jueves, 25 de diciembre de 2014

REFLEXIÓN DE FINAL Y COMIENZO

Éstas son las primeras líneas que escribo desde hace dos meses, porque sentía que no tenía nada relevante que compartir contigo, sin embargo, ahora que se acerca el final del año y el comienzo de uno nuevo, me gustaría contarte algo que me ha sucedido hace unos días, que me ha hecho pensar en la soledad del ser humano.

Hace unos años tenía un grupo de amigos en el gimnasio al que acudía después de mi jornada laboral. Eran tiempos felices en los que todos nosotros teníamos puestos de trabajo estables y la vida nos iba más o menos bien, sin grandes complicaciones. Cada tarde solía acudir a ese pequeño gimnasio de barrio, donde no había demasiados aparatos, ni unas instalaciones excepcionales, sin embargo, lo mejor de allí era la gente. El buen ambiente reinante y la confianza con la que nos tratábamos, me hacían sentir parte de una gran familia. Solíamos compartir risas y confidencias y cada noche, cuando regresaba a mi casa después de pasar allí un par de horas, me sentía más feliz y preparada para afrontar la jornada laboral del día siguiente.

Han pasado varios años y cada uno de nosotros, por una u otra circunstancia dejamos de acudir a ese gimnasio y con el paso del tiempo, también dejamos de vernos a diario, como suele suceder en la vida. Sin embargo, la mayoría hemos seguido en contacto. En estos últimos cinco años se han producido grandes transformaciones en nuestra vida y todos los que acudíamos a ese pequeño lugar a ponernos en forma, hemos visto cómo nuestros puestos de trabajo estables, ganados con el sudor de la frente y muchas horas de esfuerzo y dedicación, se convertían en despidos improcedentes o veíamos cómo nuestros negocios se hundían con la crisis, convirtiendo en añicos nuestros sueños y nuestra carrera profesional. Casi todos hemos visto cómo la ilusión de mantener un hogar comprado con mucho trabajo y una gran hipoteca, corría la posibilidad de engrosar la lista de pisos con los que se queda el banco. Algunos de mis amigos incluso han sufrido rupturas matrimoniales o graves enfermedades, porque una cosa lleva a la otra y al final hemos visto desaparecer ante nuestros ojos aquella época feliz en la que creíamos que ya teníamos encarrilada  nuestra vida y todo aquello ha pasado a formar parte del recuerdo de un momento maravilloso que existió en algún lugar en el tiempo y que hoy es cada vez más lejano.

Hace unos días, uno de estos amigos del gimnasio me envió un mensaje que me tocó el corazón y me hizo reflexionar, en él me decía: "me siento solo y no hago otra cosa más que trabajar para intentar salir adelante". Entonces me di cuenta que a pesar de que vivimos rodeados de tecnología y pensamos que tenemos 200 amigos en Facebook y la posibilidad de poder comunicarnos con cualquier persona de cualquier rincón del mundo en este mismo instante, en realidad, los seres humanos nos sentimos solos, padecemos una gran soledad y yo misma he tenido esa sensación muchas veces en estos últimos años porque realmente, cuando tu vida atraviesa un momento complicado y sientes que tu futuro es incierto, no te apetece que te pregunten constantemente por tu situación. Entonces creas tu propia isla de soledad y te instalas en ella, creando un mundo aparte donde nadie puede volver a hacerte daño y convirtiéndolo en tu zona de confort.

No existe una solución para combatir la soledad que a todos nos habita en algún momento de nuestra existencia. Pero podemos darle la vuelta y convertir esta soledad en algo positivo, porque en realidad es parte de la vida de cada ser humano y como tal debemos aprender a conquistar nuestra propia soledad y ser felices en ella, sabiendo que es una etapa necesaria para llegar a conocer nuestra propia fortaleza y nuestra capacidad para hacer frente a las adversidades. Entonces te das cuenta que, a pesar de las dificultades, has podido seguir caminando y has llegado muy lejos y en ese camino no estabas solo, porque has aprendido a conocerte y a entender tu propio lenguaje.

Por otra parte, debemos pensar menos en nuestros propios problemas y mirar más a nuestro alrededor. Aunque creas que no tienes nada que ofrecer, una simple sonrisa tuya puede alegrarle el día a otro ser humano. Si tienes personas que te importan y a las que quieres, más que pensar qué regalo puedes hacerle en estas fechas en las que tendemos a gastar más de la cuenta en cosas innecesarias, piensa en cómo puedes hacer feliz a esa persona y sobre todo ayúdale a que no se sienta sola y para ello debes estar a su lado y apretar su mano cuando lo necesite, respetando el momento personal o profesional que esté atravesando y comprendiéndole, a veces desde el propio silencio, poniéndote en su lugar.

Estoy segura que además, en estos días, recuerdas con mayor intensidad a todas esas personas que ya no están a tu lado, con las que solías compartir navidades felices y sientes una soledad mayor, pero si recuerdas los buenos momentos que has vivido con ellos, esos recuerdos felices reconfortarán tu alma en los inevitables momentos de tristeza que todos tenemos. Son instantes de felicidad que has compartido con tus seres queridos y aunque hayan pasado, son tuyos y siempre permanecerán contigo.

Quizá en estos momentos estás haciendo balance del año que termina y piensas que no ha sucedido nada relevante que merezca ser recordado y esperas que por fin 2015 sea el gran año en el que puedas ver cambios importantes y positivos en tu vida. Pero más allá de lo que nos pueda deparar el nuevo año a cada uno de nosotros, me gustaría finalizar estas líneas diciéndote, que si estás atravesando momentos difíciles, no pienses que tu vida va a ser así siempre, ni tires la toalla dándolo todo por perdido y sobre todo, no dejes de creer en ti ni en tus sueños, es algo que siempre intento transmitir a todas las personas que conozco, porque realmente la posibilidad de éxito de aquello que deseamos lograr en la vida, no depende sólo de nuestras circunstancias, depende en gran medida de nosotros y de la actitud con la que afrontemos nuestra vida y si no crees en ti mismo ni te das una oportunidad para ser feliz, te aseguro que nadie  más te la dará, ni tampoco atraerás las circunstancias apropiadas a tu vida, para lograr aquello que deseas.

Y si estás en un momento de soledad, como nos sucede a cada uno de nosotros cada día, no lo veas como algo negativo. Conquista tu soledad y aprovecha esa situación de encuentro contigo mismo para aprender a aceptarte tal y como eres y para pensar cómo puedes potenciar tus cualidades y poner en marcha aquello que te llene de felicidad. El mejor diálogo que puedas mantener a lo largo de tu vida siempre será contigo mismo y muchas veces no somos felices porque estamos desconectados de nuestro interior y no estamos alineados con nuestro pensamiento, por eso la soledad es tan necesaria como el aire que respiramos. La soledad no es sinónimo de aislamiento, es estar más cerca de ti mismo y tener la certeza, de que, pase lo que pase, siempre podrás seguir adelante.

La vida nos está dando la gran oportunidad de conocer quiénes somos realmente y para qué estamos aquí, así que, si en este momento no tienes trabajo o estás pasando por una situación personal complicada, te invito a que comiences el camino que te lleve hasta tí y para ello es necesario que te lleves bien con tu soledad.

Te deseo que 2015 sea ése año en el que por fin comiences a vivir como realmente deseas y sobre todo, que sigas creyendo en ti y luchando por tus sueños, porque sólo así alcanzarás la verdadera felicidad, ésa que te hace cosquillas en el alma y te hace sonreír sin ningún motivo aparente, haciendo que tu sonrisa ilumine tu corazón y brille tanto como las estrellas que habitan en el universo.


martes, 7 de octubre de 2014

NUBES EN EL HORIZONTE

¿Cuántas veces en tu vida han aparecido nubes en el horizonte? Momentos de incertidumbre, de no ver nada claro, de pensar que no estás viviendo la vida que te gustaría y de no saber qué camino tomar para ver nuevamente el cielo claro y despejado. Otras veces eres plenamente feliz y cuando menos te lo esperas aparecen negros nubarrones que presagian tormenta y te cae un gran chaparrón encima, estropeando aquella felicidad instantánea por la que atravesaba tu vida en ese momento, sin darte tiempo a abrir el paraguas o a encontrar un lugar donde resguardarte. Seguro que mientras estás leyendo estas líneas te preguntarás por qué te hablo hoy de las nubes y lo hago porque me gustaría contarte algo que mi abuela me enseñó cuando era pequeña.

Hace muchos años, cuando no existían los móviles, ni las redes sociales, ni las relaciones virtuales y las personas aún disfrutaban compartiendo su tiempo juntas, a mi hermana y a mí nos encantaba pasar los fines de semana de Otoño con mis abuelos, en una pequeña casa que tenían en el campo, en esa época del año en la que aún hace buen tiempo y puedes disfrutar asando castañas en el patio o dando largos paseos entre los árboles frutales. Por la noche, cuando mi abuelo dejaba de trabajar la tierra nos contaba bellas historias y durante el día pasábamos la mayor parte del tiempo con mi abuela, que era una gran observadora de la naturaleza. 

