martes, 25 de febrero de 2014

CUANDO TODO CAMBIA

Llega un día de tu vida en el que decides dejar atrás tus miedos y caminar con paso firme. Ese día sobrepasas todos tu límites y te acercas al final del horizonte, donde hasta ahora se encontraba el precipicio, ése lugar donde aquello que existe parece terminar, pero es allí donde descubres el comienzo de un nuevo camino. Antes no te atrevías a llegar tan lejos, pero sabes que si no conoces tus límites, nunca sabrás quién eres realmente y para avanzar, necesitas  convertirte en tu mejor compañero de viaje y dejar atrás las huellas imborrables de tu pasado.
Cierras los ojos y en tu pensamiento no sabes qué dirección tomar, pero no te importa, porque tienes la certeza de que, cualquiera que sea  tu destino, lo que te espera es bueno. Sientes que algo se ha transformado dentro de ti. Ese día recuperas la confianza en ti mismo y te bajas del carro de la incertidumbre, esa vieja amiga-enemiga que nunca te deja avanzar y te aleja del lugar al que quieres llegar en la vida.

Todo comienza en el instante en el que decides darte otra oportunidad y construyes un nuevo yo a partir de tu verdadera esencia, ésa que  conoces bien y te fue concedida el primer día de tu vida. Sabes que la felicidad es posible más allá de tus sueños y que para que forme parte de ti, debes buscarla en lo más profundo de tu ser y abrir de par en par las puertas de tu alma, para crear señales nuevas que guíen tu camino, basadas en tu propia experiencia.
A veces no es necesario que algo cambie en tu vida, para que todo te parezca nuevo. El cambio se produce en tu interior y esa nueva forma de verte a ti mismo, transforma por completo tu realidad presente y dejas de formar parte del paisaje, para convertirte en creador del paisaje de tu vida con cada decisión que tomes y cuando mires al cielo y observes las nubes del horizonte, verás que tu vida avanza como ellas, aprendiendo cada día de su recorrido infinito por cada rincón de la tierra.

Cuando todo cambia, dejas atrás las cadenas que te impedían avanzar y estrenas alas nuevas.  Aprendes a volar y tu libertad se convierte en tu mejor compañera. Tu luz vuelve a iluminar la noche y brilla cerca de las estrellas, reflejando la sonrisa de tu rostro al universo.

Cuando cambias la forma de verte a ti mismo, todo lo que existe en tu vida cambia. De ti depende el conseguirlo...

                                            

domingo, 16 de febrero de 2014

LA FECHA DE CADUCIDAD DE LA FELICIDAD

Hace unos días mientras hacía la compra, le daba vueltas a un comentario que me había hecho un amigo recientemente: "¿Sabes cuál es mi problema? Mi problema es que no soy feliz" y con esta afirmación resumía lo que para él significa su día a día. Mientras pensaba en esta frase, revisaba la fecha de caducidad de cada producto que iba metiendo en mi cesta de la compra y entonces pensé que tal vez el problema de la felicidad es que su fecha de caducidad es casi instantánea y apenas estamos saboreando un momento feliz en nuestra vida, cuando ya se ha terminado. Sin embargo sentimientos como la tristeza, la apatía y el desánimo se comportan como productos no perecederos, pues parecen prolongarse indefinidamente en nuestra vida hasta convertirse en el ingrediente principal de nuestro quehacer cotidiano. Quizás puedas pensar que la vida es un engaño y que algo estamos haciendo mal cuando no somos capaces de mantenernos felices durante mucho tiempo y sin embargo podemos pasar largas temporadas en estado de depresión. Lo cierto es que deberíamos intentar prolongar la fecha de caducidad de la felicidad, pero ¿cómo conseguirlo?.

A veces sucede que encuentras en tu nevera un producto que está a punto de caducar y no tienes más remedio que consumirlo, aunque inicialmente tenías previsto comer otra cosa ése día, así que al final cambias tu decisión y terminas cocinando lo que está a punto de estropearse, aun cuando no te apetece, sólo por no tirarlo. Esto mismo sucede en nuestra vida diaria cada vez que hacemos cosas que no deseamos, sólo porque ya estaban ahí, por obligación o por el qué dirán y esto hace que la fecha de caducidad de nuestra felicidad se precipite.

Y eso por no decir lo mucho que nos preocupa pensar si nos sentará mal comernos un producto ya caducado, aun sin haberlo probado. Es mejor que no le des más vueltas a lo que pueda pasar y lo tires, porque otra cosa que intoxica y hace caducar tu felicidad es preocuparte por cosas que aún no han sucedido en tu vida pero temes, impidiéndote vivir el momento presente.

No sé si a ti te ocurre, pero a mí me sucede que casi todas las semanas compro los mismos productos, que suelo reponer cuando se terminan y por este motivo, casi siempre hago la lista de la compra rápidamente, porque me la sé de memoria. Bien es cierto que en la cocina cuando te acostumbras a hacer lo que ya sabes que te funciona, dejas apartado la posibilidad de preparar nuevas recetas, porque prefieres seguir en la monotonía conocida, que arriesgarte  a probar algo que tal vez no te va a gustar o no te va a salir bien. La rutina es uno de los mayores enemigos de la felicidad y hace que su fecha de caducidad se acelere. Así, cuando estás pasando por una situación de monotonía en la que todos los días te parecen iguales, si añades nuevos ingredientes a tu vida puedes alcanzar nuevos estados de felicidad que desconocías, pero debes atreverte. No hagas siempre lo mismo y cambia algo. Por muy insignificante que pueda parecer una pequeña modificación en tu vida, siempre constituirá un gran empuje y te ayudará a prolongar la fecha de caducidad de tu felicidad.
 
Tampoco debemos olvidar esos momentos en los que paseamos por un centro comercial y llenamos nuestro carro con nuevos artículos de los que nos hemos encaprichado, pero una vez adquiridos, nos damos cuenta que éstos no han producido en nuestra vida el cambio que esperábamos y entonces nos sentimos más insatisfechos e infelices que antes, porque vemos cómo esa "adquisición" no ha conseguido llenar nuestras expectativas y en realidad nos aleja aún más de la felicidad. De nuevo entra en juego la fecha de caducidad, porque aquello que no forma parte de nuestra vida y tanto deseamos, ya sea una experiencia, una persona o un objeto, nos deja de interesar en cuanto pasa a formar parte de nuestra vida y así vamos atesorando instantes de felicidad caducados que nos producen más monotonía y aburrimiento.

