sábado, 25 de enero de 2014

EL ESPEJO Y LA REALIDAD



Uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida fue un espejito que me regaló mi abuela cuando era pequeña. Mi abuela había trabajado en su juventud en una fábrica de espejos y lo consideraba un objeto mágico, porque representa un fiel reflejo de la realidad y solía repetirme que "si quieres saber la verdad sobre algo, el espejo te dará siempre la respuesta adecuada".

Mi abuela me inculcó la necesidad de hablar a diario con el espejo y por eso me regaló aquel maravilloso objeto que ella misma había tallado a mano, en pedrería de diferentes colores. Yo era muy pequeña aún y apenas podía sostener el espejo entre mis manos, pero a partir de aquel día aquel preciado objeto se convirtió en mi joya predilecta y lo llevaba conmigo a todas partes. Junto al espejo, me entregó una carta que leí a toda prisa, sin entender su verdadero significado y ella me dijo que la conservara para leerla con más detenimiento cuando fuera mayor y ella ya no estuviera a mi lado, así que mi madre la guardó cuidadosamente sabiendo que me sería de utilidad en el futuro.

Años después, sucedió que en mi vida comenzaron a fallar varios pilares fundamentales como la salud, el trabajo, los amigos y también por qué no decirlo, era muy poco afortunada en el amor. Yo me sentía muy insegura e incapaz de hacer algo para cambiar lo que sucedía, porque siempre hacía culpable de mi situación a las circunstancias externas. Sin embargo, el día que decidí empezar una nueva vida fue aquel en el que se me cayó al suelo el espejo que me había regalado mi abuela y al recogerlo vi mi imagen reflejada en mil pedazos. Entonces me di cuenta que en realidad, mi abuela quería que mirase más allá del espejo y me centrase en aquello que no puedes ver pero da sentido a toda tu vida y sentí la necesidad de trabajar sobre mi persona para recomponer cada pieza de mi vida que no encajaba. Sabía que no sería tarea fácil, pero era necesario mirar dentro de mi, si quería sentirme bien conmigo misma.

Una de las primeras cosas que hice, fue volver a leer la carta que mi abuela me había entregado junto al espejo y no había vuelto a leer desde que era una niña. Entonces sentí de nuevo aquella emoción indescriptible de la primera vez que sostuve su espejo entre mis manos.

Algunas de las palabras de mi abuela que más me impactaron fueron las siguientes: "Cuando te miras a un espejo, el problema con el que te enfrentas no es la realidad de lo que aparece ante ti, si no la interpretación que tú haces de esa realidad. Da igual que seas fea o guapa, lo importante es cómo te veas a ti misma y cómo interpretes aquello que ves y si quieres que la interpretación sea positiva, debes trabajar tu autoestima. Si te quieres a ti misma, te gustará la imagen que ves reflejada en el espejo, pero si te sientes triste, deprimida y aborreces tu vida, no te gustará lo que aparece reflejado, aunque tu rostro sea el más hermoso del mundo, pues te sentirás una persona desgraciada. La imagen que ves reflejada en el espejo se retroalimenta con aquello que sientes, potenciando los sentimientos que tienes en esos momentos. Si son sentimientos de felicidad verás reflejada esa luz en el espejo y esa luz se trasladará a toda tu vida, pero si son sentimientos de tristeza, todo aquello que aparezca reflejado en el espejo te parecerá gris y falto de vida. Lo mismo sucede en la vida de cada persona. Existe una realidad y la interpretación que hacemos de ella. Lo ideal sería que nos limitásemos a ver la realidad tal  y como es, como aparece en el espejo, pero eso sólo sería posible si no tuviéramos pensamiento propio. Por eso, no te dejes engañar por lo que veas reflejado en el espejo pensando que hay una realidad  única e inamovible que es tal y como aparece ante ti, porque hay otra realidad invisible paralela creada por tu propio pensamiento que hace posible que puedas modificar la imagen real del espejo, dando como resultado la proyección de aquello que tú desees. No olvides trabajar el mundo de lo invisible, donde encontrarás las respuestas que necesitas y sobre todo recuerda que tu felicidad depende de tí".

A partir de aquel día volví a mirarme cada mañana en el espejo y al ver mi imagen reflejada, me preguntaba qué sentía y prestaba atención a los pensamientos que tenía sobre mi persona, trabajando aquellos que no me gustaban y eran negativos y construyendo nuevos pensamientos, hasta llegar a una aceptación de mi propio ser. Entonces vi reflejada aquella mujer que siempre había sido y no había sido capaz de ver, alguien con valor y capaz de dirigir su propia vida hacia el camino de la felicidad. Por fin comenzaba a comprender aquello que mi abuela había intentado enseñarme toda su vida y es que la imagen que aparece reflejada en el espejo depende de tu pensamiento y tú la puedes moldear cada día, convirtiéndola en aquello que tú desees.

Así que, si alguna vez te miras en el espejo de tu vida y éste no te devuelve la imagen que esperabas, tal vez ha llegado el momento de mirar dentro de ti mismo y determinar qué es aquello que no funciona bien y necesitas arreglar para recomponer todas las piezas que conforman tu persona. El pegamento más efectivo para volver a encajar todas tus piezas es quererte y aceptarte a ti mismo. Entonces volverás a ver tu reflejo en el espejo de la misma manera que el sol se refleja en el horizonte cada amanecer y sentirás que una nueva luz nace en tu interior y si miras dentro de ti mismo, siempre encontrarás la respuesta que necesitas. 
  

domingo, 19 de enero de 2014

LUCES Y SOMBRAS

Nuestra vida  se compone de luces y sombras, dos opuestos que no podrían vivir el uno sin el otro;  como la vida y la muerte; la alegría y el dolor; la riqueza y la pobreza; la belleza y la fealdad; la salud y la enfermedad...Cada uno de nosotros podemos decidir cuál de los dos potenciar, sin embargo, cuando perdemos el equilibrio nuestra balanza se desajusta y uno de estos opuestos pesa más que el otro, normalmente el negativo, haciendo que nos colapsemos y seamos incapaces de seguir adelante. No hay una sola persona que no haya pasado por un momento de sombra a lo largo de su vida, incluso aquellas que pensamos que llevan una vida de éxito. Sin embargo, es en la adversidad cuando más crecemos y nos hacemos más fuertes. 
La sombra es el maravilloso lugar donde puedes resguardarte en un día de extremo calor, pero también se puede convertir en tu mayor enemiga cuando la utilizas para ocultarte de la realidad. Y aquí habría que referirse a esos momentos en los que  vives a la sombra de tu propia vida, sin sentirte identificado con nada de lo que te rodea, en lugar de potenciar todas tus cualidades y convertirte en el centro de tu propio universo. Todos atravesamos por circunstancias difíciles a lo largo de nuestra vida que desearíamos eliminar y convertir en inexistentes. A veces olvidamos que la luz se encuentra muy cerca de nosotros y que podemos apretar el interruptor cuando lo deseemos, el problema es que nos hemos acostumbrado a estar a oscuras y la mayor parte del tiempo preferimos seguir instalados cómodamente en ese espacio y que nada ni nadie nos saquen de nuestra sombra conocida.
Una persona se convierte usualmente en aquello que cree que es y también su sombra, que es una prolongación de la propia persona y se nutre y alimenta de ella, por eso hay personas que no se reconocen ni en su propia sombra. Con el paso del tiempo, son estos momentos de sombra los que más valoras en tu vida porque te hacen apreciar cuánto te has superado para dejarlos atrás y para avanzar con paso firme hacia un nuevo horizonte, el lugar donde se encuentra la luz.