Nuestro pasatiempo favorito consistía en sentarnos juntas a charlar, mientras contemplábamos el paisaje y el movimiento de las nubes. Ha pasado mucho tiempo, pero no he podido olvidar la sonrisa que siempre iluminaba el rostro de mi abuela, así que mí hermana y yo considerábamos que ella era la persona más feliz que conocíamos. Mi abuela solía decirnos que el único secreto para ser plenamente feliz es conseguir hacer realidad todos tus sueños, algo que yo consideraba imposible, pero mi abuela afirmaba haberlo conseguido, a pesar de que su vida no había estado exenta de dificultades. Solía hablarnos de las nubes y nos contaba que una persona puede tener tantos sueños como nubes hay en el cielo y que debes conseguir mantener viva la ilusión y creer en tu sueño para atraparlo antes de que se te escape, como las nubes, que parecen estáticas pero siempre están en continuo movimiento. Mi abuela pensaba que los problemas, como las nubes, no eran obstáculos, sino oportunidades que llegan a tu vida y permiten que modifiques tus circunstancias, dando lugar a un paisaje nuevo y diferente que tú mismo has creado. 

Mi abuela nos enseñó cómo hacer realidad nuestros sueños y cada tarde nos pedía que cerrásemos los ojos, pensáramos en un deseo y al volver a abrirlos eligiésemos la nube que haría realidad nuestro sueño y antes de que la nube se marchase por el horizonte al final de la tarde, teníamos que pensar en un plan de acción para llevar a cabo nuestro sueño y contárselo a mi abuela, que solía ayudarnos a ponerlo en marcha y así es cómo mi hermana y yo pensábamos que en las nubes se escondía el secreto de nuestra felicidad. 

Una tarde en la que el cielo parecía claro y totalmente despejado, empezó a soplar un viento muy fuerte que trajo consigo grandes nubes que comenzaron a cambiar de color, entonces mi abuela nos dijo que vendrían días de lluvia y tormenta. Mi hermana y yo nos entristecimos pensando que nos aburriríamos sin poder salir a jugar al campo, sin embargo mi abuela nos enseñó a desarrollar nuestra imaginación y aprendimos nuevas formas de entretenernos en aquellos días de tiempo desapacible. Nos sorprendió los días tan felices que pasamos y así fue cómo mi hermana y yo aprendimos a vivir tanto en los días azules de nubes blancas de algodón, como en los días grises y oscuros, en los que el sol se marcha antes de tiempo y sólo hay sombras a tu alrededor, pero si eres valiente y aprendes a vivir en esos momentos de incertidumbre y oscuridad, encontrarás oportunidades que desconocías y así es como mi hermana y yo hemos aceptado con naturalidad y entereza los reveses que muchas veces nos ha traído la vida, desarrollando nuevas formas de resolver los problemas y confiando en que vendrían tiempos mejores y volveríamos a ver nuestros sueños reflejados en nubes blancas de algodón. 

A medida que fui creciendo me dí cuenta que en realidad no son las nubes las que hacen posible tus sueños, sino el creer en ellos y el poner toda tu ilusión en llevarlos a cabo, que es lo que mi abuela nos enseñó en aquellas tardes de Otoño y esto es lo que más me ha servido a lo largo de estos años para no desanimarme ni abandonar nunca ninguna de las metas que me he propuesto conseguir en la vida. 

La mayoría de las personas que no logran aquello que desean, no es porque tengan mala suerte o porque no sepan gestionar su vida, sino porque les falta fe y dejan de creer en su sueño antes de tiempo, haciendo morir la realización de su deseo antes de que vea la luz del sol. A todos nos gustaría vivir entre nubes de algodón y que no existiesen problemas a nuestro alrededor, pero somos cada uno de nosotros quienes debemos gestionar las nubes de nuestra vida y podemos lograr que dibujen nuestros sueños o bien hacer que se desate la tormenta, depende de cada uno de nosotros y no de las circunstancias, el conseguir brillar o ser envueltos por la niebla. 

Lo bonito es que la vida te enseña que después de una gran tormenta, siempre vuelve a salir el sol y entonces te das cuenta de todo lo que has avanzado en tu vida y de lo que has crecido como persona, porque has podido salir adelante en las peores circunstancias y aunque tengas que abrir el paraguas varias veces y haya ocasiones en las que incluso un gran chaparrón llegue a mojarte de los pies a la cabeza, al final la luz del sol vuelve a iluminar tu vida y ese período de lluvias y tormentas es el abono que hace florecer el paisaje de tu vida y te fortalece como persona, ayudándote a conocerte mejor y a darte cuenta que eres más resistente de lo que imaginabas. 

Así que, si alguna vez aparecen nubes en tu horizonte no tengas miedo y busca en ellas las oportunidades que cada día te brinda la vida. Sobre todo, como solía decir mi abuela, sigue creyendo en ti y en tus sueños y pase lo que pase, no los abandones nunca. Te mereces lo mejor y si así lo consideras, llegarás tan alto como las nubes que habitan en el cielo y verás tu vida desde una nueva perspectiva, donde la luz del sol te devolverá su sonrisa y siempre serás el protagonista de tus sueños.


jueves, 24 de julio de 2014

QUÉDATE EN EL PRESENTE

Ayer salí a caminar a última hora de la tarde, cuando el sol de verano comienza a despedirse hasta el día siguiente y las nubes se difuminan suavemente en el horizonte, y como suele sucederme en determinadas ocasiones, me llamó la atención el eslogan de un cartel publicitario situado en la vitrina del escaparate de un banco, donde en grandes letras podía leerse: PARA RESPONDER AL MOMENTO HAY QUE ESTAR EN ESE MOMENTO.

Y tú...¿En qué momento de tu vida estás? Seguro que mientras estás leyendo estas líneas, estás pensando a su vez en todo lo que aún te queda por hacer antes de finalizar el día de hoy y estás centrado en otras cosas que no son las del momento actual. No te engañes, ni siquiera cuando te miras al espejo estás en ese momento, aunque veas tu rostro ahí reflejado. La mayoría de las veces nuestra atención está lejos de lo que nos está sucediendo y eso hace que no seamos plenamente conscientes del momento que estamos viviendo. Esto nos ocurre a todos, hasta el punto de que hemos llegado a asumirlo de manera natural, casi siempre estamos pensando en varias cosas al mismo tiempo y nos anticipamos a lo que va a suceder y eso nos aleja infinitamente de nuestra realidad presente y de las metas que queremos alcanzar en la vida.

Tal vez si reflexionas sobre ello y vuelves a repasar mentalmente todo lo que has hecho en el día de hoy, te darás cuenta que en realidad en casi ningún momento del día has estado viviendo en este instante. Por ejemplo, cuando vas al trabajo por la mañana ¿en qué piensas mientras estás conduciendo? seguro que en lugar de ir centrado al volante tienes tu cabeza dando vueltas a todo lo que tienes que hacer antes de marcharte de vacaciones. 

O dime cuántas veces has estado de viaje en un lugar maravilloso y en vez de disfrutar de cada rincón que descubres a tu paso, has estado capturando con tu cámara cientos de instantáneas para más tarde colgarlas en las redes sociales y mostrarlas a personas que en su mayoría no te conocen o guardarlas en la carpeta de tu ordenador para echarles un vistazo dentro de varios años. Entonces te das cuenta que no saboreaste ese viaje como te hubiera gustado. 

O tal vez te suceda que estás charlando por teléfono con un buen amigo tuyo y en lugar de prestar atención a la conversación que estáis manteniendo, en más de una ocasión has respondido con monosílabos porque estás en modo piloto automático, ojeando una revista al mismo tiempo, mientras piensas qué vas a preparar para cenar o qué ropa te vas a poner mañana, Y eso por no hablar de cuando vas por la calle mirando la pantalla de tu teléfono móvil, en lugar de ver por dónde vas caminando. 

Sea por un motivo o por otro, en casi ningún minuto del día estás presente de manera consciente y al 100% en el momento que estás viviendo y mientras esto sucede, dejas de vivir tu existencia plenamente, dejas pasar oportunidades maravillosas y los mejores momentos de tu vida suceden sin que te enteres, porque simplemente tú no estabas allí. Entonces piensas que los años pasan muy deprisa y que nunca eres feliz, ni vives instantes emocionantes, y.. ¿sabes por qué?  porque estás a miles de kilómetros de distancia de lo que está ocurriendo ahora mismo y en lugar de vivir lo que te corresponde, creas una existencia paralela con aquellos momentos que sólo existen en tu mente y que se terminan convirtiendo en tu realidad presente, porque tú lo has atraído a tu vida. 