Otras veces compramos productos que tienen una fecha de caducidad muy tardía, los guardamos en un armario y nos olvidamos de ellos, pensando que ya los consumiremos más adelante y al cabo del tiempo nos damos cuenta que han caducado. Esto mismo nos ocurre cuando posponemos lo que deseamos hacer para más adelante, pensando que tendremos tiempo y entonces las circunstancias de tu vida cambian y nunca puedes llevarlo a cabo y te pierdes el momento en el que había sido posible hacerlo, volviendo a caducar una vez más tu posibilidad de felicidad presente.

Y si la felicidad tiene fecha de caducidad ¿qué ocurre con los seres humanos? porque nuestra fecha de caducidad no se produce exclusivamente al morir, se produce cuando nos quedamos paralizados y perdemos las ilusiones, las ganas de seguir adelante y la capacidad para reinventarnos a nosotros mismos. Nuestra fecha de caducidad es un pasaporte hacia ninguna parte, hacia aquel lugar donde no te gustaría viajar, pero en el que has estado demasiadas veces.

Nuestra vida está formada por esos momentos de espera que vivimos resignadamente pensando que cuando terminen llegará la verdadera felicidad y es justo en ese instante cuando nuestra felicidad caduca, porque ya no aprovechas el presente, que  aparece en tu vida como un momento único e irrepetible para ser feliz. Por eso no dejes nunca de tener una ilusión o de luchar por un sueño. Un sueño no tiene por qué ser una meta inalcanzable y alejada de la realidad. No pienses en aspiraciones imposibles y dime tan sólo qué te gustaría hacer hoy, piénsalo detenidamente, porque aquello que desees hoy se convertirá en la materialización de tu sueño y en la posibilidad de tu felicidad presente, la única que tenemos. No te engañes a ti mismo pensando que lo mejor está por llegar, porque lo mejor es lo que tienes ahora y de ti depende el que así sea.

Así que, si alguna vez piensas que tu problema es que no eres feliz, tal vez el secreto está en saber aceptar que todo en la vida tiene un principio y un final y que para todo existe una fecha de caducidad. Algunos periodos de tu vida serán de gran tristeza y otros de gran felicidad, por eso debes vivir intensamente aquellos momentos en los que la felicidad llame a tu puerta e intentar prolongar la fecha de caducidad de ese instante y cuando estés triste o desanimado, el recordar los momentos felices que has vivido te ayudará a vencer los paisajes de dificultad por los que a veces la vida te hace caminar.

¿Cuánto quieres que dure tu felicidad? Puede que tu felicidad no sea eterna ni dure para siempre, pero de ti depende su fecha de caducidad.

 

domingo, 9 de febrero de 2014

LA OCASIÓN ESPECIAL

¿Alguna vez has reservado algo para una ocasión especial? Hace un tiempo una de mis mejores amigas me regaló un paraguas precioso, con un mango antiguo que me recordaba al que usaba Mary Poppins en mi película favorita de la infancia, tal vez por eso solía llamarlo así. Tan bonito me parecía el paraguas que temía que sus finas varillas se rompieran o estropearan en un día de viento o lluvia intensa, así que solía reservarlo para una ocasión especial. Y mientras este hermoso paraguas permanecía solitario, colgado en una percha detrás de la puerta de mi habitación,  yo seguía usando mi viejo paraguas de siempre, que había aguantado en más de mil batallas.

Hoy era un sábado de invierno como otro cualquiera, amenazaba lluvia pero probablemente no llovería, así que me pareció el momento ideal para llevar mi paraguas de Mary Poppins, pues seguramente no tendría que usarlo y se mantendría en perfecto estado, como siempre. Sin embargo por la tarde, cuando regresaba a casa en metro, iba subiendo por una escalera mecánica que repentinamente se estropeó y se detuvo, por lo que tropecé y perdí el equilibrio, estando a punto de caerme. Aparentemente no había sucedido nada, pero cuando miré mi paraguas me di cuenta que se le había roto el mango y ya nunca más podría volver a usarlo. Así que he visto decepcionada cómo mi paraguas a estrenar, se ha roto incluso antes de que llegue la ocasión especial de usarlo.

Esto me ha recordado a una situación parecida que viví en mi infancia. Cuando era pequeña iba a jugar a casa de una amiga que tenía muchos hermanos. Mi amiga y su familia solían hacer su vida diaria en una salita muy pequeña, donde apenas cabían todos incómodos y apretados, sin embargo, la casa disponía de un gran salón decorado con cuadros y muebles antiguos muy bonitos que siempre permanecía cerrado. Yo no podía entender esto, pero la madre de mi amiga decía que sólo lo utilizaban en celebraciones especiales y de esta forma siempre estaba ordenado y los muebles se conservaban en buen estado. Unos años después, mi amiga y sus hermanos, por diferentes circunstancias de la vida,  se tuvieron que ir a vivir a ciudades alejadas de nuestra ciudad natal, algunos incluso  se marcharon a trabajar fuera de España y apenas disponían de tiempo para visitar a sus padres más que una o dos veces al año. Así que el gran salón siguió cerrado, puesto que las oportunidades de ocasión especial escaseaban. Tal vez de haber sabido que sus hijos se marcharían tan lejos, la madre de mi amiga se habría dado cuenta que en realidad cada día que habían pasado juntos había sido un momento único, ahora desperdiciado, para disfrutar juntos del gran salón que siempre había permanecido cerrado. Estoy segura de que si la madre de mi amiga pudiera retroceder en el tiempo y considerar cada día como una ocasión especial, lo habría hecho, pero desafortunadamente las agujas del reloj sólo giran en una dirección y a veces se nos olvida vivir plenamente el presente pensando que un futuro mejor nos espera.

¿Cuántos momentos de tu existencia reservas para esa ocasión especial que nunca sucede? Tal vez esa joya familiar que atesoras aguardando para lucirla en ese gran evento al que nunca te invitan o ese traje que apenas usas esperando el día especial para llevarlo puesto, permanezcan guardados toda tu vida porque piensas que no ha llegado la ocasión especial de hacerlo. Quizás piensas en estos instantes en esa persona que siempre ha estado a tu lado y a la que sólo dices te quiero o le haces un regalo el 14 de febrero o el día de vuestro aniversario, cuando ¿acaso no la sigues queriendo los 363 días restantes del año? y es que cualquier día es el momento perfecto para sorprenderle y demostrarle tu afecto.

