lunes, 28 de octubre de 2013

LA DESPEDIDA

Uno nunca sabe cuándo va a soñar lo que sueña
ni tampoco cuándo llegará el último adiós.
Aún recuerdo la luz de tu sonrisa
y la música de tu corazón.
Aquel día tenía prisa,
desconocía que aquél sería
nuestro último encuentro
y que nuestra próxima charla
tendría lugar allá donde habitan las estrellas
y que unos pocos llaman cielo.

A veces el pasado se enreda en mi memoria
y en mis sueños y en mi pensamiento
estás siempre conmigo, a mi lado,
sujetando mi mano en tu regazo.
Otra vez miro tu fotografía y la mía,
ésa en la que estamos juntas sentadas,
tú me miras y yo sonrío,
y una vez más
converso contigo.
Te pregunto cómo estás
y en mi pensamiento siento
cuánto te echo de menos.

Nunca una vida fue suficiente
para conocerte mejor.
Fuiste mi mejor amiga y
compartíamos casi todo
pero a veces,
en tus silencios
guardabas tus mejores consejos.
Me hubiera gustado
formar parte de tu infancia
y vivir en esa época
en la que el mundo tenía sentido
y las almas eran almas,
no personas sin destino.
Me hubiera gustado
arroparte cuando de niña
a veces sentías miedo
y a lo lejos las sombras
te llenaban de dudas.
Pero me siento feliz de
saber que formaste parte
de mi niñez y que para ti
yo era alguien importante.

Y en este tiempo,
en el que ya no estás a mi lado
los días han seguido
caminando deprisa y a veces
mi alma se oculta tras la luna
y sigue sin encontrar
un sentido a la vida,
o al menos el sentido
que en nuestro especial universo
tú y yo habíamos creado.

Puede que ya no estés aquí
y que nuestro mundo
haya cambiado en este tiempo,
pero tus palabras y tu pensamiento
forman parte de mi historia
y habitan para siempre en mi memoria.

Cuando me miro al espejo
te veo a ti, libre y feliz
viviendo una vez más
la eterna primavera.
La luz se derrama
en tu ventana y
las flores del jardín
te dan la bienvenida.
Me esperas sentada en un banco,
mientras recitas de memoria
tu oración favorita.
Esta vez no tengo prisa,
espérame,
me quedaré contigo en tu jardín
y contemplaremos juntas el atardecer.

No sólo fuiste mi abuela,
fuiste mi mejor amiga
y mi más fiel consejera.
Perdóname por
no haberte dicho adiós,
tal vez ya sea tarde,
pero en mi pensamiento
y en mi corazón
nunca te fuiste del todo,
tu magia y tu luz
siguen iluminando
cada rincón de mi alma
y cada nuevo amanecer
te doy los buenos días
y tú me saludas sonriendo
desde lo más alto del universo,
donde brilla tu estrella
y nuestros destinos
y nuestras almas,
volverán a reunirse
para siempre algún día.