Las luces y sombras son las dos caras de una misma moneda y aunque la lances al aire y no sepas cuál te va a salir, lo importante es que estés preparado para vivir cualquiera de las dos circunstancias porque ambas, las luces y sombras, lo positivo y lo negativo, son necesarios para seguir creciendo y para que encuentres tu propio camino en la vida.
No intentes huir de tu sombra porque entonces estarás huyendo de ti mismo. Ni pretendas abandonarla u ocultarte tras ella. Tienes que aprender a vivir con ella. A bailar con ella, a seguir sus movimientos, a lograr una coreografía perfecta. Incluso debes aprender a alimentarla para que no sea más pequeña que tu propio yo. Un hombre no es nada sin su sombra de la misma manera que el sol y la luna se necesitan para seguir existiendo.

Si no reconoces tu sombra, ha llegado el momento de que mires en tu interior, profundamente, allí donde nunca habías llegado y escuches la dialéctica de tu cuerpo y de tu alma. Y en esa búsqueda de tu sombra llega el momento de emprender el maravilloso viaje que siempre habías deseado iniciar y que te ayudará a encontrarte contigo mismo. No tengas miedo de tu sombra, ni mires atrás para ver si te acompaña, tan sólo deja que siga tus pasos y aprende a vivir con ella. Sólo así encontrarás sentido a tu vida y conocerás el verdadero significado de la felicidad. 


sábado, 18 de enero de 2014

¿SABES PONERTE EN EL LUGAR DE LOS DEMÁS?

¿Sabes ponerte en el lugar de los demás? Seguro que te has hecho esta pregunta más de una vez a lo largo de tu vida y siempre has pensado que eres una persona tolerante, que comprende a la gente y sabe ponerse en su lugar, pero lo cierto es que casi todos pensamos que nuestros problemas son los más importantes del mundo, además queremos llevar la razón siempre y nos sienta muy mal que alguien nos lleve la contraria  y difícilmente damos nuestro brazo a torcer, ni siquiera cuando nos equivocamos y así surge la falta de entendimiento. Mi abuelo solía decir que hay que alcanzar un equilibrio entre ponerte en el lugar de los demás y no perder tu propio sitio en la vida y eso es algo realmente complicado, pues a veces ni siquiera sabes cuál es tu lugar en el mundo y te pasas toda tu vida intentando encontrarlo. Me gustaría contarte como aprendí a ser una persona comprensiva y a ponerme en el lugar de los demás.

Cuando era pequeña vivía con mi familia en una ciudad del norte de España donde llovía casi todos los días, así que el paraguas era el complemento indispensable de cualquier persona, cual si fuera una prolongación de tu propio ser.  Hoy en día todos los paraguas son muy parecidos y tienen algo en común, están fabricados con material barato que no te duran más de dos inviernos seguidos,  pero cuando yo era pequeña se cuidaba más la calidad y fabricación y un buen paraguas podía durarte toda la vida y eso por no decir que una persona distinguida siempre llamaba la atención por el diseño de su paraguas.

El paraguas más bonito que he tenido me lo regalaron cuando cumplí 12 años y comencé un nuevo curso en la escuela. Ese año me pusieron una nueva profesora que venía de otro centro educativo. Se llamaba Soledad y era una mujer de mediana edad y de sonrisa amable. Su aspecto era igual al de cualquiera de nuestras madres, sin embargo había algo en ella que me llamó poderosamente la atención, su gesto triste y apagado, como si el sol nunca hubiera formado parte de su vida y hubiera presenciado dos mil días seguidos de lluvia.  En ocasiones cuando estábamos en clase parecía ausente, como si su mente estuviera paseando por los planetas mientras explicaba la lección. Hablaba muy poco y nadie sabía nada sobre su vida. A la hora del recreo nunca salía al patio ni se juntaba con los demás profesores. Solía permanecer en clase seria y pensativa, los niños se reían de ella y le pusieron el mote de "La triste Soledad". En el segundo trimestre Soledad faltó una semana entera a clase y aunque nos pusieron un profesor sustituto, algunos padres se quejaron de su extraño comportamiento y decidieron abrirle un expediente con el fin de cesarla a final de curso.  El día que regresó a clase, nuestra profesora venía con un brazo escayolado y el semblante más abatido que nunca, suponíamos que había tenido un accidente, pero nadie se atrevió a preguntarle y en secreto todos nos reíamos de su miserable aspecto, aunque a mí me daba mucha pena.

Una tarde cuando terminaron las clases comenzó a llover y me di cuenta que había olvidado mi paraguas en casa, así que decidí esperar un rato a que escampara.  Todos mis compañeros y la profesora se habían marchado ya y me quedé sola en el aula. Aquella tarde el cielo parecía querer descargar más lágrimas de la cuenta y no paró de llover ni un solo segundo. Al cabo de media hora decidí marcharme a casa, aunque mi ropa se empapara, pues no quería que mi madre se preocupara y cuando iba saliendo del aula, vi colgado en la percha el paraguas de mi profesora, así que decidí cogerlo prestado. Era un paraguas grande, con el puño en forma de pato y unos dibujos de colores muy alegres que chocaban con la tristeza de su propietaria, pues el estampado de un paraguas suele decir mucho del carácter y temperamento de su dueño, pero no parecía ser éste el caso.

Salí a la calle y abrí el paraguas, me encaminé en dirección a mi casa, pero hacía mucho viento y noté que el paraguas me llevaba en la dirección contraria. Intenté seguir mi camino, pero el viento me impedía seguir adelante, era como si el paraguas quisiera llevarme a otro lugar, así que decidí agarrarme fuerte y dejarme llevar. Y así pasé por un barrio que no había visto antes, también crucé un parque y el paraguas parecía no  querer detenerse, hasta llegar a una calle donde había casas antiguas pintadas de color azul y rodeadas de un pequeño jardín. De repente el viento cesó y el paraguas se detuvo justo delante de la última casa. Vi que había luz en la ventana de la cocina. Me oculté tras un matorral y miré al interior.