No reserves el viaje de tu vida para cuando tengas tiempo o te jubiles, porque tal vez ese momento nunca se produzca. No esperes a que lleguen las vacaciones para leer tu libro favorito o para hacer aquello que más te gusta, ni a que sea 31 de diciembre para desearle los mejores propósitos a un gran amigo y luego olvidarte de él en cuanto las campanadas dan la bienvenida al nuevo año. No esperes un ascenso para descorchar una botella de champán, ni a que sea tu cumpleaños para darte un capricho, ni aguardes a que España juegue la final del Mundial para pasar una tarde tomando cervezas con tus amigos.

No puedes abandonar tu vida en espera de la ocasión especial, porque seguro que muchas ocasiones especiales se te han escapado esperando a que llegue ése gran momento y en ese preciso instante es cuando te lo pierdes, porque la ocasión especial siempre ha estado ahí, en las pequeñas cosas que forman parte de tu vida y te acompañan cada día, pero tú no has sabido verlo, porque crees que un momento especial sólo sucede cuando se produce un gran acontecimiento que cambia tu vida y entonces tú mismo te cierras la posibilidad de que ese instante mágico se produzca, porque no crees en él. Cualquiera que sea tu religión o tu creencia, cada día es una ocasión especial para celebrar la vida y para sentirte agradecido por estar aquí y por tener el privilegio de comenzar un nuevo día y aunque a veces el destino te lleve por caminos difíciles, lleno de obstáculos y piedras y no encuentres sentido a tu vida, si puedes escuchar el latido de tu corazón y demostrar tu coraje y tu valía, es porque tu vida tiene un sentido y un valor y así es cómo deberías verlo.

Devolver una sonrisa, dar las gracias o decir te quiero, escuchar una bella canción, dar un paseo por el parque con tu hijo, comer tu plato favorito, contemplar la puesta de sol o compartir un rato con tus seres queridos son ocasiones especiales que pueden suceder cuando tú decidas.

Si cada día te regala el privilegio de contemplar el amanecer y puedes observar cada anochecer el resplandor de la luna y las estrellas, encontrarás que no hay ocasión más especial que ésta y sucede exactamente cada veinticuatro horas.

Tu vida entera es una ocasión especial y si lo consideras de esta manera, vivirás intensamente y celebrarás cada día ser el protagonista de cada momento de tu existencia.

No esperes más tiempo para vivir una ocasión especial y empieza ahora, desde este mismo segundo....



martes, 4 de febrero de 2014

EL ROMPECABEZAS

Cuando era pequeña sentía cierta fascinación por los rompecabezas. Admiraba el modo en el que una figura podía ser obtenida a partir de piezas aparentemente inconexas entre sí que por sí solas parecían no tener ningún significado y que unidas formaban un todo. Recuerdo la frustración que sentía cuando no conseguía encajar todas las piezas y, en contrapartida, la gran satisfacción al contemplar la obra terminada.

Cuando el rompecabezas está sin resolver se produce en nosotros la duda. Cada pieza representa la incertidumbre, porque por sí sola no significa nada para nosotros y queremos encajarla cuanto antes para ver el rompecabezas terminado y aunque a veces el resultado sea diferente al que esperábamos, el sólo hecho de contemplar algo que reconocemos fácilmente, nos produce tranquilidad, estabilidad y nos hace entrar en la zona de confort, lo conocido. Lo mismo sucede con nuestra vida cotidiana, a menudo queremos dar estabilidad a nuestra existencia buscando el encaje perfecto ante situaciones sin resolver y entonces nos precipitamos y encajamos las piezas equivocadamente, obteniendo un resultado diferente al esperado y dando lugar a un nuevo rompecabezas que nos aleja de nuestras metas personales. En esos momentos sentimos que nuestra vida no marcha bien y es porque la rapidez con la que desarrollamos nuestra existencia y la falta de conexión con nosotros mismos, hace que consigamos el efecto contrario y que nuestro rompecabezas tenga cada vez más piezas separadas entre sí, cuando la realidad es que cada pieza requiere un tiempo y un espacio para desarrollarse y encontrar su lugar exacto.

La gran mayoría de piezas que conforman nuestro rompecabezas las vamos adquiriendo a lo largo de los años, es por ello que a veces tenemos la sensación de vacío, por aquello que anhelamos conseguir pero aún no ha llegado a nuestra vida. Otras veces sentimos que nos sobran piezas, es decir, situaciones que desearíamos no haber vivido y que preferiríamos olvidar cuanto antes, puede incluso que nos encontremos con piezas duplicadas, exactamente iguales entre sí, porque la vida pone en nuestro camino las mismas experiencias una y otra vez hasta que conseguimos superarlas. Y hay ocasiones en las que deseamos las piezas de los rompecabezas de otras personas, pensando erróneamente que son mejores que las nuestras.

El rompecabezas de nuestra vida está formado por nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. En el pasado está el comienzo, nuestro punto de partida y de referencia, por ello es fundamental conocernos a nosotros mismos, pues nuestro origen forma la primera pieza de nuestro rompecabezas y nuestra educación determinará la posición que adquirirán las demás piezas a lo largo de nuestra vida. El presente es el ahora, nuestro momento y el futuro el resultado, la proyección de nuestro presente. A veces nos pasamos gran parte de nuestra vida viajando a través del tiempo para intentar encajar todas las piezas y en esa búsqueda del encaje perfecto de nuestro rompecabezas nos olvidamos de lo más importante: vivir en el momento presente, aun cuando sólo dure un instante. El presente es el único lugar en el que podemos modificar cada pieza y encontrar la solución a todas las incógnitas de nuestra vida.

