domingo, 13 de abril de 2014

VOLVER A EMPEZAR

Cuando era pequeña me encantaba leer mis cuentos favoritos una y otra vez, nunca me cansaba de volver a empezar la misma historia cuyo final conocía de memoria.  Ya sabía que el Príncipe se casaba con la Cenicienta, que La Bella Durmiente era despertada de su eterno sueño por un beso, que Pinocho se convertía en un niño de verdad cuando dejaba de decir mentiras o que Caperucita Roja conseguía escapar del temible lobo feroz, pero, cada vez que volvía a sumergirme en estas historias que forman parte de la infancia de cualquier niño, sentía la misma emoción que la primera vez que mis padres me contaron estos cuentos antes de ir a dormir, cuando era tan pequeña que aún no sabía leer. 

Volver a empezar es algo que sucede con frecuencia en la vida de un niño, como cada vez que construías un castillo en la arena de la playa, tras haber sido destruido por una ola traicionera.  Y con la llegada del Otoño, llegaba un nuevo volver a empezar en las aulas, con el comienzo del nuevo curso, vuelta al cole y a las rutinas escolares, a momentos buenos y a veces no tan buenos cuando eras la persona menos popular de la clase y tus compañeros se reían de ti, pero en definitiva, sentías la fuerza necesaria para volver a empezar en cualquier faceta de tu vida, incluso si tu padre era trasladado por su empresa a otra ciudad y tenias que comenzar de cero en un nuevo colegio, con nuevos amigos y en una ciudad desconocida. Tu página en blanco siempre permanecía abierta y preparada para volver a empezar un nuevo capítulo de tu vida, que tú escribías emocionado en cada nuevo párrafo.

Sin embargo, a medida que nos vamos haciendo mayores, nos damos cuenta que, en realidad, no estamos preparados para tener que volver a empezar, sobre todo, si ese comienzo es forzoso, inesperado y está lleno de incertidumbre. Seguro que mientras lees esto, recuerdas ese momento en el que has sido despedido de tu empresa, después de tantos años de experiencia en un lugar que considerabas tu segundo hogar, donde eras un profesional valorado y con una trayectoria consolidada. Seguro que conoces a alguien, o tal vez te ha sucedido a ti mismo, que ha pasado de tener una vida familiar estable y aparentemente feliz a encontrarse divorciado, sin poder llegar a final de mes  y con pocas posibilidades de recuperar su antigua vida o de pasar más tiempo con sus hijos. Y...¿qué me dices de esas parejas que llevan juntas toda su vida y de repente una de ellas fallece o te deja por otra persona? Te sientes totalmente perdido, sin fuerza vital para comenzar un nuevo recorrido y lo mismo sucede cuando pierdes a un hijo, tu mundo se derrumba por completo. Y si miramos a nuestro alrededor, todos tenemos amigos o familiares que han sufrido graves accidentes de tráfico y han tenido que volver a empezar su vida con una grave minusvalía y lo mismo sucede cuando tienes que afrontar tu diario caminar tras sufrir una grave enfermedad que ha dañado tu estado de ánimo. Y aún sin la necesidad de que ocurran grandes desgracias en nuestra vida, volver a empezar siempre resulta una tarea ardua y difícil, porque te aferras a un pasado feliz, pleno y estable, que en tu horizonte presente parece inexistente y no todos somos de naturaleza optimista cuando los problemas crecen a nuestro alrededor y no vemos luz al final del túnel.