Entonces vi a mi profesora sentada en una silla llorando, tapando su rostro con sus manos, mientras un señor que parecía ser su marido le propinaba una sonora bofetada y le amenazaba entre gritos. En cuestión de segundos el marido salió de la cocina, entró en una habitación donde un niño pequeño aguardaba leyendo un cuento y se marchó junto a él dando un fuerte portazo y dejando sola a mi profesora, que parecía una estatua de sal. A partir de aquel instante comprendí a qué se debía su tristeza y me sentí mal por haberme reído de ella en lugar de haber intentado ayudarle. Sin pensarlo dos veces llamé a la puerta. Al verme allí, mi profesora se sorprendió y puso cara de circunstancias pero yo le di un fuerte abrazo, le dije que venía a devolverle su paraguas y ella me invitó a merendar.  Entonces se puso a llorar y me confesó que su marido la maltrataba desde que nació su hijo porque quería que ella dejase su trabajo y había soportado la situación durante mucho tiempo, pero ya no podía más y le había pedido el divorcio y él le amenazaba con llevarse a su hijo, así que tenia que seguir soportando la situación en silencio, pues no tenía más familia en aquella ciudad y tampoco quería dejar su trabajo como profesora.

En esa época la sociedad no estaba tan concienciada con el tema del maltrato y las personas que lo sufrían solían ocultarlo porque pensaban que tenían la culpa de lo que sucedía y se lo merecían o bien por miedo a sufrir rechazo social, así que no es de extrañar que mi profesora estuviera en esa situación y nadie lo supiera. Mi madre es psicóloga, así que invité a Soledad a nuestra casa y todas las tardes mi madre le daba pautas para ayudarle a superar el miedo y el dolor y para mejorar su autoestima. También fuimos a hablar con el director del colegio, le hicimos partícipe de la situación y entre todos los profesores y alumnos decidimos crear una asociación para ayudarla a ella y a otras madres que estaban pasando por lo mismo y que por falta de apoyo no se habían atrevido a poner una denuncia. Y así fue cómo mi profesora se sintió respaldada para denunciar a su marido y separarse de él, iniciando con su hijo una nueva vida. Todos pudimos ser testigos de su evolución y pudimos ver que volvía a ser una persona alegre y feliz, como había sido mucho antes de que la conociéramos. Entonces comprendí que su paraguas colorido encajaba perfectamente con la persona que ella era en realidad, una mujer optimista y vital que volvió a brillar en el aula y pronto se convirtió en la profesora favorita de todos los niños. Y así fue cómo aprendí a ponerme en el lugar de los demás y debo darle las gracias a aquel día de lluvia y al paraguas de mi profesora porque desde entonces he sabido comprender a todas las personas que he conocido y me he convertido en una persona tolerante y compasiva.

A veces en la vida es necesario que cierres tu paraguas para que dejes de ver sólo lo que tienes delante y puedas observar el horizonte de las personas que te rodean y cuando la lluvia moje tu rostro, notarás que hay alguien cerca de ti que te ofrece cobijarte bajo su paraguas. Entonces verás la lluvia caer desde la perspectiva de la persona que te resguarda y así aprenderás lo que es ponerse en el lugar de los demás, sin dejar de ver tu propio punto de vista. Depende de cómo veas la vida y comprendas a aquellos que te rodean, así verás desaparecer un día de lluvia gris y dar paso a un arcoiris multicolor que iluminará tu corazón.



lunes, 13 de enero de 2014

¿VIVES O SOBREVIVES?

¿Alguna vez has sentido que en lugar de vivir estás sobreviviendo? Y con sobrevivir me refiero a que no puedes vivir la vida que te gustaría porque no tienes trabajo, ni medios para salir adelante y estás aguantando como puedes la situación que te ha tocado vivir. Hace unos días me hacía esta pregunta a mí misma mientras pensaba en el cambio radical que ha dado mi vida en los últimos cuatro años. Estoy segura que a ti también te ha pasado o quizá estás atravesando esta situación en estos momentos, por eso me gustaría contarte mi experiencia.

Hubo un tiempo en mi vida en el que parecía haber alcanzado ese estado en el que todo ser humano cree tener todo lo que necesita para ser feliz: una buena salud, un buen trabajo, una hermosa casa y una vida llena de sueños y posibilidades. De repente, el día menos pensado te vas a dormir y cuando te despiertas a la mañana siguiente te das cuenta que tu mundo ha desaparecido y que todo aquello que tenías y con lo que eras, o creías ser feliz,  ha dejado de existir para siempre y te encuentras con el paso cambiado y con las manos completamente vacías.  
¿Alguna vez te ha sucedido esto? A mí...varias veces y quizá esta última ha sido la más prolongada en el tiempo y la que más huella ha dejado en mi persona. Así cuando más confiado te encuentras, ves asomar en la pantalla de tu vida las letras de "partida terminada" y te ves otra vez pulsando el botón de "START" y comenzando una nueva partida desde el principio, por la  "fase cero", la misma donde comenzaste hace años el juego de tu vida y que ya habías superado con buena puntuación cuando eras joven y tenías sueños e ilusiones y ahora, años después y sin terminar de creerlo aún, debes empezar otra partida sin nada de lo que tenías antes. Los premios y recompensas adquiridos han desaparecido y empiezas con "cero puntos" en el marcador,  justo cuando pensabas que te encontrabas en un camino estable, feliz y que lo estabas haciendo bien.  Y ahora te sientes inseguro, vulnerable, golpeado por la vida y comienzas a perder estabilidad y a no saber por dónde tirar. La incertidumbre se apodera de tu vida y tu salud comienza a resentirse. Te sientes incapaz de hacer cosas que antes podías hacer incluso con los ojos cerrados  y sientes miedo, mucho miedo. Comienzas a perder la esperanza y piensas que ya nunca más volverás a tener una vida normal. Todos tus referentes desaparecen. También aquellos a quienes considerabas amigos. Y te encuentras solo ante un mundo cada vez más tecnológico y distante, con el que no te sientes nada identificado.
La vida es un juego, pero no te aferres desesperadamente a una partida porque la partida puede comenzar de nuevo en cualquier momento. No te aferres a una situación, ni a un estatus, ni a una persona, ni a un determinado tipo de vida, porque todo aquello que conocías puede desaparecer en tan solo un segundo y debes aprender a adaptarte a los cambios que se producen en tu vida y tener la fortaleza necesaria para no rendirte y comenzar de nuevo. Puede que no tengas la misma ilusión que tenías al principio y que sientas que tus sueños han sido destruidos, pero no olvides que cuentas con un importante comodín: la experiencia que los años te han proporcionado, sabes cómo manejar determinadas situaciones y hasta dónde puedes llegar y si además conservas la capacidad de creer en ti mismo, verás cómo de un problema difícil nacerá la oportunidad de profundizar en aspectos de tu persona que desconocías y  descubrirás nuevas posibilidades donde antes sólo parecía  haber vacío e incertidumbre.
La crisis actual nos está dando la posibilidad de conocernos mejor a nosotros mismos y no todos los días se tiene una oportunidad así, aprovéchala. A veces la vida te da más tiempo libre del que desearías para que trabajes contigo mismo y desarrolles nuevas capacidades. Si lo ves de esta manera te darás cuenta de lo afortunado que eres. Te puedo asegurar que en este tiempo, a pesar de haber pasado malos momentos, como todos, he aprendido a conocerme mejor a mí misma y también a superar situaciones que antes no sabía cómo manejar. Uno de mis retos más difíciles era el de aprender a ponerme en mi sitio ante determinadas personas y situaciones, obstáculo que seguía en mi camino y con el que seguía tropezando por tiempo indefinido y a fuerza de pasar tiempo conmigo misma y de conocer mis fortalezas y debilidades y trabajar sobre ellas, he desarrollado la habilidad necesaria para poder hacerlo y cuando he mirado atrás he pensado en lo positiva que ha sido esta experiencia de largo tiempo en desempleo para ayudarme a crecer como persona, porque los problemas son la llave que nos abren la puerta del lugar dónde realmente queremos estar en la vida y si no existieran seguiríamos siempre en el mismo sitio, dando vueltas como las moscas y sin llegar al lugar que nos corresponde.
A veces le prestamos demasiada atención a cosas banales, vivimos inconscientemente, sin darnos cuenta de lo realmente importante y sólo cuando la vida nos sacude y nos saca de nuestra zona de confort nos damos cuenta que en realidad la vida que estábamos viviendo nos hacía infelices y que ahora es cuándo hemos descubierto quiénes somos realmente y dónde se encuentra el camino que queremos recorrer, aquél donde queremos que comience "el primer día del resto de nuestra vida".
Así que, si alguna vez la vida te pone en la tesitura de tener que "sobrevivir" en una situación determinada, recuerda que sobrevivir significa "seguir vivo" y que a partir de una experiencia difícil tendrás la oportunidad de fortalecerte, crecer como persona y comenzar a vivir plenamente, porque descubrirás el nuevo ser humano que ha nacido en ti y así surgirá en ti la victoria y la posibilidad de hacer tus sueños realidad con cada nuevo amanecer.  
No me gustaría finalizar la historia de mi vida sin antes decirte que no tengas miedo de apretar el botón de "start" cuantas veces sea necesario, porque la partida es tuya y siempre serás protagonista y vencedor en el juego de tu vida. Así que ánimo y adelante. Tú puedes conseguir todo aquello que te propongas y para ello debes creer en ti mismo y confiar en tus posibilidades, que son infinitas.