Tal vez si te desconectases de todo lo que te rodea y decidieses prestarte atención a ti mismo y ocupar el papel protagonista de tu vida, verías todo con una dimensión diferente y volverías al lugar que te corresponde, ése rincón del universo donde puedes lograr la vida que deseas y hacer realidad todos tus sueños. No se trata de no hacer planes para mañana, pero tu mejor plan será saborear el momento presente, así cada bocado sabrá mejor, verás la vida de otro color y disfrutarás de oportunidades que para otros pasan desapercibidas y de una creciente felicidad que te proporciona el estar aquí y ahora.

Te invito a pararte unos segundos y a regresar a tu presente, el único lugar donde podrás coincidir contigo mismo y vivir tu vida plenamente. Te invito a abrir las ventanas de tu alma en este mismo instante y a observar todo aquello que te rodea, pero no intentes imaginar cómo será el paisaje de mañana, ni tampoco te dejes atrapar por la nostalgia de tu pasado, tan sólo piensa en este instante mágico que ahora mismo te concede el universo. Ése regalo es tuyo, tómalo y vívelo intensamente.

En cada momento de tu vida podrás encontrar el trocito de felicidad que te pertenece y sentirte más cerca de las estrellas y de la luna, pero no olvides que para responder al momento, hay que estar en ese momento y eso sólo podrá suceder cuando decidas estar contigo mismo, en este mismo segundo.

Quédate en el presente, siéntete y observa lo que pasa....





sábado, 3 de mayo de 2014

TODO LO QUE BUSCAS

No sé si a ti te sucede, pero cada vez que emprendo un viaje y descubro nuevos paisajes a través del cristal de la ventana, siento como si me desvinculase temporalmente de todas las preocupaciones que circulan por mi vida y me alejan de mis sueños. Esto me ocurría hace unos días, mientras comenzaba mis vacaciones de Semana Santa y pensaba en el vacío que casi todos sentimos actualmente ante la imposibilidad de encontrar una salida que nos permita vislumbrar un horizonte claro. Entonces me llamó la atención un anuncio que aparecía impreso en una furgoneta que iba delante de mi coche. El anunciante era Páginas Amarillas y el eslogan el siguiente: TODO LO QUE BUSCAS, LO LLEVAMOS DENTRO. Siempre me he fijado en los eslóganes de los anuncios publicitarios porque contienen mensajes que puedes aplicar a tu propia vida, con independencia del producto anunciado y cualesquiera que sean tus circunstancias personales. Esta práctica la llevo realizando desde hace años y siempre me ha dado buenos resultados, sobre todo en épocas en las que mi vida atraviesa por períodos de inestabilidad e incertidumbre.

Hoy en día casi toda la información que necesitamos la obtenemos a través de Internet, pero hace unos años, cuando este medio no existía y nadie podía tan siquiera vislumbrar que algo similar pudiera llegar a nuestra vida y cambiar nuestra forma de obtener información, era indispensable consultar la Guía impresa de Las Páginas Amarillas, éstas te sacaban de más de un apuro y te permitían encontrar todo tipo de información sobre cualquier servicio que pudieras necesitar. Sólo tenías que buscar entre sus páginas y obtenías, para cada resultado, un amplio abanico de posibilidades. Sin embargo, cuando pasamos por una etapa de desorientación en nuestra vida, donde no sabemos qué camino tomar, en lugar de abrir y consultar las páginas de nuestra vida, solemos buscar en el lugar equivocado, bien preguntándole a los demás y haciendo caso a sus consejos, aunque no nos convenzan o bien dando carpetazo al asunto haciendo lo primero que se nos pasa por la cabeza, sin meditar los pasos que debemos seguir y entonces nos perdemos. Tal vez si nos mentalizáramos del hecho de que todo lo que buscamos, ya existe dentro de nosotros, dejaríamos de dar vueltas y trabajaríamos más nuestro interior, donde se encuentra nuestra verdadera Guía, el único lugar donde podemos alcanzar un conocimiento profundo de nosotros mismos y obtener la respuesta que necesitamos ante cualquier circunstancia por la que atraviese nuestra vida.

Todos en algún momento de nuestra existencia, nos encontramos inmersos en una búsqueda de un sentido profundo de nuestra vida, en el que queremos saber por qué pasamos repetidamente por experiencias que terminan truncando nuestros sueños y hacen que nos quedemos a las puertas de aquello que anhelábamos conseguir, generando una gran inseguridad que hace tambalear nuestro presente. Durante mi viaje pensaba en todo esto y en el hecho de que casi siempre consideramos que aquellas personas a las que les acompaña el éxito tienen cualidades o cuentan con recursos  de los que nosotros carecemos. Sin embargo, al leer esta frase, me di cuenta, que quizá, el secreto del éxito de las personas que triunfan en la vida es que saben que todo aquello que necesitan para alcanzar el éxito, forma parte de ellos desde su nacimiento y sólo es cuestión de potenciarlo a través de un conocimiento profundo de sí mismos y sacarlo a la luz, lo cuál consiguen fomentando la confianza en sí mismos, considerándose únicos y sabiendo venderse, porque se aceptan tal y como son y jamás dudan de sus capacidades. Están seguros de que llegarán y su persistencia les hace alcanzar el éxito, que no es otro que las metas que se habían propuesto. 

Todos contamos con los ingredientes necesarios para sentirnos felices y sin embargo no lo somos. Por eso, es importante que revises las creencias que tienes sobre tu propia persona.  Me gustaría saber cómo te ves a ti mismo,  ¿cuáles son tus valores personales?. Seguro que tienes muchas más aptitudes positivas de las que imaginas y sin embargo no lo sabes, porque con cada palo que la vida te da, bajas un nuevo escalón en tu autoestima y amplías las dudas que tienes sobre tu persona. Imagínate que vas a aparecer anunciado en las Páginas Amarillas, ¿cómo te venderías? ¿qué cualidades resaltarías?. Haz la prueba y escribe en un papel todo lo que piensas de ti, destacando tus virtudes y cualidades positivas y considerando también tus puntos débiles o aquello que debes mejorar, como si fueras un producto y estuvieras vendiéndote en un mercado donde existe una competencia feroz. Para anunciar un producto en el mercado, se suele realizar un análisis de sus Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades, con el fin de ofrecer un eje de comunicación coherente. El DAFO ayuda a plantearnos las acciones que deberíamos poner en marcha para aprovechar las oportunidades detectadas y eliminar o prepararnos contra las amenazas, teniendo conciencia de nuestras debilidades y fortalezas. Al tratarse de un anuncio sobre ti, debes tener un conocimiento profundo de tí mismo, realizando un análisis interno que te permita plasmar tus fortalezas. Inteligencia, lealtad, generosidad, valor...todo aquello que piensas de ti, así como aquellas cualidades de las que crees que careces, existen ya dentro de ti y eres tu quien debe decidir cómo quiere posicionarse en la vida, porque depende de ti, no de lo que te suceda, por este motivo nuestra mayor amenaza solemos ser nosotros mismos. Seguro que encuentras dentro de ti más valores positivos de los que imaginabas. Las oportunidades son aquellos factores positivos que se generan en el entorno y que, una vez identificados, pueden ser aprovechados para mejorar nuestro posicionamiento, por lo que también debes realizar un análisis externo del mundo que te rodea, para sacar más partido a los medios con los que cuentas. También debes tener en cuenta tus debilidades, para trabajar sobre ellas y no resaltarlas, error que sí solemos cometer en nuestra vida cotidiana. La mayoría de las veces sólo vemos nuestros defectos y no sacamos partido a nuestras virtudes, de tal forma que nos posicionamos en el lugar equivocado y que menos deseamos en la vida. Todos tenemos puntos débiles, no vamos a negarlo, pero éstos se pueden minimizar aprovechando nuestras oportunidades y potenciando nuestros puntos fuertes, es decir aquellas habilidades positivas con las que contamos desde nuestro nacimiento o que hemos ido adquiriendo a través del aprendizaje.

Así que, si algún día te encuentras desorientado y no sabes qué camino debes recorrer para encontrar la felicidad verdadera, piensa que el punto de partida no comienza dejando atrás el paisaje que aparece tras el cristal de tu ventana mientras esperas la llegada a un nuevo destino. El punto de partida y la respuesta a todo lo que buscas, vive dentro de ti, así que cualquier búsqueda que desees emprender comienza siempre con un viaje a tu interior y sólo cuando alcances un conocimiento profundo de tu propia persona, encontrarás la Guía para alcanzar aquello que anhelas en la vida, en ese rincón del universo que tú has elegido.