Esta tarde pensaba en todo esto mientras observaba a un grupo de jóvenes jugando una partida de bolos en un parque. Lanzas la bola con energía y los bolos fuertemente golpeados caen al suelo y si no queda ninguno en pie, entonces ganas la partida. Pero en la vida sucede justamente lo contrario. Los problemas te golpean a veces con tanta dureza, que te hacen perder el equilibrio  y entonces tu autoestima desciende a su nivel más bajo. Sientes que no tienes fuerza para levantarte y volver a empezar. Sin embargo, la propia naturaleza del ser humano te hace descubrir que, precisamente, gracias a que la vida te golpea más de lo esperado, aprendes a hacerte más resistente y a usar recursos que pensabas que no tenías y que en otras circunstancias hubieran permanecido dormidos. Aprendes a conocerte mejor a ti mismo, convirtiéndote en un "bolo" que no se cae en la primera embestida que sufre con el siguiente problema que la vida le plantee y el hacerte más fuerte, obra el milagro de hacerte creer más en ti mismo.
Cuando todo va bien en tu vida, te dejas llevar por un falso equilibrio y sólo ves lo que tienes delante, piensas que todo permanecerá tal y como está en ese momento y que tu estabilidad va a perdurar en el tiempo. Crees que siempre estarás jugando la misma partida en el mismo terreno de juego, porque estás tan inmerso en tu rutina, que parece que cada nuevo día es una continuación del anterior y así, el día que la vida decide jugar a los bolos contigo y te golpea con fuerza, te pilla desprevenido y te quedas aturdido, sin saber cómo reaccionar. No eres consciente de que toda tu vida es un volver a empezar continuo, desde que te levantas cada mañana y así es cómo deberías considerarlo, de esta manera encontrarías los estímulos necesarios para llenar la página en blanco de ese día de tu vida, con energías renovadas y optimismo, porque todo está por hacer.
Todos hemos tenido que volver a empezar a lo largo de nuestra vida, no una, sino varias veces y reconozco que no es fácil, sobre todo cuando ya conoces el terreno de juego que pisas y de repente debes sortear los obstáculos que aparecen en un nuevo y desconocido escenario. Pero el mundo, tal y como lo conocíamos ha dejado de existir. Ya no existe un "para siempre" en ninguna faceta de nuestra vida y debes aprender a jugar en terrenos de incertidumbre, donde existen varias incógnitas y no sabes de antemano cuál será el resultado final, algo que sí sucedía en los cuentos que leías en tu infancia, donde tenías la certeza de que todos serían felices y comerían perdices. Pero no pienses que tu vida tiene más incertidumbre que la de los demás o que las cosas te van peor que a nadie, porque cualquier persona que puedas pensar que tiene una vida feliz y un trabajo estable, se enfrenta hoy en día a la misma situación de duda que cualquier otro, porque hoy nada es seguro para nadie y es precisamente esta inseguridad la que puedes convertir en una gran ventaja, al saber que nada está determinado y que puedes construir tu presente día a día con lo que pienses y hagas en este momento, porque eso determinará tu mañana. Con el paso del tiempo me di cuenta que mis cuentos favoritos no eran los tradicionales con un planteamiento lineal y un sólo final, sino aquellos con giros argumentales en los que tenías la posibilidad de elegir diferentes finales y así cada volver a empezar se convertía en una nueva aventura y en un momento único.

Antes de volver a empezar, debes saber qué esperas realmente de la vida y de ti mismo y cómo te gustaría vivir. Deja de ponerte excusas y piensa por un momento: ¿cómo te ves ahora mismo? ¿dónde te ves dentro de unos años? seguro que la mayor parte del tiempo tienes pensamientos negativos e incrédulos sobre ti mismo y piensas que no podrás salir adelante o que no darás la talla y esto es lo que te aleja realmente de la vida de tus sueños, no tu situación actual. Piénsalo porque así es como sucede.
 
Hoy tienes la posibilidad de descubrir quién eres realmente y de volver a empezar cómo tu decidas y aunque no puedas cambiar tu situación actual, sí puedes cambiar la percepción que tienes de ti mismo, renovar tu creencia en tu propia persona y quererte tal y como eres y así siempre estarás preparado para volver a empezar en cualquier escenario que la vida te presente. Puede que a veces no sepas por dónde volver a empezar, pero sí sabes por dónde NO quieres volver a empezar y eso hará que, tarde o temprano, encuentres tu lugar en el mundo.
Si desde hace cientos de miles de años el sol vuelve a empezar cada día su recorrido por cada rincón de la tierra e ilumina con su calor la vida de cada ser humano, también tú puedes volver a empezar una nueva vida y acercarte al camino de tus sueños, de la misma manera que cada primavera las flores se abren otra vez a la vida e inundan el ambiente con su  cálido perfume. Y aunque a veces sientas morir tus ilusiones, con cada pérdida que la vida te depara, se produce la magia de un nuevo nacimiento, una nueva fuerza nace en ti y te das cuenta, que en realidad lo mejor de tu vida ha comenzado cuando has vuelto a empezar y has alcanzado la posibilidad de conocerte a ti mismo y de vivir la vida de tus sueños.