 

viernes, 10 de enero de 2014

¿QUÉ HACES MIENTRAS ESPERAS?

Bienvenido a la cola, ese inevitable momento de tu vida que difícilmente puedes soportar y que se repite día tras día. No hace falta que hagas nada, ni que aprietes ningún botón, la cola se activa sola en cualquier situación de tu vida, como ese atasco de tráfico interminable que sufres cada mañana o el tiempo que las agujas de tu reloj parecen detenerse cada vez que vas a realizar una gestión al banco y eso por no hablar de la cola diaria en las cajas del supermercado. En ese mismo instante te conviertes en un número más, carente de identidad y te dejas arrastrar por la impaciencia, la irritación, el malestar, la frustración y una serie de sentimientos encontrados que hacen que te desconectes de ti mismo y de la masa de personas que te rodean y que están esperando para el mismo fin que tú. Y en ese universo paralelo da igual lo que tengas, o quien seas, o que te la intentes saltar, tarde o temprano todos coincidiremos en un mismo punto en la vida: la cola.
Si reflexionas sobre este hecho, tal vez deberías entrar en comunicación con su dialéctica. La cola te está obligando a una parada forzosa, debes respetar esa señal de STOP y aprender a soltar y a relajarte, así que di adiós a las prisas y al estrés aunque estés a la cola otra vez. Experimentar la sensación de pararte es algo muy beneficioso para tu cuerpo y tu mente y te proporciona una mayor percepción del mundo que te rodea. Para pararte debes poner tu mente en blanco y eliminar cualquier tipo de pensamiento. Esta técnica se ha empleado en la curación de algunas enfermedades con gran éxito y el secreto está en que la sanación parte de ti mismo, cuando consigues parar tus pensamientos y experimentar la sensación de relax.
También puedes sacar mucho partido a tu tiempo de espera si en lugar de quejarte, activas tu cerebro y lo empleas en actividades útiles, como considerar aquellos aspectos de tu vida que te gustaría mejorar o repasar mentalmente los logros que has obtenido ese día y mostrar gratitud; también puedes buscar nuevas formas de resolver una situación complicada, sin olvidar que nunca es tarde para reinventarte a ti mismo y poner en marcha ese proyecto que siempre habías deseado realizar. Además debes desarrollar la paciencia, saber aguantar, esa cualidad que todos creemos tener pero que perdemos cada dos por tres.
Quizá uno de nuestros mayores problemas es, que nos pasamos todo el día en estado piloto automático, distraídos y conectados al móvil y a las redes sociales y no somos conscientes de nuestros propios pensamientos y emociones. Pues bien, la espera obligada de la cola te da la oportunidad de entrar en conexión contigo mismo (además de con tu Whatssap) y elegir tus pensamientos, de la misma manera que eliges qué plato tomar en la carta de un restaurante. Así puedes cambiar tus pautas negativas por creencias positivas. Si te fijas bien, puedes dar la vuelta a la situación negativa de la espera y convertirla en esa pausa diaria que todos necesitamos para tener un encuentro con nosotros mismos y curarnos del estrés diario que nos rodea.
Además de la cola tradicional que se produce en diferentes situaciones de nuestra vida cotidiana, existe la cola existencial, referida al lugar en el que nos situamos a nosotros mismos en nuestra propia vida. ¿Alguna vez te has preguntado por qué no estás donde te corresponde? Tal vez sea porque te has olvidado de ti mismo y la mayoría de las veces sabes cómo satisfacer a los demás y luchar por causas ajenas, pero lo que tú piensas o sientes lo dejas aparcado, lo vas posponiendo para ese momento que sabes que nunca llegará y siempre te sitúas en el último lugar de tu existencia. De esta forma te alejas de tu propia felicidad porque te diriges al lugar opuesto a donde se encuentra.
Pero tú tienes el poder de cambiar la posición que quieres ocupar en tu propia vida. Es cuestión de revisar tus prioridades y de que decidas qué es lo más importante para ti, para eso debes escucharte a ti mismo y conocerte a fondo, así sabrás qué te hace feliz y lo llevarás al pódium de tu vida. En las primeras posiciones estarán tu tranquilidad, tu autoestima, tu bienestar y felicidad personal y al final de la cola aquello que deseas abandonar como la tristeza, la incertidumbre, la depresión o el miedo, que finalmente harás desaparecer cuando aprendas a controlar ese tipo de emociones, sin permitir que te lleven por derroteros que no quieres.
Recuerda que tú decides en qué lugar quieres estar. De ti depende ser el primero, el último o abandonar la cola. Puedes ser un mero espectador o tomar parte activa en tu existencia.
Cuando descubras el verdadero sentido de tu vida, te darás cuenta que la cola ya no existe, porque han desaparecido de tu mente los obstáculos que te impedían avanzar y verás claramente el camino que debes seguir para encontrarte con tu felicidad. Y así podrás comenzar a vivir plenamente, sabiendo que has encontrado tu lugar en la vida y tienes el universo ante ti con infinidad de posibilidades para ser feliz.