La felicidad que buscas, ya vive dentro de ti, como también viven tus sueños, sólo debes encontrarte y abrazarte a ellos. Si te preguntas dónde debes dirigirte para alcanzarlos y ves tu alma reflejada en el espejo de la luna,  ya tienes la respuesta que necesitabas porque, todo lo que buscas, lo llevamos dentro.

domingo, 13 de abril de 2014

VOLVER A EMPEZAR

Cuando era pequeña me encantaba leer mis cuentos favoritos una y otra vez, nunca me cansaba de volver a empezar la misma historia cuyo final conocía de memoria.  Ya sabía que el Príncipe se casaba con la Cenicienta, que La Bella Durmiente era despertada de su eterno sueño por un beso, que Pinocho se convertía en un niño de verdad cuando dejaba de decir mentiras o que Caperucita Roja conseguía escapar del temible lobo feroz, pero, cada vez que volvía a sumergirme en estas historias que forman parte de la infancia de cualquier niño, sentía la misma emoción que la primera vez que mis padres me contaron estos cuentos antes de ir a dormir, cuando era tan pequeña que aún no sabía leer. 

Volver a empezar es algo que sucede con frecuencia en la vida de un niño, como cada vez que construías un castillo en la arena de la playa, tras haber sido destruido por una ola traicionera.  Y con la llegada del Otoño, llegaba un nuevo volver a empezar en las aulas, con el comienzo del nuevo curso, vuelta al cole y a las rutinas escolares, a momentos buenos y a veces no tan buenos cuando eras la persona menos popular de la clase y tus compañeros se reían de ti, pero en definitiva, sentías la fuerza necesaria para volver a empezar en cualquier faceta de tu vida, incluso si tu padre era trasladado por su empresa a otra ciudad y tenias que comenzar de cero en un nuevo colegio, con nuevos amigos y en una ciudad desconocida. Tu página en blanco siempre permanecía abierta y preparada para volver a empezar un nuevo capítulo de tu vida, que tú escribías emocionado en cada nuevo párrafo.

Sin embargo, a medida que nos vamos haciendo mayores, nos damos cuenta que, en realidad, no estamos preparados para tener que volver a empezar, sobre todo, si ese comienzo es forzoso, inesperado y está lleno de incertidumbre. Seguro que mientras lees esto, recuerdas ese momento en el que has sido despedido de tu empresa, después de tantos años de experiencia en un lugar que considerabas tu segundo hogar, donde eras un profesional valorado y con una trayectoria consolidada. Seguro que conoces a alguien, o tal vez te ha sucedido a ti mismo, que ha pasado de tener una vida familiar estable y aparentemente feliz a encontrarse divorciado, sin poder llegar a final de mes  y con pocas posibilidades de recuperar su antigua vida o de pasar más tiempo con sus hijos. Y...¿qué me dices de esas parejas que llevan juntas toda su vida y de repente una de ellas fallece o te deja por otra persona? Te sientes totalmente perdido, sin fuerza vital para comenzar un nuevo recorrido y lo mismo sucede cuando pierdes a un hijo, tu mundo se derrumba por completo. Y si miramos a nuestro alrededor, todos tenemos amigos o familiares que han sufrido graves accidentes de tráfico y han tenido que volver a empezar su vida con una grave minusvalía y lo mismo sucede cuando tienes que afrontar tu diario caminar tras sufrir una grave enfermedad que ha dañado tu estado de ánimo. Y aún sin la necesidad de que ocurran grandes desgracias en nuestra vida, volver a empezar siempre resulta una tarea ardua y difícil, porque te aferras a un pasado feliz, pleno y estable, que en tu horizonte presente parece inexistente y no todos somos de naturaleza optimista cuando los problemas crecen a nuestro alrededor y no vemos luz al final del túnel.

Esta tarde pensaba en todo esto mientras observaba a un grupo de jóvenes jugando una partida de bolos en un parque. Lanzas la bola con energía y los bolos fuertemente golpeados caen al suelo y si no queda ninguno en pie, entonces ganas la partida. Pero en la vida sucede justamente lo contrario. Los problemas te golpean a veces con tanta dureza, que te hacen perder el equilibrio  y entonces tu autoestima desciende a su nivel más bajo. Sientes que no tienes fuerza para levantarte y volver a empezar. Sin embargo, la propia naturaleza del ser humano te hace descubrir que, precisamente, gracias a que la vida te golpea más de lo esperado, aprendes a hacerte más resistente y a usar recursos que pensabas que no tenías y que en otras circunstancias hubieran permanecido dormidos. Aprendes a conocerte mejor a ti mismo, convirtiéndote en un "bolo" que no se cae en la primera embestida que sufre con el siguiente problema que la vida le plantee y el hacerte más fuerte, obra el milagro de hacerte creer más en ti mismo.
Cuando todo va bien en tu vida, te dejas llevar por un falso equilibrio y sólo ves lo que tienes delante, piensas que todo permanecerá tal y como está en ese momento y que tu estabilidad va a perdurar en el tiempo. Crees que siempre estarás jugando la misma partida en el mismo terreno de juego, porque estás tan inmerso en tu rutina, que parece que cada nuevo día es una continuación del anterior y así, el día que la vida decide jugar a los bolos contigo y te golpea con fuerza, te pilla desprevenido y te quedas aturdido, sin saber cómo reaccionar. No eres consciente de que toda tu vida es un volver a empezar continuo, desde que te levantas cada mañana y así es cómo deberías considerarlo, de esta manera encontrarías los estímulos necesarios para llenar la página en blanco de ese día de tu vida, con energías renovadas y optimismo, porque todo está por hacer.
Todos hemos tenido que volver a empezar a lo largo de nuestra vida, no una, sino varias veces y reconozco que no es fácil, sobre todo cuando ya conoces el terreno de juego que pisas y de repente debes sortear los obstáculos que aparecen en un nuevo y desconocido escenario. Pero el mundo, tal y como lo conocíamos ha dejado de existir. Ya no existe un "para siempre" en ninguna faceta de nuestra vida y debes aprender a jugar en terrenos de incertidumbre, donde existen varias incógnitas y no sabes de antemano cuál será el resultado final, algo que sí sucedía en los cuentos que leías en tu infancia, donde tenías la certeza de que todos serían felices y comerían perdices. Pero no pienses que tu vida tiene más incertidumbre que la de los demás o que las cosas te van peor que a nadie, porque cualquier persona que puedas pensar que tiene una vida feliz y un trabajo estable, se enfrenta hoy en día a la misma situación de duda que cualquier otro, porque hoy nada es seguro para nadie y es precisamente esta inseguridad la que puedes convertir en una gran ventaja, al saber que nada está determinado y que puedes construir tu presente día a día con lo que pienses y hagas en este momento, porque eso determinará tu mañana. Con el paso del tiempo me di cuenta que mis cuentos favoritos no eran los tradicionales con un planteamiento lineal y un sólo final, sino aquellos con giros argumentales en los que tenías la posibilidad de elegir diferentes finales y así cada volver a empezar se convertía en una nueva aventura y en un momento único.

Antes de volver a empezar, debes saber qué esperas realmente de la vida y de ti mismo y cómo te gustaría vivir. Deja de ponerte excusas y piensa por un momento: ¿cómo te ves ahora mismo? ¿dónde te ves dentro de unos años? seguro que la mayor parte del tiempo tienes pensamientos negativos e incrédulos sobre ti mismo y piensas que no podrás salir adelante o que no darás la talla y esto es lo que te aleja realmente de la vida de tus sueños, no tu situación actual. Piénsalo porque así es como sucede.
 
Hoy tienes la posibilidad de descubrir quién eres realmente y de volver a empezar cómo tu decidas y aunque no puedas cambiar tu situación actual, sí puedes cambiar la percepción que tienes de ti mismo, renovar tu creencia en tu propia persona y quererte tal y como eres y así siempre estarás preparado para volver a empezar en cualquier escenario que la vida te presente. Puede que a veces no sepas por dónde volver a empezar, pero sí sabes por dónde NO quieres volver a empezar y eso hará que, tarde o temprano, encuentres tu lugar en el mundo.
Si desde hace cientos de miles de años el sol vuelve a empezar cada día su recorrido por cada rincón de la tierra e ilumina con su calor la vida de cada ser humano, también tú puedes volver a empezar una nueva vida y acercarte al camino de tus sueños, de la misma manera que cada primavera las flores se abren otra vez a la vida e inundan el ambiente con su  cálido perfume. Y aunque a veces sientas morir tus ilusiones, con cada pérdida que la vida te depara, se produce la magia de un nuevo nacimiento, una nueva fuerza nace en ti y te das cuenta, que en realidad lo mejor de tu vida ha comenzado cuando has vuelto a empezar y has alcanzado la posibilidad de conocerte a ti mismo y de vivir la vida de tus sueños.

