sábado, 28 de diciembre de 2013

EL TRAJE A MEDIDA

¿Sabes cuando comenzó a cambiar mi vida realmente? El día en el que estrené mi primer traje a medida. Hasta entonces todo lo que habitaba en mi persona era demasiado grande o demasiado pequeño y no sólo en lo que se refiere a mi vestuario, esto abarcaba a mi vida entera. En mi trabajo era un contable más, sin perspectivas de ascenso, yo sabía que podía progresar pero me sentía incapaz de hacerlo y en mi vida personal cada paso que daba era torpe, indeciso, sin personalidad y falto de acierto.

Si quieres saber por qué dejaba tan poca  huella en la mayoría de las personas no tengo respuesta a esa pregunta porque ni siquiera me conocía a mí mismo. Sólo sé que cuando iba por la calle mis amigos me evitaban y casi siempre caminaba pegado a las paredes o me hacía el distraído cuando me encontraba a algún conocido para no tener que saludarle y contarle lo evidente, que mi vida no caminaba por donde yo deseaba. Tal vez el problema sea que desde que somos pequeños nos venden una falsa idea del éxito alejada de la realidad y si tus expectativas no se cumplen, entonces sientes que eres un fracasado y que  nada parece estar hecho a tu medida. En definitiva, sientes que no encajas.

Un día cualquiera de un mes cualquiera, me encontré frente al escaparate de una elegante tienda de trajes de caballero y mis ojos se detuvieron ante una chaqueta azul de acabado impecable, cuyas medidas encajaban perfectamente en la silueta del maniquí que me observaba fijamente tras el otro lado del cristal. Seguí explorando la tienda y me fijé en un cartel cuidadosamente escrito con letra de imprenta, que rezaba "Se  hacen trajes a medida" e inmediatamente sentí un impulso incontrolable, una fuerza  invisible que me arrastró al interior del establecimiento y me situó frente a un agradable dependiente, vestido con amable sonrisa y de educación exquisita, que en tan sólo un abrir y cerrar de ojos me recomendó el color y  el tejido más adecuado y me tomó las medidas, así que casi sin darme cuenta había realizado el pedido de mi primer traje a medida. En dos semanas estaría listo. Guardé el resguardo en mi bolsillo y me marché sin creerme aún mi atrevimiento.
 
Las dos semanas siguientes me las pasé nervioso e ilusionado, imaginando el resultado final de mi nuevo traje y haciéndole espacio en mi armario mientras ordenaba mi ropa y observaba los cuatro trajes que tenía, dos me quedaban demasiado estrechos y de los otros dos me sobraban varias tallas, pero aún así yo los seguía usando cada día. Y allí colgados en su percha, mis trajes parecían decirme que mi vida no les pertenecía y que en realidad había nacido para llevar un traje a medida.
 
Por fin llegó el gran día, el día de recoger mi traje a medida. Era sábado. Me levanté temprano, me puse lo primero que encontré en el armario y me encaminé a la tienda tranquilo y confiado, con un talante diferente. Las calles parecían abrirse a mi paso y el miedo desapareció de mi rostro y en su lugar, una sonrisa triunfadora se convirtió en mi mejor carta de presentación. Cuando llegué a la tienda el dependiente parecía estar esperándome, pues ya tenía mi traje preparado, inmaculadamente colocado sobre una percha encima del mostrador. Fui al probador y en cuanto me puse el traje me sentí diferente. Encajaba a la perfección en mi silueta, me quedaba como un guante. Sentía flexibilidad, comodidad y también mucha seguridad en mí mismo.  Dejé lo que llevaba puesto en el probador, pagué mi pedido y sin pensarlo dos veces salí de la tienda impecablemente vestido con mi recién estrenado traje a medida.
 
A partir de aquel día adquirí una nueva dimensión de mi persona y comencé a sentirme bien conmigo mismo. Mi caminar se volvió seguro y confiado, dejé de esconderme tras las esquinas, mi lugar estaba en un lugar visible de la acera y así dejé de pasar desapercibido para la gran mayoría. Recibía saludos a mi paso, en los comercios me trataban con renovada amabilidad y en mi trabajo mis compañeros comenzaron a verme con ojos nuevos y pronto fui ascendido a jefe de departamento. En una cafetería, en una reunión de amigos, en un viaje de negocios...siempre sucedía lo mismo, me convertía en el centro de atención y era tratado con el máximo respeto y admiración. Y todo se lo debía a mi traje a medida. En un abrir y cerrar de ojos mis antiguos complejos desaparecieron y ya no me atrevía a quitarme mi nuevo traje, ni siquiera en sueños.
 
¿Por qué no me había hecho un traje antes? me preguntaba a mí mismo mientras veía cómo me convertía en alguien carismático e influyente, el tipo de hombre que siempre había deseado ser. Tenía que haber algún truco en la confección, quizás el tejido tenía propiedades mágicas pensé....Me sentía intrigado, así que una tarde en la que mis compromisos me lo permitieron decidí encaminarme con paso veloz a la tienda. El dependiente me recibió con una sonrisa. En pocas palabras le relaté lo que él ya parecía saber, que  el éxito me acompañaba desde que el traje a medida usaba y entonces me dijo algo que no he podido olvidar: "No hay secretos en la confección de tu traje, como tampoco hay secretos para el éxito. El único secreto es que el traje está hecho a tu medida y sólo tú encajas en esas medidas, nadie más. En la vida sucede lo mismo. Cuando encuentras aquello que se adapta a ti, comienzas a sentirte bien contigo mismo y para encontrarlo debes conocerte a ti mismo,  entonces te darás cuenta que has encontrado tu sitio en la vida. A veces te pasas toda la vida buscando tu lugar en el mundo sin encontrar tu camino,  por eso el único secreto es escucharte a ti mismo, para  descubrir cuál es tu medida, aquello que mejor te encaja. Si aún no has encontrado tu traje a medida, no te quedes con el que llevas puesto por comodidad y sigue buscando. Todos tenemos un traje a medida y  está hecho exactamente con aquellas experiencias que necesitamos y que nos corresponde vivir para permitirnos crecer como personas y encaminarnos hacia nuestra felicidad personal. Y cuando descubras aquello que mejor se adapta a tu persona, alcanzarás el equilibrio en cada situación de tu vida".  

Entonces comprendí que mi traje no era mágico, sólo me había ayudado a descubrir mi potencial y a encontrar mi propia medida en la vida, pero era yo quien lo hacía posible. Así que, a partir de aquel día decidí hacerme todos mis trajes a medida y dejé de usar los antiguos trajes,  que por comodidad había llevado demasiado tiempo, aun cuando no encajaban con mi forma de ser ni con mi persona.

Así que si alguna vez sientes que tu vida no marcha como a ti te gustaría o no te sientes bien contigo mismo, no sigas llevando el traje que no te corresponde. Párate, escucha lo que sientes y descubre cuál es tu medida. Seguro que hay algo que se adapta a ti y sabes hacer mejor que los demás. Todos tenemos un talento especial, un traje a medida, pero debemos encontrarlo y para ello nada mejor que conectar con nuestro interior y preguntarnos a nosotros mismos: ¿Qué es lo que más me gusta hacer? ¿Qué me  llena y me hace feliz? Cuando encuentres la respuesta, habrás encontrado tu medida perfecta.