lunes, 30 de diciembre de 2013

EL VIAJE DE TU VIDA

Esta mañana me he vestido deprisa y he salido sin desayunar.  Hoy tengo una presentación con un cliente importante. Me he puesto mi uniforme de ejecutiva y como es habitual en mí, la camisa sin planchar. El cabello desordenado y la mirada algo difusa frente al espejo. He terminado de maquillarme en un semáforo. Por mi mente han pasado las imágenes del powerpoint que he aprendido de memoria, pero también de los mejores y peores momentos de los últimos meses. Siempre me ha gustado hacer balance de todo y analizar mi vida en profundidad, sobre todo a final de año. Mi pasatiempo favorito es crear eslóganes publicitarios de mis momentos irrepetibles  y últimamente sólo encuentro frases inconexas, estrés y problemas sin resolver. Nada digno de un león de oro en Cannes. Y día tras día amanezco inquieta, indecisa, exhausta y lidiando con un trabajo estresante en una agencia de publicidad, que a final de año, se encuentra a punto de la quiebra.
Tengo que tomar una decisión o conformarme con la situación y en medio de todo esto se encuentra  EL VIAJE. Sí, las vacaciones de Navidad. Ya tengo todo planeado. El 30 de diciembre me marcho con mi novio a México y a la vuelta iniciaremos los preparativos de la boda. Llevamos cinco años juntos. Al principio todo iba sobre ruedas. Mi vida al lado de Juan era como una montaña rusa donde siempre me encontraba en el punto más alto, disfrutando del presente, hasta que un día, sin previo aviso, el vagón comenzó a precipitarse en el vacío y yo no tenía donde agarrarme. La rutina hizo mella en nuestra relación y la crisis económica terminó agrandando ese agujero imperceptible que poco a poco comenzaba a ser un abismo insalvable entre los dos. Pero yo no imagino mi vida sin él, ni él sin mí. Supongo que sabes a qué me refiero. Y es que nos pasa a todos, la costumbre se ha convertido en nuestro animal de compañía predilecto.
Así que ahora sólo quiero marcharme lejos. Olvidarme del frío, de la Navidad y de los compromisos y ya me imagino a mi misma dentro del avión. Cuando cierro los ojos veo una playa desierta, el suave rumor del mar invitándome a entrar y a confundirme juguetona y feliz entre sus olas. Otra vez Fin de Año. Esta vez prefiero no hacer balance. Sólo quiero hacer la maleta sin pensar. Llevarme aquellos libros que nunca termino de leer y mis prendas de verano favoritas. Abandonarme a simplemente no hacer nada.
La mañana ha transcurrido deprisa y la presentación ha sido un éxito, como esperaba. El cliente nos ha confirmado su continuidad, pero mi cabeza está en otra cosa. Un último vistazo a mi agenda, recojo mi mesa y me despido de mis compañeros. Sonrisas, Feliz Navidad, buenos deseos y un hasta el año próximo, hasta la vuelta. Ahora me siento relajada y por primera vez en mucho tiempo una sonrisa me acompaña. Me subo al coche, acelero y me confundo entre la multitud de coches. El asfalto está congelado. Se presiente el atasco. Enciendo la radio. Cambio de canal y comienzo a aclarar mis ideas. Acabo de pasar de largo mi calle y el portal de mi casa. He decidido arriesgarme, seguir adelante y emprender un nuevo viaje. Adiós a Juan, adiós a México y adiós maleta. Todo ha sucedido en cuestión de segundos, pero lo tengo claro. En esta nueva etapa no necesito cargar con equipaje.

Hay veces en la vida en los que es necesario un cambio de itinerario, como igual de necesaria es una gota de océano en medio de un abrasador desierto y entonces lo que parece ser el final da lugar a un nuevo comienzo. Simplemente sientes dentro de ti que ha llegado el momento de volver a pasar tiempo contigo mismo, de quererte tal y como eres y de recuperar tu felicidad personal. Ya sé dónde iré. Me marcharé a pasar unos días al pueblo de mis abuelos, donde transcurrió mi infancia y a la vuelta volveré a confiar en la vida, me escucharé a mí misma y haré aquello que sienta. No quiero volver a hacer planes, ni programar mi vida minuto a minuto. Acabo de abrir la ventanilla del coche y he lanzado al aire mi agenda. Subo el volumen de la música,  me quito los tacones, los tiro al asiento de atrás y me pongo a cantar. Siento una emoción indescriptible. Sin duda alguna el viaje de mi vida está a punto de comenzar y  aunque no sé a dónde llegaré, sí conozco la ruta por la que a partir de este momento quiero conducir mi vida y comenzaré el año feliz y brindando por mi nuevo destino sin protocolos ni compromisos autoimpuestos.

Y tú ¿estás preparado para emprender un nuevo viaje? A veces nos pasamos toda nuestra vida viajando de un lugar a otro sin encontrar nuestro sitio y otras nos estancamos y permanecemos demasiado tiempo en el mismo lugar por temor a lo desconocido. Sean cuáles sean tus circunstancias personales, puedes empezar el viaje de tu vida en el momento que decidas y te sientas preparado. No importa que sea Navidad y estés rodeado de compromisos. No olvides que tú eres el conductor de tu propia vida y sólo tú puedes decidir el itinerario y el equipaje que deseas llevar contigo. Mira a tu alrededor, si no te gusta el paisaje que te rodea o la rutina que llevas cada día, ha llegado el momento de poner un nuevo rumbo a tu vida y para ello no necesitas marcharte demasiado lejos, sólo será necesario un cambio de mentalidad y que descubras aquello que te rodea con nuevos ojos, como la primera vez que viajas a un país que no conoces y así encontrarás oportunidades donde antes sólo veías obstáculos y un nuevo camino se abrirá ante ti.