 

 

 

domingo, 16 de febrero de 2014

LA FECHA DE CADUCIDAD DE LA FELICIDAD

Hace unos días mientras hacía la compra, le daba vueltas a un comentario que me había hecho un amigo recientemente: "¿Sabes cuál es mi problema? Mi problema es que no soy feliz" y con esta afirmación resumía lo que para él significa su día a día. Mientras pensaba en esta frase, revisaba la fecha de caducidad de cada producto que iba metiendo en mi cesta de la compra y entonces pensé que tal vez el problema de la felicidad es que su fecha de caducidad es casi instantánea y apenas estamos saboreando un momento feliz en nuestra vida, cuando ya se ha terminado. Sin embargo sentimientos como la tristeza, la apatía y el desánimo se comportan como productos no perecederos, pues parecen prolongarse indefinidamente en nuestra vida hasta convertirse en el ingrediente principal de nuestro quehacer cotidiano. Quizás puedas pensar que la vida es un engaño y que algo estamos haciendo mal cuando no somos capaces de mantenernos felices durante mucho tiempo y sin embargo podemos pasar largas temporadas en estado de depresión. Lo cierto es que deberíamos intentar prolongar la fecha de caducidad de la felicidad, pero ¿cómo conseguirlo?.

A veces sucede que encuentras en tu nevera un producto que está a punto de caducar y no tienes más remedio que consumirlo, aunque inicialmente tenías previsto comer otra cosa ése día, así que al final cambias tu decisión y terminas cocinando lo que está a punto de estropearse, aun cuando no te apetece, sólo por no tirarlo. Esto mismo sucede en nuestra vida diaria cada vez que hacemos cosas que no deseamos, sólo porque ya estaban ahí, por obligación o por el qué dirán y esto hace que la fecha de caducidad de nuestra felicidad se precipite.

Y eso por no decir lo mucho que nos preocupa pensar si nos sentará mal comernos un producto ya caducado, aun sin haberlo probado. Es mejor que no le des más vueltas a lo que pueda pasar y lo tires, porque otra cosa que intoxica y hace caducar tu felicidad es preocuparte por cosas que aún no han sucedido en tu vida pero temes, impidiéndote vivir el momento presente.

No sé si a ti te ocurre, pero a mí me sucede que casi todas las semanas compro los mismos productos, que suelo reponer cuando se terminan y por este motivo, casi siempre hago la lista de la compra rápidamente, porque me la sé de memoria. Bien es cierto que en la cocina cuando te acostumbras a hacer lo que ya sabes que te funciona, dejas apartado la posibilidad de preparar nuevas recetas, porque prefieres seguir en la monotonía conocida, que arriesgarte  a probar algo que tal vez no te va a gustar o no te va a salir bien. La rutina es uno de los mayores enemigos de la felicidad y hace que su fecha de caducidad se acelere. Así, cuando estás pasando por una situación de monotonía en la que todos los días te parecen iguales, si añades nuevos ingredientes a tu vida puedes alcanzar nuevos estados de felicidad que desconocías, pero debes atreverte. No hagas siempre lo mismo y cambia algo. Por muy insignificante que pueda parecer una pequeña modificación en tu vida, siempre constituirá un gran empuje y te ayudará a prolongar la fecha de caducidad de tu felicidad.
 
Tampoco debemos olvidar esos momentos en los que paseamos por un centro comercial y llenamos nuestro carro con nuevos artículos de los que nos hemos encaprichado, pero una vez adquiridos, nos damos cuenta que éstos no han producido en nuestra vida el cambio que esperábamos y entonces nos sentimos más insatisfechos e infelices que antes, porque vemos cómo esa "adquisición" no ha conseguido llenar nuestras expectativas y en realidad nos aleja aún más de la felicidad. De nuevo entra en juego la fecha de caducidad, porque aquello que no forma parte de nuestra vida y tanto deseamos, ya sea una experiencia, una persona o un objeto, nos deja de interesar en cuanto pasa a formar parte de nuestra vida y así vamos atesorando instantes de felicidad caducados que nos producen más monotonía y aburrimiento.

Otras veces compramos productos que tienen una fecha de caducidad muy tardía, los guardamos en un armario y nos olvidamos de ellos, pensando que ya los consumiremos más adelante y al cabo del tiempo nos damos cuenta que han caducado. Esto mismo nos ocurre cuando posponemos lo que deseamos hacer para más adelante, pensando que tendremos tiempo y entonces las circunstancias de tu vida cambian y nunca puedes llevarlo a cabo y te pierdes el momento en el que había sido posible hacerlo, volviendo a caducar una vez más tu posibilidad de felicidad presente.

Y si la felicidad tiene fecha de caducidad ¿qué ocurre con los seres humanos? porque nuestra fecha de caducidad no se produce exclusivamente al morir, se produce cuando nos quedamos paralizados y perdemos las ilusiones, las ganas de seguir adelante y la capacidad para reinventarnos a nosotros mismos. Nuestra fecha de caducidad es un pasaporte hacia ninguna parte, hacia aquel lugar donde no te gustaría viajar, pero en el que has estado demasiadas veces.

Nuestra vida está formada por esos momentos de espera que vivimos resignadamente pensando que cuando terminen llegará la verdadera felicidad y es justo en ese instante cuando nuestra felicidad caduca, porque ya no aprovechas el presente, que  aparece en tu vida como un momento único e irrepetible para ser feliz. Por eso no dejes nunca de tener una ilusión o de luchar por un sueño. Un sueño no tiene por qué ser una meta inalcanzable y alejada de la realidad. No pienses en aspiraciones imposibles y dime tan sólo qué te gustaría hacer hoy, piénsalo detenidamente, porque aquello que desees hoy se convertirá en la materialización de tu sueño y en la posibilidad de tu felicidad presente, la única que tenemos. No te engañes a ti mismo pensando que lo mejor está por llegar, porque lo mejor es lo que tienes ahora y de ti depende el que así sea.

Así que, si alguna vez piensas que tu problema es que no eres feliz, tal vez el secreto está en saber aceptar que todo en la vida tiene un principio y un final y que para todo existe una fecha de caducidad. Algunos periodos de tu vida serán de gran tristeza y otros de gran felicidad, por eso debes vivir intensamente aquellos momentos en los que la felicidad llame a tu puerta e intentar prolongar la fecha de caducidad de ese instante y cuando estés triste o desanimado, el recordar los momentos felices que has vivido te ayudará a vencer los paisajes de dificultad por los que a veces la vida te hace caminar.

¿Cuánto quieres que dure tu felicidad? Puede que tu felicidad no sea eterna ni dure para siempre, pero de ti depende su fecha de caducidad.

 

martes, 4 de febrero de 2014

EL ROMPECABEZAS

Cuando era pequeña sentía cierta fascinación por los rompecabezas. Admiraba el modo en el que una figura podía ser obtenida a partir de piezas aparentemente inconexas entre sí que por sí solas parecían no tener ningún significado y que unidas formaban un todo. Recuerdo la frustración que sentía cuando no conseguía encajar todas las piezas y, en contrapartida, la gran satisfacción al contemplar la obra terminada.

Cuando el rompecabezas está sin resolver se produce en nosotros la duda. Cada pieza representa la incertidumbre, porque por sí sola no significa nada para nosotros y queremos encajarla cuanto antes para ver el rompecabezas terminado y aunque a veces el resultado sea diferente al que esperábamos, el sólo hecho de contemplar algo que reconocemos fácilmente, nos produce tranquilidad, estabilidad y nos hace entrar en la zona de confort, lo conocido. Lo mismo sucede con nuestra vida cotidiana, a menudo queremos dar estabilidad a nuestra existencia buscando el encaje perfecto ante situaciones sin resolver y entonces nos precipitamos y encajamos las piezas equivocadamente, obteniendo un resultado diferente al esperado y dando lugar a un nuevo rompecabezas que nos aleja de nuestras metas personales. En esos momentos sentimos que nuestra vida no marcha bien y es porque la rapidez con la que desarrollamos nuestra existencia y la falta de conexión con nosotros mismos, hace que consigamos el efecto contrario y que nuestro rompecabezas tenga cada vez más piezas separadas entre sí, cuando la realidad es que cada pieza requiere un tiempo y un espacio para desarrollarse y encontrar su lugar exacto.

La gran mayoría de piezas que conforman nuestro rompecabezas las vamos adquiriendo a lo largo de los años, es por ello que a veces tenemos la sensación de vacío, por aquello que anhelamos conseguir pero aún no ha llegado a nuestra vida. Otras veces sentimos que nos sobran piezas, es decir, situaciones que desearíamos no haber vivido y que preferiríamos olvidar cuanto antes, puede incluso que nos encontremos con piezas duplicadas, exactamente iguales entre sí, porque la vida pone en nuestro camino las mismas experiencias una y otra vez hasta que conseguimos superarlas. Y hay ocasiones en las que deseamos las piezas de los rompecabezas de otras personas, pensando erróneamente que son mejores que las nuestras.

El rompecabezas de nuestra vida está formado por nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. En el pasado está el comienzo, nuestro punto de partida y de referencia, por ello es fundamental conocernos a nosotros mismos, pues nuestro origen forma la primera pieza de nuestro rompecabezas y nuestra educación determinará la posición que adquirirán las demás piezas a lo largo de nuestra vida. El presente es el ahora, nuestro momento y el futuro el resultado, la proyección de nuestro presente. A veces nos pasamos gran parte de nuestra vida viajando a través del tiempo para intentar encajar todas las piezas y en esa búsqueda del encaje perfecto de nuestro rompecabezas nos olvidamos de lo más importante: vivir en el momento presente, aun cuando sólo dure un instante. El presente es el único lugar en el que podemos modificar cada pieza y encontrar la solución a todas las incógnitas de nuestra vida.