Si alguna vez te preguntas cómo puedes resolver el rompecabezas de tu vida, sólo cuando llegues a un conocimiento profundo de ti mismo, te darás cuenta que en realidad no te falta ni te sobra ninguna pieza, ni necesitas pasarte la vida entera intentando encajarlas entre sí. Lo extraordinario de la vida te enseña que todas las piezas que conforman tu rompecabezas son necesarias para tu crecimiento y evolución personal. Y por eso, tu rompecabezas es perfecto.

sábado, 1 de febrero de 2014

LO QUE PERMANECE

Esta tarde mientras paseaba por la Gran Vía he contemplado la belleza de algunos edificios y esculturas que, desafiantes al paso del tiempo, siempre han estado ahí, imponentes y atrayentes, pero a su vez invisibles para casi todos. La mayoría de las veces no apreciamos lo que estamos viendo y es porque miramos, pero no vemos y es justo en ese preciso instante cuando lo importante pasa desapercibido, es decir, aquello que permanece.

Lo que permanece es lo auténtico de las personas, de las cosas, de las situaciones y de los hechos, lo que trasciende a las modas y perdura a través del tiempo. Lo que permanece es como el viento, llega a todos los rincones del universo y habita en el interior de nuestra alma. Nuestros antepasados nos transmitieron su conocimiento de la misma manera que nos enseñaron a usar el fuego, sin embargo aquello que está siempre a nuestro lado es pronto olvidado y centramos nuestra existencia en lo que no permanece y carece de autenticidad.

Hoy quiero invitarte a que descubras la verdadera esencia de lo que permanece y todo aquello que antes era invisible a tus ojos cobrará un nuevo sentido. Encontrarás respuestas a preguntas que antes suponían una incógnita sin resolver en tu vida, descubrirás nuevas oportunidades de negocio donde antes no veías salida, desarrollarás en ti mismo valores de los que pensabas que carecías y redescubrirás personas que siempre han estado a tu lado, pero parecían invisibles a tus sentidos. Cuando valoras lo que permanece, comienzas a mirar tu entorno con un cristal diferente y captas el  significado auténtico de lo que te rodea. Es como cuando paseas por un parque y de pronto descubres un paisaje maravilloso que siempre ha estado ahí y antes no habías sabido ver porque habías cerrado los ojos a lo que permanece.

Los seres humanos nos encontramos en una búsqueda incesante de nuevas experiencias, nuevos amores, nuevas sensaciones y nuevas partes de nuestro ser y nos quedamos ciegos de aquello que permanece y  es así como el más bello edificio, canción, oportunidad o persona se convierten en inexistentes, a pesar de estar aquí ahora presentes. Aparecen y  desaparecen de tu vida para siempre, como si nunca hubieran existido.  Pero más allá de tus circunstancias y de tu momento presente, dentro de ti se encuentra el poder de recuperar el valor de lo que permanece y su verdadera esencia.

Sólo debes escucharte a ti mismo y escuchar el lenguaje del universo y cuando entiendas su verdadero significado, sólo entonces habrás descubierto que lo que permanece forma parte de ti desde el momento de tu nacimiento y siempre caminará contigo, a tu lado y dará sentido a toda tu existencia. Si miras el mundo desde esta perspectiva, alcanzarás una nueva dimensión de la realidad que te rodea y dejarás de buscar tu bienestar en lo efímero y fugaz, porque es en lo que permanece donde se encuentra la llave que abre la puerta que te conduce hacia el camino de la verdadera felicidad.


 

sábado, 25 de enero de 2014

EL ESPEJO Y LA REALIDAD



Uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida fue un espejito que me regaló mi abuela cuando era pequeña. Mi abuela había trabajado en su juventud en una fábrica de espejos y lo consideraba un objeto mágico, porque representa un fiel reflejo de la realidad y solía repetirme que "si quieres saber la verdad sobre algo, el espejo te dará siempre la respuesta adecuada".

Mi abuela me inculcó la necesidad de hablar a diario con el espejo y por eso me regaló aquel maravilloso objeto que ella misma había tallado a mano, en pedrería de diferentes colores. Yo era muy pequeña aún y apenas podía sostener el espejo entre mis manos, pero a partir de aquel día aquel preciado objeto se convirtió en mi joya predilecta y lo llevaba conmigo a todas partes. Junto al espejo, me entregó una carta que leí a toda prisa, sin entender su verdadero significado y ella me dijo que la conservara para leerla con más detenimiento cuando fuera mayor y ella ya no estuviera a mi lado, así que mi madre la guardó cuidadosamente sabiendo que me sería de utilidad en el futuro.

Años después, sucedió que en mi vida comenzaron a fallar varios pilares fundamentales como la salud, el trabajo, los amigos y también por qué no decirlo, era muy poco afortunada en el amor. Yo me sentía muy insegura e incapaz de hacer algo para cambiar lo que sucedía, porque siempre hacía culpable de mi situación a las circunstancias externas. Sin embargo, el día que decidí empezar una nueva vida fue aquel en el que se me cayó al suelo el espejo que me había regalado mi abuela y al recogerlo vi mi imagen reflejada en mil pedazos. Entonces me di cuenta que en realidad, mi abuela quería que mirase más allá del espejo y me centrase en aquello que no puedes ver pero da sentido a toda tu vida y sentí la necesidad de trabajar sobre mi persona para recomponer cada pieza de mi vida que no encajaba. Sabía que no sería tarea fácil, pero era necesario mirar dentro de mi, si quería sentirme bien conmigo misma.

Una de las primeras cosas que hice, fue volver a leer la carta que mi abuela me había entregado junto al espejo y no había vuelto a leer desde que era una niña. Entonces sentí de nuevo aquella emoción indescriptible de la primera vez que sostuve su espejo entre mis manos.