Así comienza el viaje de tu vida, con una maleta cargada de sueños y un Diario de Viaje lleno de páginas en blanco,  para que seas tú mismo quien narre sus propias aventuras y hagas realidad tus sueños en el lugar que decidas, donde el corazón te lleve y tu alma se sienta libre y segura.

sábado, 28 de diciembre de 2013

EL TRAJE A MEDIDA

¿Sabes cuando comenzó a cambiar mi vida realmente? El día en el que estrené mi primer traje a medida. Hasta entonces todo lo que habitaba en mi persona era demasiado grande o demasiado pequeño y no sólo en lo que se refiere a mi vestuario, esto abarcaba a mi vida entera. En mi trabajo era un contable más, sin perspectivas de ascenso, yo sabía que podía progresar pero me sentía incapaz de hacerlo y en mi vida personal cada paso que daba era torpe, indeciso, sin personalidad y falto de acierto.

Si quieres saber por qué dejaba tan poca  huella en la mayoría de las personas no tengo respuesta a esa pregunta porque ni siquiera me conocía a mí mismo. Sólo sé que cuando iba por la calle mis amigos me evitaban y casi siempre caminaba pegado a las paredes o me hacía el distraído cuando me encontraba a algún conocido para no tener que saludarle y contarle lo evidente, que mi vida no caminaba por donde yo deseaba. Tal vez el problema sea que desde que somos pequeños nos venden una falsa idea del éxito alejada de la realidad y si tus expectativas no se cumplen, entonces sientes que eres un fracasado y que  nada parece estar hecho a tu medida. En definitiva, sientes que no encajas.

Un día cualquiera de un mes cualquiera, me encontré frente al escaparate de una elegante tienda de trajes de caballero y mis ojos se detuvieron ante una chaqueta azul de acabado impecable, cuyas medidas encajaban perfectamente en la silueta del maniquí que me observaba fijamente tras el otro lado del cristal. Seguí explorando la tienda y me fijé en un cartel cuidadosamente escrito con letra de imprenta, que rezaba "Se  hacen trajes a medida" e inmediatamente sentí un impulso incontrolable, una fuerza  invisible que me arrastró al interior del establecimiento y me situó frente a un agradable dependiente, vestido con amable sonrisa y de educación exquisita, que en tan sólo un abrir y cerrar de ojos me recomendó el color y  el tejido más adecuado y me tomó las medidas, así que casi sin darme cuenta había realizado el pedido de mi primer traje a medida. En dos semanas estaría listo. Guardé el resguardo en mi bolsillo y me marché sin creerme aún mi atrevimiento.
 
Las dos semanas siguientes me las pasé nervioso e ilusionado, imaginando el resultado final de mi nuevo traje y haciéndole espacio en mi armario mientras ordenaba mi ropa y observaba los cuatro trajes que tenía, dos me quedaban demasiado estrechos y de los otros dos me sobraban varias tallas, pero aún así yo los seguía usando cada día. Y allí colgados en su percha, mis trajes parecían decirme que mi vida no les pertenecía y que en realidad había nacido para llevar un traje a medida.
 
Por fin llegó el gran día, el día de recoger mi traje a medida. Era sábado. Me levanté temprano, me puse lo primero que encontré en el armario y me encaminé a la tienda tranquilo y confiado, con un talante diferente. Las calles parecían abrirse a mi paso y el miedo desapareció de mi rostro y en su lugar, una sonrisa triunfadora se convirtió en mi mejor carta de presentación. Cuando llegué a la tienda el dependiente parecía estar esperándome, pues ya tenía mi traje preparado, inmaculadamente colocado sobre una percha encima del mostrador. Fui al probador y en cuanto me puse el traje me sentí diferente. Encajaba a la perfección en mi silueta, me quedaba como un guante. Sentía flexibilidad, comodidad y también mucha seguridad en mí mismo.  Dejé lo que llevaba puesto en el probador, pagué mi pedido y sin pensarlo dos veces salí de la tienda impecablemente vestido con mi recién estrenado traje a medida.
 
A partir de aquel día adquirí una nueva dimensión de mi persona y comencé a sentirme bien conmigo mismo. Mi caminar se volvió seguro y confiado, dejé de esconderme tras las esquinas, mi lugar estaba en un lugar visible de la acera y así dejé de pasar desapercibido para la gran mayoría. Recibía saludos a mi paso, en los comercios me trataban con renovada amabilidad y en mi trabajo mis compañeros comenzaron a verme con ojos nuevos y pronto fui ascendido a jefe de departamento. En una cafetería, en una reunión de amigos, en un viaje de negocios...siempre sucedía lo mismo, me convertía en el centro de atención y era tratado con el máximo respeto y admiración. Y todo se lo debía a mi traje a medida. En un abrir y cerrar de ojos mis antiguos complejos desaparecieron y ya no me atrevía a quitarme mi nuevo traje, ni siquiera en sueños.
 
¿Por qué no me había hecho un traje antes? me preguntaba a mí mismo mientras veía cómo me convertía en alguien carismático e influyente, el tipo de hombre que siempre había deseado ser. Tenía que haber algún truco en la confección, quizás el tejido tenía propiedades mágicas pensé....Me sentía intrigado, así que una tarde en la que mis compromisos me lo permitieron decidí encaminarme con paso veloz a la tienda. El dependiente me recibió con una sonrisa. En pocas palabras le relaté lo que él ya parecía saber, que  el éxito me acompañaba desde que el traje a medida usaba y entonces me dijo algo que no he podido olvidar: "No hay secretos en la confección de tu traje, como tampoco hay secretos para el éxito. El único secreto es que el traje está hecho a tu medida y sólo tú encajas en esas medidas, nadie más. En la vida sucede lo mismo. Cuando encuentras aquello que se adapta a ti, comienzas a sentirte bien contigo mismo y para encontrarlo debes conocerte a ti mismo,  entonces te darás cuenta que has encontrado tu sitio en la vida. A veces te pasas toda la vida buscando tu lugar en el mundo sin encontrar tu camino,  por eso el único secreto es escucharte a ti mismo, para  descubrir cuál es tu medida, aquello que mejor te encaja. Si aún no has encontrado tu traje a medida, no te quedes con el que llevas puesto por comodidad y sigue buscando. Todos tenemos un traje a medida y  está hecho exactamente con aquellas experiencias que necesitamos y que nos corresponde vivir para permitirnos crecer como personas y encaminarnos hacia nuestra felicidad personal. Y cuando descubras aquello que mejor se adapta a tu persona, alcanzarás el equilibrio en cada situación de tu vida".  

Entonces comprendí que mi traje no era mágico, sólo me había ayudado a descubrir mi potencial y a encontrar mi propia medida en la vida, pero era yo quien lo hacía posible. Así que, a partir de aquel día decidí hacerme todos mis trajes a medida y dejé de usar los antiguos trajes,  que por comodidad había llevado demasiado tiempo, aun cuando no encajaban con mi forma de ser ni con mi persona.