 

 

 

domingo, 23 de marzo de 2014

LOS PÁJAROS EN LA JAULA

Cuando era pequeña a mi hermana y a mí nos regalaron una pareja de pájaros muy bonita, de una raza conocida con el nombre de diamante mandarín, proveniente de las lejanas tierras de Australia. Nuestros pájaros nos cautivaron de inmediato con sus bonitos colores, su hermoso canto y sus alegres juegos, así que cuidarlos se convirtió en nuestro pasatiempo favorito. Compramos una amplia jaula, donde tenían suficiente espacio para vivir y jugar y leímos varios libros sobre su especie, para informarnos de su modo de vida. Algunas tardes nos entreteníamos contemplando su balanceo en el columpio y les aplaudíamos cuando aprendían un salto nuevo. Colocamos la jaula en el lugar más luminoso del salón, cerca de un gran ventanal que comunicaba con el jardín.

Una mañana, antes de marcharnos al colegio llenamos los recipientes de la jaula de agua y comida y no nos percatamos que uno de ellos estaba mal colocado, por lo que quedaba un espacio por el que podían escapar los pájaros y así fue cómo sucedió en nuestra ausencia. Cuando regresamos a la hora de comer, nos disgustó ver que la jaula estaba completamente vacía y nos pusimos a llorar desconsoladas, sin embargo, pronto descubrimos que los pájaros no se habían marchado demasiado lejos, estaban posados encima de la mesa del salón esperando tranquilamente nuestro regreso para que pudiéramos devolverles al interior de la jaula. Cuando nos vieron, no salieron volando ni se asustaron y fue muy fácil devolverles al interior de la jaula. Esto nos sorprendió. Nos extrañó que no se hubiesen escapado al jardín, pues la ventana estaba abierta de par en par y entonces comprendimos que nuestros pájaros sólo conocían la vida dentro de su jaula y allí era donde ellos pensaban que se encontraba su verdadera libertad, mientras que la ventana representaba para ellos la incertidumbre y el miedo a lo desconocido, por lo que no sabían que sus alas podían llevarles a los hermosos árboles del jardín, donde habitaban otros pájaros y una nueva felicidad que desconocían. Asi, ellos estaban prisioneros, pero en realidad no lo sabían y eran felices en el único mundo que conocían: su jaula.

¿Cuántas veces a lo largo de tu vida te has sentido como estos pájaros? Crees tenerlo todo para ser feliz, piensas que eres libre, que has elegido tu forma de vida y que puedes hacer lo que deseas, pero un día te das cuenta que estás como ellos, atrapado en la jaula de tu existencia, de la que no puedes escapar fácilmente porque ya te has adaptado a ella y no sabes vivir de otra manera, tienes una falsa sensación de felicidad producida por la seguridad que te proporciona lo conocido y esto te impide descubrir nuevas formas de felicidad. Así es como tu miedo a salir de tu zona de confort, te impide explorar otras posibilidades y encontrar nuevos caminos que te lleven a un nuevo punto de partida de tu vida.