Algunas de las palabras de mi abuela que más me impactaron fueron las siguientes: "Cuando te miras a un espejo, el problema con el que te enfrentas no es la realidad de lo que aparece ante ti, si no la interpretación que tú haces de esa realidad. Da igual que seas fea o guapa, lo importante es cómo te veas a ti misma y cómo interpretes aquello que ves y si quieres que la interpretación sea positiva, debes trabajar tu autoestima. Si te quieres a ti misma, te gustará la imagen que ves reflejada en el espejo, pero si te sientes triste, deprimida y aborreces tu vida, no te gustará lo que aparece reflejado, aunque tu rostro sea el más hermoso del mundo, pues te sentirás una persona desgraciada. La imagen que ves reflejada en el espejo se retroalimenta con aquello que sientes, potenciando los sentimientos que tienes en esos momentos. Si son sentimientos de felicidad verás reflejada esa luz en el espejo y esa luz se trasladará a toda tu vida, pero si son sentimientos de tristeza, todo aquello que aparezca reflejado en el espejo te parecerá gris y falto de vida. Lo mismo sucede en la vida de cada persona. Existe una realidad y la interpretación que hacemos de ella. Lo ideal sería que nos limitásemos a ver la realidad tal  y como es, como aparece en el espejo, pero eso sólo sería posible si no tuviéramos pensamiento propio. Por eso, no te dejes engañar por lo que veas reflejado en el espejo pensando que hay una realidad  única e inamovible que es tal y como aparece ante ti, porque hay otra realidad invisible paralela creada por tu propio pensamiento que hace posible que puedas modificar la imagen real del espejo, dando como resultado la proyección de aquello que tú desees. No olvides trabajar el mundo de lo invisible, donde encontrarás las respuestas que necesitas y sobre todo recuerda que tu felicidad depende de tí".

A partir de aquel día volví a mirarme cada mañana en el espejo y al ver mi imagen reflejada, me preguntaba qué sentía y prestaba atención a los pensamientos que tenía sobre mi persona, trabajando aquellos que no me gustaban y eran negativos y construyendo nuevos pensamientos, hasta llegar a una aceptación de mi propio ser. Entonces vi reflejada aquella mujer que siempre había sido y no había sido capaz de ver, alguien con valor y capaz de dirigir su propia vida hacia el camino de la felicidad. Por fin comenzaba a comprender aquello que mi abuela había intentado enseñarme toda su vida y es que la imagen que aparece reflejada en el espejo depende de tu pensamiento y tú la puedes moldear cada día, convirtiéndola en aquello que tú desees.

Así que, si alguna vez te miras en el espejo de tu vida y éste no te devuelve la imagen que esperabas, tal vez ha llegado el momento de mirar dentro de ti mismo y determinar qué es aquello que no funciona bien y necesitas arreglar para recomponer todas las piezas que conforman tu persona. El pegamento más efectivo para volver a encajar todas tus piezas es quererte y aceptarte a ti mismo. Entonces volverás a ver tu reflejo en el espejo de la misma manera que el sol se refleja en el horizonte cada amanecer y sentirás que una nueva luz nace en tu interior y si miras dentro de ti mismo, siempre encontrarás la respuesta que necesitas. 
  

domingo, 19 de enero de 2014

LUCES Y SOMBRAS

Nuestra vida  se compone de luces y sombras, dos opuestos que no podrían vivir el uno sin el otro;  como la vida y la muerte; la alegría y el dolor; la riqueza y la pobreza; la belleza y la fealdad; la salud y la enfermedad...Cada uno de nosotros podemos decidir cuál de los dos potenciar, sin embargo, cuando perdemos el equilibrio nuestra balanza se desajusta y uno de estos opuestos pesa más que el otro, normalmente el negativo, haciendo que nos colapsemos y seamos incapaces de seguir adelante. No hay una sola persona que no haya pasado por un momento de sombra a lo largo de su vida, incluso aquellas que pensamos que llevan una vida de éxito. Sin embargo, es en la adversidad cuando más crecemos y nos hacemos más fuertes. 
La sombra es el maravilloso lugar donde puedes resguardarte en un día de extremo calor, pero también se puede convertir en tu mayor enemiga cuando la utilizas para ocultarte de la realidad. Y aquí habría que referirse a esos momentos en los que  vives a la sombra de tu propia vida, sin sentirte identificado con nada de lo que te rodea, en lugar de potenciar todas tus cualidades y convertirte en el centro de tu propio universo. Todos atravesamos por circunstancias difíciles a lo largo de nuestra vida que desearíamos eliminar y convertir en inexistentes. A veces olvidamos que la luz se encuentra muy cerca de nosotros y que podemos apretar el interruptor cuando lo deseemos, el problema es que nos hemos acostumbrado a estar a oscuras y la mayor parte del tiempo preferimos seguir instalados cómodamente en ese espacio y que nada ni nadie nos saquen de nuestra sombra conocida.
Una persona se convierte usualmente en aquello que cree que es y también su sombra, que es una prolongación de la propia persona y se nutre y alimenta de ella, por eso hay personas que no se reconocen ni en su propia sombra. Con el paso del tiempo, son estos momentos de sombra los que más valoras en tu vida porque te hacen apreciar cuánto te has superado para dejarlos atrás y para avanzar con paso firme hacia un nuevo horizonte, el lugar donde se encuentra la luz.

Las luces y sombras son las dos caras de una misma moneda y aunque la lances al aire y no sepas cuál te va a salir, lo importante es que estés preparado para vivir cualquiera de las dos circunstancias porque ambas, las luces y sombras, lo positivo y lo negativo, son necesarios para seguir creciendo y para que encuentres tu propio camino en la vida.
No intentes huir de tu sombra porque entonces estarás huyendo de ti mismo. Ni pretendas abandonarla u ocultarte tras ella. Tienes que aprender a vivir con ella. A bailar con ella, a seguir sus movimientos, a lograr una coreografía perfecta. Incluso debes aprender a alimentarla para que no sea más pequeña que tu propio yo. Un hombre no es nada sin su sombra de la misma manera que el sol y la luna se necesitan para seguir existiendo.

Si no reconoces tu sombra, ha llegado el momento de que mires en tu interior, profundamente, allí donde nunca habías llegado y escuches la dialéctica de tu cuerpo y de tu alma. Y en esa búsqueda de tu sombra llega el momento de emprender el maravilloso viaje que siempre habías deseado iniciar y que te ayudará a encontrarte contigo mismo. No tengas miedo de tu sombra, ni mires atrás para ver si te acompaña, tan sólo deja que siga tus pasos y aprende a vivir con ella. Sólo así encontrarás sentido a tu vida y conocerás el verdadero significado de la felicidad. 


sábado, 18 de enero de 2014

¿SABES PONERTE EN EL LUGAR DE LOS DEMÁS?

