, donde conoció a mi abuela y pasó sus años más felices, así que he decidido hacer lo mismo que él. He encontrado un alojamiento barato en Sicilia y cuando llegue buscaré trabajo en alguna tienda o cafetería y aprovecharé para aprender el idioma y así poder aspirar a un trabajo relacionado con la carrera que he estudiado. Estoy deseando emprender esta aventura y poder recorrer cada rincón de mi país favorito y ¿por qué no? pasar allí una larga temporada, como hizo mi querido abuelo.

Así que de verdad te lo digo, si tienes un sueño no esperes a que una circunstancia casual como la lotería cambie tu destino y persigue ahora mismo tu sueño hasta que consigas hacerlo realidad. Si esperas toda tu vida a que te toque el gordo o a que la suerte llame a tu puerta, ya puedes esperar sentado cada Navidad delante del televisor viendo cómo gente desconocida salta de alegría, descorcha una botella de champán y hace realidad sus sueños mientras tú sigues frustrado con tu vida, pensando que no puedes hacer nada para cambiarla.

Si quieres algo en la vida, haz como yo, no te rindas y ve a por ello, ése será tu mayor premio. Puede que no puedas comprarte una mansión, ni dar la vuelta al mundo o adquirir el yate de tus sueños, no hace falta que pienses en grandes lujos inalcanzables para construir la vida de tus sueños. Eres millonario y no lo sabes, porque buscas tu felicidad en el lugar equivocado y ningún premio de la lotería tiene el valor suficiente para proporcionarte la vida que deseas, sólo tú, así que no dejes tu vida en manos del azar y conviértete en el creador de todos y cada uno de tus sueños.

En realidad no se trata de que no juegues a la lotería, hazlo si quieres, pero no olvides que tu felicidad no está dentro de un bombo que da vueltas, tu felicidad depende de ti y está en tus manos, por eso no puedes poner tus sueños a jugar, porque los sueños están para cumplirlos, no para jugar con ellos. Con eso, tendrás siempre el premio garantizado.

El secreto está en sentirte ganador de la lotería y convertirlo en una actitud ante la vida, que significa que puedes hacer realidad cualquier cosa que desees, sin existir ningún límite. Los límites los ponemos nosotros y son los que hacen imposible la materialización de cualquier sueño, así que elimínalos y comienza a comportarte como ganador. Mira a tu alrededor y presta atención. Si tienes buena salud, fuerzas para salir adelante, estás rodeado de personas que te quieren y cada día sigues llenando tu corazón con nuevos sueños, no lo dudes, ya te ha tocado la lotería.