Así que si alguna vez sientes que tu vida no marcha como a ti te gustaría o no te sientes bien contigo mismo, no sigas llevando el traje que no te corresponde. Párate, escucha lo que sientes y descubre cuál es tu medida. Seguro que hay algo que se adapta a ti y sabes hacer mejor que los demás. Todos tenemos un talento especial, un traje a medida, pero debemos encontrarlo y para ello nada mejor que conectar con nuestro interior y preguntarnos a nosotros mismos: ¿Qué es lo que más me gusta hacer? ¿Qué me  llena y me hace feliz? Cuando encuentres la respuesta, habrás encontrado tu medida perfecta.


 
 
 

viernes, 20 de diciembre de 2013

BORRAR LA PIZARRA

¿Alguna vez en tu vida te has sentido saturado? Seguro que sí y seguro que además tenías un buen motivo para ello. Sin embargo también es cierto que  los seres humanos nos colapsamos muchas veces por la acumulación de problemas. Es decir por la suma de lo que nos agobió ayer, además de lo que nos agobia hoy y lo que pensamos que nos agobiará mañana. Es como cuando vamos por una carretera donde hay más coches de lo normal, se produce un atasco. En nuestra vida sucede lo mismo con los problemas, con aquellos que ya existen en nuestra vida y con aquellos otros que aún no existen pero ya les hemos dado vida en nuestra mente. Y esto hace que nos saturemos.

Desde hace un tiempo y debido a la incertidumbre en la que se desarrolla nuestra vida en la actualidad, donde sabemos que no hay nada seguro y todo puede cambiar en tan solo un segundo, he decidido desarrollar mi vida exclusivamente en modo presente y cada día entreno mi mente para ello atendiendo  exclusivamente a lo que me sucede en el día de hoy y centrándome en vivir cada experiencia diaria como si fuera un momento único en mi vida, aunque esos momentos sean tan irrelevantes como ir a comprar el pan o limpiar la cocina, pero son parte de mi realidad y conforman mi día a día y mañana amanecerá un nuevo día que comenzaré con energía e ilusión atendiendo a lo que ese día la vida me depare y tomando las decisiones adecuadas para llegar al lugar que quiero en la vida. Sobre todo debemos tener en cuenta que nada está predeterminado y que todo puede cambiar si hacemos lo necesario para que ese cambio se produzca, pues el cambio depende de nosotros, no de circunstancias externas, así que no te dejes llevar por lo que te sucede porque tú eres el motor que lo hace posible.

A veces la causa de nuestra propia infelicidad somos nosotros mismos, pues en lugar de resolver la situación que tenemos delante, dejamos que nuestra mente nos lleve de viaje continuamente al pasado y al futuro y es ahí donde desarrollamos nuestra vida la mayor parte del tiempo, perdiendo nuestra energía en situaciones que suponemos, pero aún no han tenido lugar  o bien en hechos que ya sucedieron y no podemos cambiar por más que nos reprochemos a nosotros mismos el no haber actuado de otra manera.
 
Recuerdo una vez cuando era pequeña que mi querida abuela Carmen me dio a leer un artículo que no he podido olvidar. Decía que cada noche antes de irnos a dormir debemos borrar la pizarra y no llevarnos los problemas a  nuestro lugar de descanso, ni consultarlo con la almohada mientras intentamos conciliar el sueño y al día siguiente, cuando nos levantemos debemos  empezar de nuevo, con nuestra pizarra limpia, dejando espacio a lo nuevo y sin arrastrar lo que ha sucedido el día anterior. Es como cuando estabas en el colegio y tu profesor borraba la pizarra después de haber explicado un problema de matemáticas de difícil solución. Seguro que sentías alivio al ver cómo desaparecían todas aquellas operaciones matemáticas que no entendías y tu profesor pasaba a una actividad diferente con la pizarra otra vez limpia. Evidentemente no podemos borrar lo que nos sucede, si dijera "borrón y cuenta nueva" estaría mintiendo, pero sí podemos borrar nuestra actitud negativa y de derrota a la hora de enfrentarnos a los problemas y aprender a manejar las situaciones y los hechos que nos suceden dándoles el espacio adecuado en nuestra pizarra, sin sobredimensionarlos.

Ha pasado mucho tiempo pero no he podido olvidar este sabio consejo cada vez que me entran agobios o preocupaciones. Y es que los seres humanos somos expertos en hacer la montaña y en coronar la cima. Por eso, no lo olvides, preocúpate por el día de hoy y no por lo que aún no ha llegado a tu vida, porque tu mañana aún no existe, lo creas tú y depende de cómo actúes hoy y de las decisiones que tomes ahora mismo.

Así que, si quieres disfrutar de la vida que siempre has soñado y deseado, no olvides borrar tu pizarra cada noche y empezar cada nuevo día con ilusión y tu pizarra limpia, para que tengas suficiente espacio para escribir en ella todos tus sueños y puedas hacerlos realidad con tu acción y con tu pensamiento.
 

domingo, 15 de diciembre de 2013

CUANDO LLEGUE ENERO

¿Eres de los que se hacen propósitos para el nuevo año? Porque quien más, quien menos, todos nos proponemos empezar cada año de forma renovada y así estrenarnos a nosotros mismos en el que será el año definitivo de nuestra vida. Así, llegas al 31 de Diciembre y sigues todos los rituales propios de esa noche. Te pones tu mejor traje e iluminas tu noche con una gran sonrisa, preparado para dar la bienvenida al que por fin será tu gran año.

Los propósitos que nos hacemos son de lo más variado, pero a menudo coinciden con los de la gran mayoría, así que mientras suena la primera campanada algunos deciden ponerse en forma apuntándose a un gimnasio, repica la segunda campanada y piensas en cambiar un aspecto de tu carácter que no te gusta, con la tercera esperas que este año que comienza encontrarás al amor de tu vida o te casarás con tu pareja si ya la tienes y con la cuarta brindarás por empezar el año con un nuevo trabajo, llega la quinta y decides cambiar tu rutina y con la sexta tener un hijo, con la séptima hacer nuevos amigos, en alguna de las últimas campanadas planeas realizar el viaje de tu vida y casi te atragantas porque te quedan más uvas en el plato que campanadas,  así que al final brindas con tu copa mirando al cielo agradecido por tu buena salud y deseando hacer realidad todos y cada uno de tus propósitos.

Lo malo es que muchos de estos propósitos desaparecen con la misma rapidez que las burbujas desaparecen de nuestra copa de champán el 31 de diciembre y se quedan en meras intenciones que no llegamos a hacer realidad, así que, cuando damos el salto al 1 de Enero y comienza un nuevo año, nos desilusionamos al ver que todo sigue igual en nuestra vida, en algunos casos porque cambiar una situación no depende exclusivamente de nosotros, como el hecho de encontrar trabajo y la mayoría de las veces  porque no ponemos la actitud y fuerza necesarias para que todo cambie y cuando termina la Navidad nos encontramos más gordos, más pobres, con menos vitalidad, con la temible cuesta de Enero ante nosotros y en el mismo escenario. Así que como resultado, nos sentimos exhaustos.

