lunes, 23 de septiembre de 2013

A UN SEGUNDO DE PERDER LA VIDA

¿Alguna vez has estado a punto de perder la vida en un accidente?. A mí me ha sucedido hoy. Regresaba con mi familia a Madrid después de haber pasado un magnífico día en la sierra celebrando el cumpleaños de mi hermana cuando un coche, a gran velocidad, ha invadido nuestro carril en sentido contrario y hemos estado a punto de chocar frontalmente. En ese momento te das cuenta de lo frágil que es la naturaleza humana. Estás pensando en lo que vas a hacer mañana y en tan sólo unos segundos puedes dejar de existir para siempre. El universo está formado por contrastes y la vida y la muerte es uno de los más importantes. Ambos están antagónicamente unidos y son inseparables. Y aunque en ocasiones no somos conscientes de ello, la vida y la muerte siguen nuestros pasos en cada momento de nuestra existencia.
 
A veces me he preguntado cómo seré cuando sea anciana. Siempre me ha dado miedo el paso del tiempo al observar a mi alrededor cómo, la mayoría de personas mayores que conozco, van perdiendo su autonomía y dependen de otras personas para poder desarrollar su vida. De alguna manera es cómo cuando eres niño pero en sentido inverso. Cuando eres pequeño dependes del cuidado y atención de tus padres, pero poco a poco, vas ganando en autonomía e independencia y cuanto mayor eres, mayor es tu dependencia. Es como regresar a la infancia pero sin pasaporte de vuelta.   Por este motivo, recuerdo haber dicho en alguna ocasión, que no me gustaría morir demasiado mayor, sino hacerlo en un momento en el que mis facultades físicas y mentales sigan siendo plenas. Sin embargo, cuando te enfrentas a la posibilidad de morir en cuestión de segundos, te aferras a la vida con fuerza y te das cuenta que en realidad, no has asimilado que, la posibilidad de morir existe. Crees que tu vida es un ensayo general y vas acumulando experiencias y relaciones que no deseas porque piensas que en cualquier momento vas a tener la oportunidad de hacer mejor las cosas o de empezar de nuevo y entonces...te equivocas. El día de hoy es único y no regresará más. Y el tiempo que pierdas hoy, lo perderás para siempre. Deja de hacer planes a medio y largo plazo y de agobiarte por lo que va a pasar mañana. Deja de preocuparte por las cosas materiales, por ése trabajo que no tienes, por ése amor que necesitas que llegue a tu vida y piensa que lo más valioso que hay en tu vida eres tú mismo: Eres un ser único e irremplazable.

Hoy he estado a punto de morir y de perder a mi familia y me he dado cuenta que, nada de lo que tengo ni de lo que soy, tendría sentido, si ellos faltasen en mi vida o yo en la de ellos.  ¿Te preocupa el día de mañana?...olvídalo. Tal vez mañana no llegue, tan sólo tienes el instante presente.  Así que vive hoy y aprovecha el momento.