Si alguna vez te preguntas cómo puedes resolver el rompecabezas de tu vida, sólo cuando llegues a un conocimiento profundo de ti mismo, te darás cuenta que en realidad no te falta ni te sobra ninguna pieza, ni necesitas pasarte la vida entera intentando encajarlas entre sí. Lo extraordinario de la vida te enseña que todas las piezas que conforman tu rompecabezas son necesarias para tu crecimiento y evolución personal. Y por eso, tu rompecabezas es perfecto.

sábado, 1 de febrero de 2014

LO QUE PERMANECE

Esta tarde mientras paseaba por la Gran Vía he contemplado la belleza de algunos edificios y esculturas que, desafiantes al paso del tiempo, siempre han estado ahí, imponentes y atrayentes, pero a su vez invisibles para casi todos. La mayoría de las veces no apreciamos lo que estamos viendo y es porque miramos, pero no vemos y es justo en ese preciso instante cuando lo importante pasa desapercibido, es decir, aquello que permanece.

Lo que permanece es lo auténtico de las personas, de las cosas, de las situaciones y de los hechos, lo que trasciende a las modas y perdura a través del tiempo. Lo que permanece es como el viento, llega a todos los rincones del universo y habita en el interior de nuestra alma. Nuestros antepasados nos transmitieron su conocimiento de la misma manera que nos enseñaron a usar el fuego, sin embargo aquello que está siempre a nuestro lado es pronto olvidado y centramos nuestra existencia en lo que no permanece y carece de autenticidad.

Hoy quiero invitarte a que descubras la verdadera esencia de lo que permanece y todo aquello que antes era invisible a tus ojos cobrará un nuevo sentido. Encontrarás respuestas a preguntas que antes suponían una incógnita sin resolver en tu vida, descubrirás nuevas oportunidades de negocio donde antes no veías salida, desarrollarás en ti mismo valores de los que pensabas que carecías y redescubrirás personas que siempre han estado a tu lado, pero parecían invisibles a tus sentidos. Cuando valoras lo que permanece, comienzas a mirar tu entorno con un cristal diferente y captas el  significado auténtico de lo que te rodea. Es como cuando paseas por un parque y de pronto descubres un paisaje maravilloso que siempre ha estado ahí y antes no habías sabido ver porque habías cerrado los ojos a lo que permanece.

Los seres humanos nos encontramos en una búsqueda incesante de nuevas experiencias, nuevos amores, nuevas sensaciones y nuevas partes de nuestro ser y nos quedamos ciegos de aquello que permanece y  es así como el más bello edificio, canción, oportunidad o persona se convierten en inexistentes, a pesar de estar aquí ahora presentes. Aparecen y  desaparecen de tu vida para siempre, como si nunca hubieran existido.  Pero más allá de tus circunstancias y de tu momento presente, dentro de ti se encuentra el poder de recuperar el valor de lo que permanece y su verdadera esencia.

Sólo debes escucharte a ti mismo y escuchar el lenguaje del universo y cuando entiendas su verdadero significado, sólo entonces habrás descubierto que lo que permanece forma parte de ti desde el momento de tu nacimiento y siempre caminará contigo, a tu lado y dará sentido a toda tu existencia. Si miras el mundo desde esta perspectiva, alcanzarás una nueva dimensión de la realidad que te rodea y dejarás de buscar tu bienestar en lo efímero y fugaz, porque es en lo que permanece donde se encuentra la llave que abre la puerta que te conduce hacia el camino de la verdadera felicidad.


 

sábado, 25 de enero de 2014

EL ESPEJO Y LA REALIDAD



Uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida fue un espejito que me regaló mi abuela cuando era pequeña. Mi abuela había trabajado en su juventud en una fábrica de espejos y lo consideraba un objeto mágico, porque representa un fiel reflejo de la realidad y solía repetirme que "si quieres saber la verdad sobre algo, el espejo te dará siempre la respuesta adecuada".

Mi abuela me inculcó la necesidad de hablar a diario con el espejo y por eso me regaló aquel maravilloso objeto que ella misma había tallado a mano, en pedrería de diferentes colores. Yo era muy pequeña aún y apenas podía sostener el espejo entre mis manos, pero a partir de aquel día aquel preciado objeto se convirtió en mi joya predilecta y lo llevaba conmigo a todas partes. Junto al espejo, me entregó una carta que leí a toda prisa, sin entender su verdadero significado y ella me dijo que la conservara para leerla con más detenimiento cuando fuera mayor y ella ya no estuviera a mi lado, así que mi madre la guardó cuidadosamente sabiendo que me sería de utilidad en el futuro.

Años después, sucedió que en mi vida comenzaron a fallar varios pilares fundamentales como la salud, el trabajo, los amigos y también por qué no decirlo, era muy poco afortunada en el amor. Yo me sentía muy insegura e incapaz de hacer algo para cambiar lo que sucedía, porque siempre hacía culpable de mi situación a las circunstancias externas. Sin embargo, el día que decidí empezar una nueva vida fue aquel en el que se me cayó al suelo el espejo que me había regalado mi abuela y al recogerlo vi mi imagen reflejada en mil pedazos. Entonces me di cuenta que en realidad, mi abuela quería que mirase más allá del espejo y me centrase en aquello que no puedes ver pero da sentido a toda tu vida y sentí la necesidad de trabajar sobre mi persona para recomponer cada pieza de mi vida que no encajaba. Sabía que no sería tarea fácil, pero era necesario mirar dentro de mi, si quería sentirme bien conmigo misma.

Una de las primeras cosas que hice, fue volver a leer la carta que mi abuela me había entregado junto al espejo y no había vuelto a leer desde que era una niña. Entonces sentí de nuevo aquella emoción indescriptible de la primera vez que sostuve su espejo entre mis manos.

Algunas de las palabras de mi abuela que más me impactaron fueron las siguientes: "Cuando te miras a un espejo, el problema con el que te enfrentas no es la realidad de lo que aparece ante ti, si no la interpretación que tú haces de esa realidad. Da igual que seas fea o guapa, lo importante es cómo te veas a ti misma y cómo interpretes aquello que ves y si quieres que la interpretación sea positiva, debes trabajar tu autoestima. Si te quieres a ti misma, te gustará la imagen que ves reflejada en el espejo, pero si te sientes triste, deprimida y aborreces tu vida, no te gustará lo que aparece reflejado, aunque tu rostro sea el más hermoso del mundo, pues te sentirás una persona desgraciada. La imagen que ves reflejada en el espejo se retroalimenta con aquello que sientes, potenciando los sentimientos que tienes en esos momentos. Si son sentimientos de felicidad verás reflejada esa luz en el espejo y esa luz se trasladará a toda tu vida, pero si son sentimientos de tristeza, todo aquello que aparezca reflejado en el espejo te parecerá gris y falto de vida. Lo mismo sucede en la vida de cada persona. Existe una realidad y la interpretación que hacemos de ella. Lo ideal sería que nos limitásemos a ver la realidad tal  y como es, como aparece en el espejo, pero eso sólo sería posible si no tuviéramos pensamiento propio. Por eso, no te dejes engañar por lo que veas reflejado en el espejo pensando que hay una realidad  única e inamovible que es tal y como aparece ante ti, porque hay otra realidad invisible paralela creada por tu propio pensamiento que hace posible que puedas modificar la imagen real del espejo, dando como resultado la proyección de aquello que tú desees. No olvides trabajar el mundo de lo invisible, donde encontrarás las respuestas que necesitas y sobre todo recuerda que tu felicidad depende de tí".

A partir de aquel día volví a mirarme cada mañana en el espejo y al ver mi imagen reflejada, me preguntaba qué sentía y prestaba atención a los pensamientos que tenía sobre mi persona, trabajando aquellos que no me gustaban y eran negativos y construyendo nuevos pensamientos, hasta llegar a una aceptación de mi propio ser. Entonces vi reflejada aquella mujer que siempre había sido y no había sido capaz de ver, alguien con valor y capaz de dirigir su propia vida hacia el camino de la felicidad. Por fin comenzaba a comprender aquello que mi abuela había intentado enseñarme toda su vida y es que la imagen que aparece reflejada en el espejo depende de tu pensamiento y tú la puedes moldear cada día, convirtiéndola en aquello que tú desees.