¿Sabes ponerte en el lugar de los demás? Seguro que te has hecho esta pregunta más de una vez a lo largo de tu vida y siempre has pensado que eres una persona tolerante, que comprende a la gente y sabe ponerse en su lugar, pero lo cierto es que casi todos pensamos que nuestros problemas son los más importantes del mundo, además queremos llevar la razón siempre y nos sienta muy mal que alguien nos lleve la contraria  y difícilmente damos nuestro brazo a torcer, ni siquiera cuando nos equivocamos y así surge la falta de entendimiento. Mi abuelo solía decir que hay que alcanzar un equilibrio entre ponerte en el lugar de los demás y no perder tu propio sitio en la vida y eso es algo realmente complicado, pues a veces ni siquiera sabes cuál es tu lugar en el mundo y te pasas toda tu vida intentando encontrarlo. Me gustaría contarte como aprendí a ser una persona comprensiva y a ponerme en el lugar de los demás.

Cuando era pequeña vivía con mi familia en una ciudad del norte de España donde llovía casi todos los días, así que el paraguas era el complemento indispensable de cualquier persona, cual si fuera una prolongación de tu propio ser.  Hoy en día todos los paraguas son muy parecidos y tienen algo en común, están fabricados con material barato que no te duran más de dos inviernos seguidos,  pero cuando yo era pequeña se cuidaba más la calidad y fabricación y un buen paraguas podía durarte toda la vida y eso por no decir que una persona distinguida siempre llamaba la atención por el diseño de su paraguas.

El paraguas más bonito que he tenido me lo regalaron cuando cumplí 12 años y comencé un nuevo curso en la escuela. Ese año me pusieron una nueva profesora que venía de otro centro educativo. Se llamaba Soledad y era una mujer de mediana edad y de sonrisa amable. Su aspecto era igual al de cualquiera de nuestras madres, sin embargo había algo en ella que me llamó poderosamente la atención, su gesto triste y apagado, como si el sol nunca hubiera formado parte de su vida y hubiera presenciado dos mil días seguidos de lluvia.  En ocasiones cuando estábamos en clase parecía ausente, como si su mente estuviera paseando por los planetas mientras explicaba la lección. Hablaba muy poco y nadie sabía nada sobre su vida. A la hora del recreo nunca salía al patio ni se juntaba con los demás profesores. Solía permanecer en clase seria y pensativa, los niños se reían de ella y le pusieron el mote de "La triste Soledad". En el segundo trimestre Soledad faltó una semana entera a clase y aunque nos pusieron un profesor sustituto, algunos padres se quejaron de su extraño comportamiento y decidieron abrirle un expediente con el fin de cesarla a final de curso.  El día que regresó a clase, nuestra profesora venía con un brazo escayolado y el semblante más abatido que nunca, suponíamos que había tenido un accidente, pero nadie se atrevió a preguntarle y en secreto todos nos reíamos de su miserable aspecto, aunque a mí me daba mucha pena.

Una tarde cuando terminaron las clases comenzó a llover y me di cuenta que había olvidado mi paraguas en casa, así que decidí esperar un rato a que escampara.  Todos mis compañeros y la profesora se habían marchado ya y me quedé sola en el aula. Aquella tarde el cielo parecía querer descargar más lágrimas de la cuenta y no paró de llover ni un solo segundo. Al cabo de media hora decidí marcharme a casa, aunque mi ropa se empapara, pues no quería que mi madre se preocupara y cuando iba saliendo del aula, vi colgado en la percha el paraguas de mi profesora, así que decidí cogerlo prestado. Era un paraguas grande, con el puño en forma de pato y unos dibujos de colores muy alegres que chocaban con la tristeza de su propietaria, pues el estampado de un paraguas suele decir mucho del carácter y temperamento de su dueño, pero no parecía ser éste el caso.

Salí a la calle y abrí el paraguas, me encaminé en dirección a mi casa, pero hacía mucho viento y noté que el paraguas me llevaba en la dirección contraria. Intenté seguir mi camino, pero el viento me impedía seguir adelante, era como si el paraguas quisiera llevarme a otro lugar, así que decidí agarrarme fuerte y dejarme llevar. Y así pasé por un barrio que no había visto antes, también crucé un parque y el paraguas parecía no  querer detenerse, hasta llegar a una calle donde había casas antiguas pintadas de color azul y rodeadas de un pequeño jardín. De repente el viento cesó y el paraguas se detuvo justo delante de la última casa. Vi que había luz en la ventana de la cocina. Me oculté tras un matorral y miré al interior.

Entonces vi a mi profesora sentada en una silla llorando, tapando su rostro con sus manos, mientras un señor que parecía ser su marido le propinaba una sonora bofetada y le amenazaba entre gritos. En cuestión de segundos el marido salió de la cocina, entró en una habitación donde un niño pequeño aguardaba leyendo un cuento y se marchó junto a él dando un fuerte portazo y dejando sola a mi profesora, que parecía una estatua de sal. A partir de aquel instante comprendí a qué se debía su tristeza y me sentí mal por haberme reído de ella en lugar de haber intentado ayudarle. Sin pensarlo dos veces llamé a la puerta. Al verme allí, mi profesora se sorprendió y puso cara de circunstancias pero yo le di un fuerte abrazo, le dije que venía a devolverle su paraguas y ella me invitó a merendar.  Entonces se puso a llorar y me confesó que su marido la maltrataba desde que nació su hijo porque quería que ella dejase su trabajo y había soportado la situación durante mucho tiempo, pero ya no podía más y le había pedido el divorcio y él le amenazaba con llevarse a su hijo, así que tenia que seguir soportando la situación en silencio, pues no tenía más familia en aquella ciudad y tampoco quería dejar su trabajo como profesora.

En esa época la sociedad no estaba tan concienciada con el tema del maltrato y las personas que lo sufrían solían ocultarlo porque pensaban que tenían la culpa de lo que sucedía y se lo merecían o bien por miedo a sufrir rechazo social, así que no es de extrañar que mi profesora estuviera en esa situación y nadie lo supiera. Mi madre es psicóloga, así que invité a Soledad a nuestra casa y todas las tardes mi madre le daba pautas para ayudarle a superar el miedo y el dolor y para mejorar su autoestima. También fuimos a hablar con el director del colegio, le hicimos partícipe de la situación y entre todos los profesores y alumnos decidimos crear una asociación para ayudarla a ella y a otras madres que estaban pasando por lo mismo y que por falta de apoyo no se habían atrevido a poner una denuncia. Y así fue cómo mi profesora se sintió respaldada para denunciar a su marido y separarse de él, iniciando con su hijo una nueva vida. Todos pudimos ser testigos de su evolución y pudimos ver que volvía a ser una persona alegre y feliz, como había sido mucho antes de que la conociéramos. Entonces comprendí que su paraguas colorido encajaba perfectamente con la persona que ella era en realidad, una mujer optimista y vital que volvió a brillar en el aula y pronto se convirtió en la profesora favorita de todos los niños. Y así fue cómo aprendí a ponerme en el lugar de los demás y debo darle las gracias a aquel día de lluvia y al paraguas de mi profesora porque desde entonces he sabido comprender a todas las personas que he conocido y me he convertido en una persona tolerante y compasiva.