Dicen que el hombre es un animal de costumbres, pero ¿por qué nos acostumbramos a vivir en la infelicidad? ¿por qué creemos que salir de la rutina es peligroso?. Nos pasamos la vida pensando que la felicidad va y viene y que no depende de nosotros, creemos que siempre existe alguna circunstancia externa que nos aleja de ella, como la falta de dinero, la dificultad para encontrar un trabajo, la falta de salud o la soledad en la que vivimos y así vamos construyendo barrotes invisibles que nos rodean y que nos mantienen prisioneros en jaulas que hemos construido nosotros mismos y nos alejan de la verdadera felicidad, pero no lo sabemos porque pensamos que los barrotes que nos atrapan provienen de los momentos difíciles que por sí solos se producen en nuestra vida y que nada tienen que ver con nosotros, cuando en realidad son nuestras propias limitaciones las que nos impiden ver el horizonte con perspectiva, sentirnos libres y hacer lo que realmente desearíamos.

Pero no te sientas atado a tu propia infelicidad y usa los medios que están a tu alcance. Me dirás que uno no puede escapar fácilmente de aquello que no le gusta, pero aunque no lo creas, todos tenemos alas que nos permiten dejar atrás los paisajes de infelicidad. Las alas son nuestra actitud ante la vida y los recursos de los que disponemos y éstos aparecen cuando confiamos en nosotros mismos y en nuestras propias posibilidades. Creer en ti mismo con una actitud positiva, es la fuerza más poderosa para poder emprender tu propio vuelo hacia donde quiera que se encuentren tus sueños. Pero debes atreverte y tener convicción, no basta con mirar a través de la ventana una bella puesta de sol que se encuentra a miles de kilómetros de distancia. Si siempre permaneces en el mismo lugar, te perderás la posibilidad de conocer nuevos paisajes. Rompe la jaula que te impide avanzar y dirígete hacia el paisaje de tus sueños, pero no te conformes sólo con soñar y haz que ese paisaje forme parte de tu vida, recórrelo sin convertirte en mero espectador, sino siendo el verdadero protagonista. Puede que tu infelicidad actual te impida ver el horizonte, pero sólo tú tienes la llave para abrir la puerta de la jaula en la que vives atrapado. No esperes a que cambie alguna circunstancia de tu vida, porque sólo tú puedes ser impulsor de ese cambio y si tienes una actitud positiva lo conseguirás.

Quizá los pájaros eran felices en su jaula, pero esto era debido a que no conocían otro modo de vida. De haber sabido que a tan sólo unos pasos se encontraba el jardín y su verdadera libertad, los pájaros habrían intentado escapar cada día de su existencia y seguramente, su persistencia y motivación les habría ayudado a conseguirlo. ¿Quieres ser como los pájaros de la jaula y vivir una felicidad limitada o te gustaría conocer la verdadera felicidad, ésa que se escribe en letras mayúsculas? De ti depende. Sólo debes ser optimista, escucharte a ti mismo, creer en tus sueños y no abandonarlos nunca, así podrás salir de ése lugar donde piensas que no hay escapatoria posible y dirigirte hacia la vida que siempre has deseado vivir. Recuerda que ningún pájaro nació sabiendo volar, lo aprendió con el tiempo, de la misma manera que la felicidad se alcanza a través del aprendizaje y conocimiento de uno mismo.

Ha llegado la primavera y después de un frío invierno, tu jardín comienza a florecer y a mostrar sus bellos colores, ¿te lo pensabas perder?. Ninguna circunstancia o persona pueden impedir tu propia felicidad, no olvides que tus alas pueden llevarte a donde desees. No te dejes atrapar por tus límites, rompe la jaula en la que vives y descubre las maravillas del mundo que te rodea.

Cuando vueles al lugar en el que se encuentran tus sueños, verás tu vida con una nueva perspectiva y descubrirás posibilidades de felicidad que desconocías.





domingo, 2 de marzo de 2014

¿CREES QUE EXISTE EL DESTINO?

Seguro que más de una vez a lo largo de tu vida te has hecho esta pregunta y en ocasiones no has encontrado respuesta a la sucesión de acontecimientos encadenados que se producen en tu vida y que parecen llevarte, casi sin darte cuenta, de un sitio otro, como cuando das un paseo por el parque y por el camino te tropiezas con el amor de tu vida o mientras estás pasando tus vacaciones en un pueblo perdido de la montaña y la magia del lugar te hace descubrir tu verdadera vocación en la vida. Entonces te preguntas si todo lo que te está ocurriendo, estaba marcado en tu destino.