Así que, si alguna vez te miras en el espejo de tu vida y éste no te devuelve la imagen que esperabas, tal vez ha llegado el momento de mirar dentro de ti mismo y determinar qué es aquello que no funciona bien y necesitas arreglar para recomponer todas las piezas que conforman tu persona. El pegamento más efectivo para volver a encajar todas tus piezas es quererte y aceptarte a ti mismo. Entonces volverás a ver tu reflejo en el espejo de la misma manera que el sol se refleja en el horizonte cada amanecer y sentirás que una nueva luz nace en tu interior y si miras dentro de ti mismo, siempre encontrarás la respuesta que necesitas. 
  

domingo, 19 de enero de 2014

LUCES Y SOMBRAS

Nuestra vida  se compone de luces y sombras, dos opuestos que no podrían vivir el uno sin el otro;  como la vida y la muerte; la alegría y el dolor; la riqueza y la pobreza; la belleza y la fealdad; la salud y la enfermedad...Cada uno de nosotros podemos decidir cuál de los dos potenciar, sin embargo, cuando perdemos el equilibrio nuestra balanza se desajusta y uno de estos opuestos pesa más que el otro, normalmente el negativo, haciendo que nos colapsemos y seamos incapaces de seguir adelante. No hay una sola persona que no haya pasado por un momento de sombra a lo largo de su vida, incluso aquellas que pensamos que llevan una vida de éxito. Sin embargo, es en la adversidad cuando más crecemos y nos hacemos más fuertes. 
La sombra es el maravilloso lugar donde puedes resguardarte en un día de extremo calor, pero también se puede convertir en tu mayor enemiga cuando la utilizas para ocultarte de la realidad. Y aquí habría que referirse a esos momentos en los que  vives a la sombra de tu propia vida, sin sentirte identificado con nada de lo que te rodea, en lugar de potenciar todas tus cualidades y convertirte en el centro de tu propio universo. Todos atravesamos por circunstancias difíciles a lo largo de nuestra vida que desearíamos eliminar y convertir en inexistentes. A veces olvidamos que la luz se encuentra muy cerca de nosotros y que podemos apretar el interruptor cuando lo deseemos, el problema es que nos hemos acostumbrado a estar a oscuras y la mayor parte del tiempo preferimos seguir instalados cómodamente en ese espacio y que nada ni nadie nos saquen de nuestra sombra conocida.
Una persona se convierte usualmente en aquello que cree que es y también su sombra, que es una prolongación de la propia persona y se nutre y alimenta de ella, por eso hay personas que no se reconocen ni en su propia sombra. Con el paso del tiempo, son estos momentos de sombra los que más valoras en tu vida porque te hacen apreciar cuánto te has superado para dejarlos atrás y para avanzar con paso firme hacia un nuevo horizonte, el lugar donde se encuentra la luz.

Las luces y sombras son las dos caras de una misma moneda y aunque la lances al aire y no sepas cuál te va a salir, lo importante es que estés preparado para vivir cualquiera de las dos circunstancias porque ambas, las luces y sombras, lo positivo y lo negativo, son necesarios para seguir creciendo y para que encuentres tu propio camino en la vida.
No intentes huir de tu sombra porque entonces estarás huyendo de ti mismo. Ni pretendas abandonarla u ocultarte tras ella. Tienes que aprender a vivir con ella. A bailar con ella, a seguir sus movimientos, a lograr una coreografía perfecta. Incluso debes aprender a alimentarla para que no sea más pequeña que tu propio yo. Un hombre no es nada sin su sombra de la misma manera que el sol y la luna se necesitan para seguir existiendo.

Si no reconoces tu sombra, ha llegado el momento de que mires en tu interior, profundamente, allí donde nunca habías llegado y escuches la dialéctica de tu cuerpo y de tu alma. Y en esa búsqueda de tu sombra llega el momento de emprender el maravilloso viaje que siempre habías deseado iniciar y que te ayudará a encontrarte contigo mismo. No tengas miedo de tu sombra, ni mires atrás para ver si te acompaña, tan sólo deja que siga tus pasos y aprende a vivir con ella. Sólo así encontrarás sentido a tu vida y conocerás el verdadero significado de la felicidad. 


sábado, 18 de enero de 2014

¿SABES PONERTE EN EL LUGAR DE LOS DEMÁS?

¿Sabes ponerte en el lugar de los demás? Seguro que te has hecho esta pregunta más de una vez a lo largo de tu vida y siempre has pensado que eres una persona tolerante, que comprende a la gente y sabe ponerse en su lugar, pero lo cierto es que casi todos pensamos que nuestros problemas son los más importantes del mundo, además queremos llevar la razón siempre y nos sienta muy mal que alguien nos lleve la contraria  y difícilmente damos nuestro brazo a torcer, ni siquiera cuando nos equivocamos y así surge la falta de entendimiento. Mi abuelo solía decir que hay que alcanzar un equilibrio entre ponerte en el lugar de los demás y no perder tu propio sitio en la vida y eso es algo realmente complicado, pues a veces ni siquiera sabes cuál es tu lugar en el mundo y te pasas toda tu vida intentando encontrarlo. Me gustaría contarte como aprendí a ser una persona comprensiva y a ponerme en el lugar de los demás.

Cuando era pequeña vivía con mi familia en una ciudad del norte de España donde llovía casi todos los días, así que el paraguas era el complemento indispensable de cualquier persona, cual si fuera una prolongación de tu propio ser.  Hoy en día todos los paraguas son muy parecidos y tienen algo en común, están fabricados con material barato que no te duran más de dos inviernos seguidos,  pero cuando yo era pequeña se cuidaba más la calidad y fabricación y un buen paraguas podía durarte toda la vida y eso por no decir que una persona distinguida siempre llamaba la atención por el diseño de su paraguas.

El paraguas más bonito que he tenido me lo regalaron cuando cumplí 12 años y comencé un nuevo curso en la escuela. Ese año me pusieron una nueva profesora que venía de otro centro educativo. Se llamaba Soledad y era una mujer de mediana edad y de sonrisa amable. Su aspecto era igual al de cualquiera de nuestras madres, sin embargo había algo en ella que me llamó poderosamente la atención, su gesto triste y apagado, como si el sol nunca hubiera formado parte de su vida y hubiera presenciado dos mil días seguidos de lluvia.  En ocasiones cuando estábamos en clase parecía ausente, como si su mente estuviera paseando por los planetas mientras explicaba la lección. Hablaba muy poco y nadie sabía nada sobre su vida. A la hora del recreo nunca salía al patio ni se juntaba con los demás profesores. Solía permanecer en clase seria y pensativa, los niños se reían de ella y le pusieron el mote de "La triste Soledad". En el segundo trimestre Soledad faltó una semana entera a clase y aunque nos pusieron un profesor sustituto, algunos padres se quejaron de su extraño comportamiento y decidieron abrirle un expediente con el fin de cesarla a final de curso.  El día que regresó a clase, nuestra profesora venía con un brazo escayolado y el semblante más abatido que nunca, suponíamos que había tenido un accidente, pero nadie se atrevió a preguntarle y en secreto todos nos reíamos de su miserable aspecto, aunque a mí me daba mucha pena.

Una tarde cuando terminaron las clases comenzó a llover y me di cuenta que había olvidado mi paraguas en casa, así que decidí esperar un rato a que escampara.  Todos mis compañeros y la profesora se habían marchado ya y me quedé sola en el aula. Aquella tarde el cielo parecía querer descargar más lágrimas de la cuenta y no paró de llover ni un solo segundo. Al cabo de media hora decidí marcharme a casa, aunque mi ropa se empapara, pues no quería que mi madre se preocupara y cuando iba saliendo del aula, vi colgado en la percha el paraguas de mi profesora, así que decidí cogerlo prestado. Era un paraguas grande, con el puño en forma de pato y unos dibujos de colores muy alegres que chocaban con la tristeza de su propietaria, pues el estampado de un paraguas suele decir mucho del carácter y temperamento de su dueño, pero no parecía ser éste el caso.

Salí a la calle y abrí el paraguas, me encaminé en dirección a mi casa, pero hacía mucho viento y noté que el paraguas me llevaba en la dirección contraria. Intenté seguir mi camino, pero el viento me impedía seguir adelante, era como si el paraguas quisiera llevarme a otro lugar, así que decidí agarrarme fuerte y dejarme llevar. Y así pasé por un barrio que no había visto antes, también crucé un parque y el paraguas parecía no  querer detenerse, hasta llegar a una calle donde había casas antiguas pintadas de color azul y rodeadas de un pequeño jardín. De repente el viento cesó y el paraguas se detuvo justo delante de la última casa. Vi que había luz en la ventana de la cocina. Me oculté tras un matorral y miré al interior.