A veces en la vida es necesario que cierres tu paraguas para que dejes de ver sólo lo que tienes delante y puedas observar el horizonte de las personas que te rodean y cuando la lluvia moje tu rostro, notarás que hay alguien cerca de ti que te ofrece cobijarte bajo su paraguas. Entonces verás la lluvia caer desde la perspectiva de la persona que te resguarda y así aprenderás lo que es ponerse en el lugar de los demás, sin dejar de ver tu propio punto de vista. Depende de cómo veas la vida y comprendas a aquellos que te rodean, así verás desaparecer un día de lluvia gris y dar paso a un arcoiris multicolor que iluminará tu corazón.



lunes, 13 de enero de 2014

¿VIVES O SOBREVIVES?

¿Alguna vez has sentido que en lugar de vivir estás sobreviviendo? Y con sobrevivir me refiero a que no puedes vivir la vida que te gustaría porque no tienes trabajo, ni medios para salir adelante y estás aguantando como puedes la situación que te ha tocado vivir. Hace unos días me hacía esta pregunta a mí misma mientras pensaba en el cambio radical que ha dado mi vida en los últimos cuatro años. Estoy segura que a ti también te ha pasado o quizá estás atravesando esta situación en estos momentos, por eso me gustaría contarte mi experiencia.

Hubo un tiempo en mi vida en el que parecía haber alcanzado ese estado en el que todo ser humano cree tener todo lo que necesita para ser feliz: una buena salud, un buen trabajo, una hermosa casa y una vida llena de sueños y posibilidades. De repente, el día menos pensado te vas a dormir y cuando te despiertas a la mañana siguiente te das cuenta que tu mundo ha desaparecido y que todo aquello que tenías y con lo que eras, o creías ser feliz,  ha dejado de existir para siempre y te encuentras con el paso cambiado y con las manos completamente vacías.  
¿Alguna vez te ha sucedido esto? A mí...varias veces y quizá esta última ha sido la más prolongada en el tiempo y la que más huella ha dejado en mi persona. Así cuando más confiado te encuentras, ves asomar en la pantalla de tu vida las letras de "partida terminada" y te ves otra vez pulsando el botón de "START" y comenzando una nueva partida desde el principio, por la  "fase cero", la misma donde comenzaste hace años el juego de tu vida y que ya habías superado con buena puntuación cuando eras joven y tenías sueños e ilusiones y ahora, años después y sin terminar de creerlo aún, debes empezar otra partida sin nada de lo que tenías antes. Los premios y recompensas adquiridos han desaparecido y empiezas con "cero puntos" en el marcador,  justo cuando pensabas que te encontrabas en un camino estable, feliz y que lo estabas haciendo bien.  Y ahora te sientes inseguro, vulnerable, golpeado por la vida y comienzas a perder estabilidad y a no saber por dónde tirar. La incertidumbre se apodera de tu vida y tu salud comienza a resentirse. Te sientes incapaz de hacer cosas que antes podías hacer incluso con los ojos cerrados  y sientes miedo, mucho miedo. Comienzas a perder la esperanza y piensas que ya nunca más volverás a tener una vida normal. Todos tus referentes desaparecen. También aquellos a quienes considerabas amigos. Y te encuentras solo ante un mundo cada vez más tecnológico y distante, con el que no te sientes nada identificado.
La vida es un juego, pero no te aferres desesperadamente a una partida porque la partida puede comenzar de nuevo en cualquier momento. No te aferres a una situación, ni a un estatus, ni a una persona, ni a un determinado tipo de vida, porque todo aquello que conocías puede desaparecer en tan solo un segundo y debes aprender a adaptarte a los cambios que se producen en tu vida y tener la fortaleza necesaria para no rendirte y comenzar de nuevo. Puede que no tengas la misma ilusión que tenías al principio y que sientas que tus sueños han sido destruidos, pero no olvides que cuentas con un importante comodín: la experiencia que los años te han proporcionado, sabes cómo manejar determinadas situaciones y hasta dónde puedes llegar y si además conservas la capacidad de creer en ti mismo, verás cómo de un problema difícil nacerá la oportunidad de profundizar en aspectos de tu persona que desconocías y  descubrirás nuevas posibilidades donde antes sólo parecía  haber vacío e incertidumbre.
La crisis actual nos está dando la posibilidad de conocernos mejor a nosotros mismos y no todos los días se tiene una oportunidad así, aprovéchala. A veces la vida te da más tiempo libre del que desearías para que trabajes contigo mismo y desarrolles nuevas capacidades. Si lo ves de esta manera te darás cuenta de lo afortunado que eres. Te puedo asegurar que en este tiempo, a pesar de haber pasado malos momentos, como todos, he aprendido a conocerme mejor a mí misma y también a superar situaciones que antes no sabía cómo manejar. Uno de mis retos más difíciles era el de aprender a ponerme en mi sitio ante determinadas personas y situaciones, obstáculo que seguía en mi camino y con el que seguía tropezando por tiempo indefinido y a fuerza de pasar tiempo conmigo misma y de conocer mis fortalezas y debilidades y trabajar sobre ellas, he desarrollado la habilidad necesaria para poder hacerlo y cuando he mirado atrás he pensado en lo positiva que ha sido esta experiencia de largo tiempo en desempleo para ayudarme a crecer como persona, porque los problemas son la llave que nos abren la puerta del lugar dónde realmente queremos estar en la vida y si no existieran seguiríamos siempre en el mismo sitio, dando vueltas como las moscas y sin llegar al lugar que nos corresponde.
A veces le prestamos demasiada atención a cosas banales, vivimos inconscientemente, sin darnos cuenta de lo realmente importante y sólo cuando la vida nos sacude y nos saca de nuestra zona de confort nos damos cuenta que en realidad la vida que estábamos viviendo nos hacía infelices y que ahora es cuándo hemos descubierto quiénes somos realmente y dónde se encuentra el camino que queremos recorrer, aquél donde queremos que comience "el primer día del resto de nuestra vida".
Así que, si alguna vez la vida te pone en la tesitura de tener que "sobrevivir" en una situación determinada, recuerda que sobrevivir significa "seguir vivo" y que a partir de una experiencia difícil tendrás la oportunidad de fortalecerte, crecer como persona y comenzar a vivir plenamente, porque descubrirás el nuevo ser humano que ha nacido en ti y así surgirá en ti la victoria y la posibilidad de hacer tus sueños realidad con cada nuevo amanecer.  
No me gustaría finalizar la historia de mi vida sin antes decirte que no tengas miedo de apretar el botón de "start" cuantas veces sea necesario, porque la partida es tuya y siempre serás protagonista y vencedor en el juego de tu vida. Así que ánimo y adelante. Tú puedes conseguir todo aquello que te propongas y para ello debes creer en ti mismo y confiar en tus posibilidades, que son infinitas.