En mi casa todo lo importante se ha dejado siempre para "Cuando llegue Enero". Para mi abuelo era una especie de filosofía de vida. Solía decir que los últimos días del año eran para descansar, estar con la familia y pensar en nuevos proyectos que debían ponerse en marcha en Enero, tras brindar por un nuevo comienzo. Ése era su lema. Y como mi padre siempre ha seguido los consejos de mi abuelo, hace unos años decidió dejar de fumar con el comienzo del nuevo año. Así que  mi madre lo llevó a una clínica donde te hipnotizan  y hacen que te olvides hasta de tu nombre. El caso es que mi padre volvió a casa como nuevo, pero a las dos semanas empezó a arañar las paredes y entonces empezó a fumar a escondidas y de ahí pasó a los dos paquetes de toda la vida. Total que tiró la toalla. Tanto rollo para nada y es que no sé por qué los mayores tienen tan poca fuerza de voluntad. Ellos te obligan a todo pero luego no cumplen lo que prometen y qué mal ejemplo nos dan a los hijos a veces.
 
 Luego fue mi madre. Siempre quiso tener una niña y para ella fue una decepción tremenda tener un niño pues no podía vestirme ni peinarme igual que ella, como esas famosas que ve en las revistas, que convierten a sus hijas en su versión mini yo. Asi que, hace varias navidades mi madre se empeñó en tener una niña, compró ropita de color rosa e incluso pidió ese deseo en su carta a los Reyes Magos. Entonces llegó mi padre y le dijo la frase mágica: "no te preocupes, cuando llegue Enero la encargaremos", ¿y sabes qué?  al final mi padre le regaló un perro y en Enero mi madre se olvidó de todo y convirtió a Scooby en el centro de su existencia. Y después fue la idea de adelgazar, luego la de regresar a la universidad y un sin fin de cosas más que ya ni recuerdo...todo en mi casa se dejaba para Enero y ya sabes tío, como en el Triángulo de las Bermudas, el propósito desaparecía sin dejar rastro.

Y ahora mientras riego las plantas de mi casa y las veo lentamente crecer de la misma manera que veo lentamente crecer mis sueños, pienso otra vez en la maldita frase de "cuando llegue Enero" que los mayores suelen repetir hasta la saciedad para marcarse objetivos y metas que saben que nunca cumplirán y uno se pregunta por qué la gente va aplazando indefinidamente aquello que quiere hacer cuando saben que en realidad nunca lo harán, ni tendrán tiempo más adelante. Quien quiere hacer algo diferente, no lo dice, tan sólo se pone manos a la obra y lo hace en ese momento.

¿Y sabes qué tío? eso he hecho yo. Con el dinero que me dejó mi abuelo, me he pagado un curso de inglés en Londres y en Enero dejaré la casa de mis padres y me marcharé a estudiar y a buscar trabajo a Londres. Adiós a las obligaciones y rollos de mis viejos y hola a mi nueva vida. Y no le he dicho esto a nadie, a mis viejos ni media palabra tío, porque entonces puede que ya no lo haga nunca, como ellos. Puede que me equivoque pero ¿sabes qué? correré ese riesgo y haré realidad mis sueños y lo mismo te aconsejo tío, cuando quieras algo en la vida, hazlo ahora, ve a por ello y no lo aplaces indefinidamente buscando las circunstancias perfectas de tu vida, porque tal vez nunca aparezcan. Las circunstancias perfectas debes crearlas tú cada día, de la misma manera que no basta con soñar, debes trabajar y construir tus sueños para hacerlos realidad.  Así que dime: ¿Qué harás tú cuando llegue Enero?...Mejor no me lo digas amigo y simplemente hazlo.

Con esto me despido de ti, no sin antes decirte que mi propósito para el nuevo año es desearte de corazón que hagas realidad todos y cada uno de tus sueños, pero para ello, comienza ahora, no esperes a que llegue Enero.
 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

LA PÁGINA EN BLANCO

Tu vida comienza
con una página en blanco
como el lienzo del maestro.
Blanco es el paisaje del invierno
y blancas las palomas de la paz
cuando vuelan libres por el cielo,
blancas son las paredes de tu alma
cuando se encuentra serena
y blanca es la espuma del mar
cuando se despide de las olas
en la orilla sedienta de mar.

Cuando eres pequeño
comienzas a dibujar tu página
con sueños de niño ilusionado
y a medida que vas creciendo
a veces ves tus lágrimas
caer sobre tu página,
intentando borrar tus sueños.

No tengas prisa por
escribir la página de tu vida.
Debes hacerlo despacio y
tomarte el tiempo que necesites
para conocerte y encontrar
tu lugar exacto en la vida.

Nunca te ha gustado el espacio vacío
y a menudo cometes la equivocación
de precipitar el guión de tu vida
y llenarlo de finales infelices
y de experiencias innecesarias.
Pero no temas hacer tachones
o cometer cientos de errores,
pues casi siempre, de las mayores equivocaciones
surge tu verdadero camino en la vida.

Y si alguna vez tienes dudas,
detiene tu pensamiento
tan sólo un instante, tan sólo un segundo
y encontrarás que de tu silencio
nacerá la respuesta que necesitas
para seguir escribiendo tus sueños
en la página de tu vida.

A medida que el tiempo pasa
sientes que cada vez
te queda menos espacio
para seguir llenando tu página en blanco.
Intentas apresurarte y escribir deprisa
por temor a no dar por terminada
la página de tu vida,
pero si prestas atención
y te escuchas a ti mismo
te darás cuenta que tu página
no finaliza y es infinita
porque cada día que nace
te dará la oportunidad de empezar
una nueva página en blanco y
cuando la noche llegue y
te envuelva con su manto
y las estrellas te saluden desde el cielo
les harás entrega de la página de ese día
sin mirar atrás y sin arrepentirte de tu pasado
y con cada nuevo amanecer nacerá en ti,
la oportunidad de crear una nueva página
y aunque pienses que no depende de ti
eres tú mismo quien escribe su historia
y quien decide hoy, cómo será su mañana.

Y si alguna vez no te gusta el guión de tu vida,
o sientes que no puedes pasar página,
deja simplemente que tu página se la lleve el viento
y acepta los aires de cambio,
que oportunamente llegan a tu vida
para hacer viajar a tu página
al lugar en el que hoy decidas
comenzar una nueva vida.

Sólo tú puedes saber
cómo contar tu historia,
así que sólo tú puedes ser autor
de la página en blanco de tu vida.

Hoy comienza tu destino
a ser como decidas,
hoy tú mismo escribirás tus sueños
en la página en blanco de tu vida
y ése será el mayor regalo
que recibirás del Universo,
el saber que sólo depende de ti
resolver la incógnita de la felicidad
de la página en blanco de tu vida.