Entonces vi a mi profesora sentada en una silla llorando, tapando su rostro con sus manos, mientras un señor que parecía ser su marido le propinaba una sonora bofetada y le amenazaba entre gritos. En cuestión de segundos el marido salió de la cocina, entró en una habitación donde un niño pequeño aguardaba leyendo un cuento y se marchó junto a él dando un fuerte portazo y dejando sola a mi profesora, que parecía una estatua de sal. A partir de aquel instante comprendí a qué se debía su tristeza y me sentí mal por haberme reído de ella en lugar de haber intentado ayudarle. Sin pensarlo dos veces llamé a la puerta. Al verme allí, mi profesora se sorprendió y puso cara de circunstancias pero yo le di un fuerte abrazo, le dije que venía a devolverle su paraguas y ella me invitó a merendar.  Entonces se puso a llorar y me confesó que su marido la maltrataba desde que nació su hijo porque quería que ella dejase su trabajo y había soportado la situación durante mucho tiempo, pero ya no podía más y le había pedido el divorcio y él le amenazaba con llevarse a su hijo, así que tenia que seguir soportando la situación en silencio, pues no tenía más familia en aquella ciudad y tampoco quería dejar su trabajo como profesora.

En esa época la sociedad no estaba tan concienciada con el tema del maltrato y las personas que lo sufrían solían ocultarlo porque pensaban que tenían la culpa de lo que sucedía y se lo merecían o bien por miedo a sufrir rechazo social, así que no es de extrañar que mi profesora estuviera en esa situación y nadie lo supiera. Mi madre es psicóloga, así que invité a Soledad a nuestra casa y todas las tardes mi madre le daba pautas para ayudarle a superar el miedo y el dolor y para mejorar su autoestima. También fuimos a hablar con el director del colegio, le hicimos partícipe de la situación y entre todos los profesores y alumnos decidimos crear una asociación para ayudarla a ella y a otras madres que estaban pasando por lo mismo y que por falta de apoyo no se habían atrevido a poner una denuncia. Y así fue cómo mi profesora se sintió respaldada para denunciar a su marido y separarse de él, iniciando con su hijo una nueva vida. Todos pudimos ser testigos de su evolución y pudimos ver que volvía a ser una persona alegre y feliz, como había sido mucho antes de que la conociéramos. Entonces comprendí que su paraguas colorido encajaba perfectamente con la persona que ella era en realidad, una mujer optimista y vital que volvió a brillar en el aula y pronto se convirtió en la profesora favorita de todos los niños. Y así fue cómo aprendí a ponerme en el lugar de los demás y debo darle las gracias a aquel día de lluvia y al paraguas de mi profesora porque desde entonces he sabido comprender a todas las personas que he conocido y me he convertido en una persona tolerante y compasiva.

A veces en la vida es necesario que cierres tu paraguas para que dejes de ver sólo lo que tienes delante y puedas observar el horizonte de las personas que te rodean y cuando la lluvia moje tu rostro, notarás que hay alguien cerca de ti que te ofrece cobijarte bajo su paraguas. Entonces verás la lluvia caer desde la perspectiva de la persona que te resguarda y así aprenderás lo que es ponerse en el lugar de los demás, sin dejar de ver tu propio punto de vista. Depende de cómo veas la vida y comprendas a aquellos que te rodean, así verás desaparecer un día de lluvia gris y dar paso a un arcoiris multicolor que iluminará tu corazón.



lunes, 13 de enero de 2014

¿VIVES O SOBREVIVES?

¿Alguna vez has sentido que en lugar de vivir estás sobreviviendo? Y con sobrevivir me refiero a que no puedes vivir la vida que te gustaría porque no tienes trabajo, ni medios para salir adelante y estás aguantando como puedes la situación que te ha tocado vivir. Hace unos días me hacía esta pregunta a mí misma mientras pensaba en el cambio radical que ha dado mi vida en los últimos cuatro años. Estoy segura que a ti también te ha pasado o quizá estás atravesando esta situación en estos momentos, por eso me gustaría contarte mi experiencia.

Hubo un tiempo en mi vida en el que parecía haber alcanzado ese estado en el que todo ser humano cree tener todo lo que necesita para ser feliz: una buena salud, un buen trabajo, una hermosa casa y una vida llena de sueños y posibilidades. De repente, el día menos pensado te vas a dormir y cuando te despiertas a la mañana siguiente te das cuenta que tu mundo ha desaparecido y que todo aquello que tenías y con lo que eras, o creías ser feliz,  ha dejado de existir para siempre y te encuentras con el paso cambiado y con las manos completamente vacías.  
¿Alguna vez te ha sucedido esto? A mí...varias veces y quizá esta última ha sido la más prolongada en el tiempo y la que más huella ha dejado en mi persona. Así cuando más confiado te encuentras, ves asomar en la pantalla de tu vida las letras de "partida terminada" y te ves otra vez pulsando el botón de "START" y comenzando una nueva partida desde el principio, por la  "fase cero", la misma donde comenzaste hace años el juego de tu vida y que ya habías superado con buena puntuación cuando eras joven y tenías sueños e ilusiones y ahora, años después y sin terminar de creerlo aún, debes empezar otra partida sin nada de lo que tenías antes. Los premios y recompensas adquiridos han desaparecido y empiezas con "cero puntos" en el marcador,  justo cuando pensabas que te encontrabas en un camino estable, feliz y que lo estabas haciendo bien.  Y ahora te sientes inseguro, vulnerable, golpeado por la vida y comienzas a perder estabilidad y a no saber por dónde tirar. La incertidumbre se apodera de tu vida y tu salud comienza a resentirse. Te sientes incapaz de hacer cosas que antes podías hacer incluso con los ojos cerrados  y sientes miedo, mucho miedo. Comienzas a perder la esperanza y piensas que ya nunca más volverás a tener una vida normal. Todos tus referentes desaparecen. También aquellos a quienes considerabas amigos. Y te encuentras solo ante un mundo cada vez más tecnológico y distante, con el que no te sientes nada identificado.
La vida es un juego, pero no te aferres desesperadamente a una partida porque la partida puede comenzar de nuevo en cualquier momento. No te aferres a una situación, ni a un estatus, ni a una persona, ni a un determinado tipo de vida, porque todo aquello que conocías puede desaparecer en tan solo un segundo y debes aprender a adaptarte a los cambios que se producen en tu vida y tener la fortaleza necesaria para no rendirte y comenzar de nuevo. Puede que no tengas la misma ilusión que tenías al principio y que sientas que tus sueños han sido destruidos, pero no olvides que cuentas con un importante comodín: la experiencia que los años te han proporcionado, sabes cómo manejar determinadas situaciones y hasta dónde puedes llegar y si además conservas la capacidad de creer en ti mismo, verás cómo de un problema difícil nacerá la oportunidad de profundizar en aspectos de tu persona que desconocías y  descubrirás nuevas posibilidades donde antes sólo parecía  haber vacío e incertidumbre.
La crisis actual nos está dando la posibilidad de conocernos mejor a nosotros mismos y no todos los días se tiene una oportunidad así, aprovéchala. A veces la vida te da más tiempo libre del que desearías para que trabajes contigo mismo y desarrolles nuevas capacidades. Si lo ves de esta manera te darás cuenta de lo afortunado que eres. Te puedo asegurar que en este tiempo, a pesar de haber pasado malos momentos, como todos, he aprendido a conocerme mejor a mí misma y también a superar situaciones que antes no sabía cómo manejar. Uno de mis retos más difíciles era el de aprender a ponerme en mi sitio ante determinadas personas y situaciones, obstáculo que seguía en mi camino y con el que seguía tropezando por tiempo indefinido y a fuerza de pasar tiempo conmigo misma y de conocer mis fortalezas y debilidades y trabajar sobre ellas, he desarrollado la habilidad necesaria para poder hacerlo y cuando he mirado atrás he pensado en lo positiva que ha sido esta experiencia de largo tiempo en desempleo para ayudarme a crecer como persona, porque los problemas son la llave que nos abren la puerta del lugar dónde realmente queremos estar en la vida y si no existieran seguiríamos siempre en el mismo sitio, dando vueltas como las moscas y sin llegar al lugar que nos corresponde.
A veces le prestamos demasiada atención a cosas banales, vivimos inconscientemente, sin darnos cuenta de lo realmente importante y sólo cuando la vida nos sacude y nos saca de nuestra zona de confort nos damos cuenta que en realidad la vida que estábamos viviendo nos hacía infelices y que ahora es cuándo hemos descubierto quiénes somos realmente y dónde se encuentra el camino que queremos recorrer, aquél donde queremos que comience "el primer día del resto de nuestra vida".
Así que, si alguna vez la vida te pone en la tesitura de tener que "sobrevivir" en una situación determinada, recuerda que sobrevivir significa "seguir vivo" y que a partir de una experiencia difícil tendrás la oportunidad de fortalecerte, crecer como persona y comenzar a vivir plenamente, porque descubrirás el nuevo ser humano que ha nacido en ti y así surgirá en ti la victoria y la posibilidad de hacer tus sueños realidad con cada nuevo amanecer.  
No me gustaría finalizar la historia de mi vida sin antes decirte que no tengas miedo de apretar el botón de "start" cuantas veces sea necesario, porque la partida es tuya y siempre serás protagonista y vencedor en el juego de tu vida. Así que ánimo y adelante. Tú puedes conseguir todo aquello que te propongas y para ello debes creer en ti mismo y confiar en tus posibilidades, que son infinitas.