 

viernes, 10 de enero de 2014

¿QUÉ HACES MIENTRAS ESPERAS?

Bienvenido a la cola, ese inevitable momento de tu vida que difícilmente puedes soportar y que se repite día tras día. No hace falta que hagas nada, ni que aprietes ningún botón, la cola se activa sola en cualquier situación de tu vida, como ese atasco de tráfico interminable que sufres cada mañana o el tiempo que las agujas de tu reloj parecen detenerse cada vez que vas a realizar una gestión al banco y eso por no hablar de la cola diaria en las cajas del supermercado. En ese mismo instante te conviertes en un número más, carente de identidad y te dejas arrastrar por la impaciencia, la irritación, el malestar, la frustración y una serie de sentimientos encontrados que hacen que te desconectes de ti mismo y de la masa de personas que te rodean y que están esperando para el mismo fin que tú. Y en ese universo paralelo da igual lo que tengas, o quien seas, o que te la intentes saltar, tarde o temprano todos coincidiremos en un mismo punto en la vida: la cola.
Si reflexionas sobre este hecho, tal vez deberías entrar en comunicación con su dialéctica. La cola te está obligando a una parada forzosa, debes respetar esa señal de STOP y aprender a soltar y a relajarte, así que di adiós a las prisas y al estrés aunque estés a la cola otra vez. Experimentar la sensación de pararte es algo muy beneficioso para tu cuerpo y tu mente y te proporciona una mayor percepción del mundo que te rodea. Para pararte debes poner tu mente en blanco y eliminar cualquier tipo de pensamiento. Esta técnica se ha empleado en la curación de algunas enfermedades con gran éxito y el secreto está en que la sanación parte de ti mismo, cuando consigues parar tus pensamientos y experimentar la sensación de relax.
También puedes sacar mucho partido a tu tiempo de espera si en lugar de quejarte, activas tu cerebro y lo empleas en actividades útiles, como considerar aquellos aspectos de tu vida que te gustaría mejorar o repasar mentalmente los logros que has obtenido ese día y mostrar gratitud; también puedes buscar nuevas formas de resolver una situación complicada, sin olvidar que nunca es tarde para reinventarte a ti mismo y poner en marcha ese proyecto que siempre habías deseado realizar. Además debes desarrollar la paciencia, saber aguantar, esa cualidad que todos creemos tener pero que perdemos cada dos por tres.
Quizá uno de nuestros mayores problemas es, que nos pasamos todo el día en estado piloto automático, distraídos y conectados al móvil y a las redes sociales y no somos conscientes de nuestros propios pensamientos y emociones. Pues bien, la espera obligada de la cola te da la oportunidad de entrar en conexión contigo mismo (además de con tu Whatssap) y elegir tus pensamientos, de la misma manera que eliges qué plato tomar en la carta de un restaurante. Así puedes cambiar tus pautas negativas por creencias positivas. Si te fijas bien, puedes dar la vuelta a la situación negativa de la espera y convertirla en esa pausa diaria que todos necesitamos para tener un encuentro con nosotros mismos y curarnos del estrés diario que nos rodea.
Además de la cola tradicional que se produce en diferentes situaciones de nuestra vida cotidiana, existe la cola existencial, referida al lugar en el que nos situamos a nosotros mismos en nuestra propia vida. ¿Alguna vez te has preguntado por qué no estás donde te corresponde? Tal vez sea porque te has olvidado de ti mismo y la mayoría de las veces sabes cómo satisfacer a los demás y luchar por causas ajenas, pero lo que tú piensas o sientes lo dejas aparcado, lo vas posponiendo para ese momento que sabes que nunca llegará y siempre te sitúas en el último lugar de tu existencia. De esta forma te alejas de tu propia felicidad porque te diriges al lugar opuesto a donde se encuentra.
Pero tú tienes el poder de cambiar la posición que quieres ocupar en tu propia vida. Es cuestión de revisar tus prioridades y de que decidas qué es lo más importante para ti, para eso debes escucharte a ti mismo y conocerte a fondo, así sabrás qué te hace feliz y lo llevarás al pódium de tu vida. En las primeras posiciones estarán tu tranquilidad, tu autoestima, tu bienestar y felicidad personal y al final de la cola aquello que deseas abandonar como la tristeza, la incertidumbre, la depresión o el miedo, que finalmente harás desaparecer cuando aprendas a controlar ese tipo de emociones, sin permitir que te lleven por derroteros que no quieres.
Recuerda que tú decides en qué lugar quieres estar. De ti depende ser el primero, el último o abandonar la cola. Puedes ser un mero espectador o tomar parte activa en tu existencia.
Cuando descubras el verdadero sentido de tu vida, te darás cuenta que la cola ya no existe, porque han desaparecido de tu mente los obstáculos que te impedían avanzar y verás claramente el camino que debes seguir para encontrarte con tu felicidad. Y así podrás comenzar a vivir plenamente, sabiendo que has encontrado tu lugar en la vida y tienes el universo ante ti con infinidad de posibilidades para ser feliz.