domingo, 27 de octubre de 2013

SI TÚ PUEDES SOÑARLO, PUEDES PINTARLO

¿Cuál es tu complemento favorito? El mío es el pañuelo, como no podía ser de otra manera. Mi padre murió cuando yo era pequeña, así que mi madre decidió montar un pequeño taller donde pintaba a mano pañuelos de seda y así fue cómo salimos adelante a finales de los años 60, cuando el espíritu hippie comenzaba a inundar los corazones de la gente. Los pañuelos de mi madre tenían un diseño muy original y pronto se convirtieron en el complemento favorito de muchas señoras de la ciudad. Mi madre no usaba ninguna técnica especial,  pero era una persona muy intuitiva y me enseñó a plasmar cualquier sueño que tuviera en los pañuelos de seda que pintaba. Solía repetirme: "Si tú puedes soñarlo, puedes pintarlo". Y así fue cómo  aprendí a hacer realidad mis sueños y a pintar pañuelos de seda como sólo ella sabía hacer.
 
Los años fueron pasando y las dos seguimos con nuestra vida y trabajando juntas en el taller, hasta que cumplí 44 años. De repente, un día todo cambió.  Mi madre comenzó a confundir los colores y a sentirse desorientada. Al principio pensé que era debido al cansancio, pero  le hicieron pruebas y le diagnosticaron alzheimer. Intenté no alterar su rutina y las dos continuamos pintando los pañuelos de seda, pero a los pocos meses ella ya no recordaba cómo se cogía el pincel,  así que tuve que continuar yo sola, pues cada vez teníamos más encargos. Al poco tiempo me detectaron cáncer de pecho en una revisión rutinaria. Después de la operación  tuve que someterme a varias sesiones de quimioterapia y mi pelo comenzó a desaparecer con la misma rapidez que los días felices de mi infancia.
 
Intenté mantener el ánimo, pero cuando me di cuenta me pasaba el día entero encerrada en casa. No quería ver a nadie y ni siquiera me sentía inspirada para pintar los pañuelos de seda.  A medida que pasaban las semanas me sentía más débil, sin ganas de hacer nada y muchas noches, mientras la ciudad dormía, yo habitaba gran parte del tiempo en esa otra ciudad que nunca duerme, el hospital. Mi madre estaba ajena a todo, al menos me alegró que su enfermedad le hiciera olvidar también las cosas tristes y cuando estaba a su lado me vestía con mi mejor sonrisa y un sombrero para que no notase nada. Un día, sin embargo, decidí cubrir mi cabeza con uno de sus pañuelos de seda favoritos, el primero que ella había pintado a mano y cuando me vio me dijo emocionada: "Si tú puedes soñarlo, puedes pintarlo". Entonces me confesó que hacía mucho tiempo que no pintábamos juntas los pañuelos de seda y que quería volver a hacerlo. Me quedé sorprendida y maravillada.

A partir de aquel día, regresamos juntas al taller, como habíamos hecho desde que yo era una niña. Y aunque mi madre ya no recordaba gran parte de su pasado, las dos nos sentíamos felices de volver a pintar juntas. El ver otra vez a mi madre plasmando sus sueños en los pañuelos de seda me dio fuerzas para luchar por mis propios sueños. Cada día soñaba con mi curación, me veía a mí misma sana y feliz haciendo lo que más me gustaba, pintar con mi madre en el taller. Me aferré con fuerza a la vida y al poco tiempo superé con éxito mi enfermedad.

Puede que tu vida no esté exenta de dificultades y que en más de una ocasión camines por paisajes áridos donde parece no existir la música,  ni los colores, ni la luz del sol pero si cada día de tu vida tienes un sueño y emprendes el camino que te permite llegar hasta él, sentirás la fuerza e inspiración necesarias para no rendirte nunca y conseguir todo aquello que te propongas. ¿Cuál es tu sueño? No importa que sea grande o pequeño o que te parezca posible o imposible. Lo importante es que ese sueño exista para ti, creas en ti mismo y no abandones nunca tu sueño, porque si tú puedes soñarlo, puedes pintarlo.