miércoles, 6 de noviembre de 2013

DEJAR ESPACIO A LO NUEVO

¿Alguna vez te has preguntado por qué no sucede nada nuevo en tu vida? Esta tarde me hacía esta pregunta mientras miraba las estantería del salón repleta de colecciones de libros que no he leído nunca o los muebles saturados de objetos que he ido comprando en los viajes que he realizado estos últimos años. Después miré las paredes y tampoco quedaba hueco libre para un nuevo cuadro. Mientras pensaba esto me decía a mí misma que casi no he dejado espacio en mi vida para las adquisiciones que pueda realizar en nuevos viajes o para colgar nuevos cuadros, pues realmente no cabe nada más en mi apartamento. Y si abro los armarios sucede lo mismo. Encuentro la ropa que me pongo ahora, además de aquella de la que me da pena deshacerme porque conservo algún recuerdo de mi vida relacionado con el momento en el que la llevé puesta, que sólo fueron varias horas y sin embargo, aún le guardo fidelidad a estas prendas y a  día de hoy siguen formando parte de mi vida. Podría decir que la cocina es la única habitación de mi casa en la que aún queda alguna estantería libre porque sabes que los productos que guardas son perecederos y tarde o temprano los tienes que consumir. Pero ¿qué ocurre con todos aquellos objetos que no caducan y que forman parte de tu vida para siempre? ¿Has decidido cuándo quieres terminar tu relación con ellos? O ¿les has jurado amor eterno el resto de tu vida...y no puedes romper con ellos?...Y es que a veces establecemos relaciones más largas con los objetos que nos rodean que con nosotros mismos.
 
Continúo revisando espacios y veo que mi bolso también está abarrotado de cosas, que casi me cuesta cerrar la cremallera sin que se rompa. ¿Y que me dices del escritorio del ordenador? El mío lo tengo dividido por carpetas, pero tengo archivos que no puedo clasificar en una carpeta determinada y al final los dejas ahí, como suspendidos en el limbo, sin hacer nada con ellos, hasta que un día decides hacer un back-up y lo guardas todo en un CD que sabes que no volverás a mirar. Por último siempre digo que tengo que comprar una agenda nueva pero aún sigo usando la misma que tenía cuando iba a la universidad con más de la mitad de los contactos tachados, porque en los últimos diez años han dejado de formar parte de mi vida y al final son más las páginas llenas de tachones que aquellas en las que figuran direcciones actuales. Así te das cuenta que realmente dispones de muy poco espacio en tu vida para dar entrada a cosas nuevas, porque física y mentalmente no has creado el espacio que necesitas.
 
Pero este no "dejar espacio a lo nuevo" no sólo se desarrolla en el hábitat en el que desarrollamos nuestra vida cotidiana, también lo hacemos extensible a nuestra propia persona. Nuestra primera reacción a la posibilidad de que algo nuevo entre en nuestra vida, es el miedo a la incertidumbre de lo desconocido. De entrada nos da miedo vivir experiencias nuevas sin tener una garantía de éxito, sin saber que todo va a salir bien y convertimos al NO en nuestra bandera. Eso hace que en la mayoría de los casos permanezcamos durante mucho tiempo en el mismo lugar, atrapados en un callejón sin salida, pero pintamos y amueblamos las paredes de este callejón y lo convertimos en nuestro hogar, un lugar confortable donde nos sentimos seguros y sin riesgo. Así rechazamos la posibilidad de explorar terrenos desconocidos e inciertos y por lo tanto, una vez más, de dejar espacio a lo nuevo.
 
Otra barrera para no dejar espacio a lo nuevo es la opinión de los demás, que se traduce en miedo al rechazo. Nos importa tanto lo que los demás puedan pensar o decir de nosotros que la mayoría de las veces nos sentimos incapaces de salirnos de la invisible línea recta por la que hemos decidido conducir nuestra vida, donde sentimos una gran monotonía y aburrimiento, pero a cambio ganamos la aceptación de los demás y en nuestra balanza ese deseo de aceptación pesa tanto, que renunciamos una vez más, a la posibilidad de dejar espacio a lo nuevo. ¿ Y qué me dices del temor al fracaso o el "yo no puedo"? Tampoco dejan espacio a lo nuevo.
 
Y mientras tanto las ventanas de tu vida siguen cerradas a cal y canto, sin posibilidad de que la luz del sol y el aire fresco entre por ellas, te muestren nuevos paisajes y hagan nacer en ti emociones y sentimientos que desconocías, porque no has dejado espacio a lo nuevo. Y tú sigues agobiado, día tras día, pensando que no puedes cambiar nada cuando en realidad lo nuevo ya se ha asomado a tu ventana y te ha dado los buenos días, pero tú continúas sin verlo. Pero no hay secretos ni palabras que puedan decirte por qué nada cambia, la respuesta es sencilla y aquí te la dejo escrita: DEJA ESPACIO A LO NUEVO.