Estoy segura que más de una vez has pensado que todo está predestinado y que hagas lo que hagas, si algo tiene que suceder en tu vida, las cosas se rodearán para que se produzcan, sin que puedas explicarte cómo, pero cuando te sucede algo malo piensas que no es posible que el destino te haya jugado tan mala pasada y entonces dudas y crees que simplemente has tenido mala suerte o ha sido casualidad, pero...¿existe la casualidad? eso es tan difícil de responder como la pregunta que te he planteado al comienzo de este relato.

Cuando era pequeña, mi madre solía quedar con una amiga que sabía leer el futuro en la palma de tu mano. Las dos comentaban que lo hacían por diversión, para pasar el rato, pero sé que mi madre creía a pies juntillas lo que su amiga le decía y a veces hacía grandes esfuerzos para propiciar que el destino le fuera favorable y cambiaba sus planes en función del resultado de la interpretación de las líneas de su mano. Pero en el fondo sé que se sentía desilusionada porque casi nada de lo que su amiga le vaticinaba, llegaba a sucederle en realidad. Mi padre le tomaba el pelo, pero a menudo le veía consultando su horóscopo en el periódico. El caso es que los dos parecían preocupados por su futuro y mientras yo, intentaba comprender el complicado mundo de los adultos. Un día del mes de octubre le pregunté a mi abuelo si él creía en el destino y no me respondió nada en ese momento, pero al día siguiente, mi abuelo vino a casa con varias semillas y me dijo que me ayudaría a plantarlas en nuestro pequeño jardín. Todas las semillas parecían iguales, pero mi abuelo me dijo que no las mezclase porque había de dos tipos, unas eran de la flor del pensamiento y las otras de la flor de la amapola.

Entre los dos elegimos el lugar del jardín donde plantaríamos las semillas. Removimos cuidadosamente la tierra y colocamos las semillas separadas entre sí. A continuación mezclamos la tierra con un abono especial y regamos el espacio donde se encontraba cada grupo de semillas con un poco de agua. Cada tarde, después del colegio, contemplaba nuestro jardín e incluso cantaba alguna canción mientras regaba la tierra. Al principio no sucedió nada, pero mi abuelo me dijo que no perdiera la fe y siguiera cuidando la tierra, porque aquello que parecía invisible a mis ojos, ya existía y pronto vería la luz del sol. A los pocos días comencé a ver ramitas de color verde sobresaliendo de la tierra y éstas dieron lugar a finos y esbeltos tallos.

Con la llegada del frío de diciembre, comenzó a florecer el pensamiento. Eran flores muy hermosas, de color azul intenso, como si parte del cielo apareciera reflejado en nuestro pequeño jardín y mientras tanto, las semillas de las amapolas esperaban impacientes la llegada de la primavera para sentir el calor de los primeros rayos de sol y así fue cómo, a finales de marzo, comenzaron a florecer en nuestro jardín, bellas y estilizadas amapolas de color rojo, mientras el pensamiento comenzaba a despedirse de nosotros, perdiendo el brillo de su colorido azul intenso.  

Una tarde, mientras mi abuelo y yo contemplábamos la belleza producida por el contraste de color de los pensamientos y las amapolas, mi abuelo me respondió a la pregunta que le había hecho sobre el destino varios meses atrás: "Cada semilla no puede dejar de ser lo que es, las amapolas nacieron siendo amapolas y el pensamiento nació siendo pensamiento y nunca podrían ser otra flor diferente, aunque quisieran. Está establecido así desde el principio de los tiempos y lo mismo sucede con las personas. El lugar y la familia en la que naces viene determinado desde antes de tu propio nacimiento y no puedes elegirlo. El por qué naces en una familia y no en otra no es mera casualidad, es parte del misterio de la vida, pero con el tiempo te das cuenta que la familia en la que has crecido, es la única posible que podías tener y la que necesitabas para tu evolución y crecimiento personal. El mundo también tiene un destino que influye en las personas y tiene un desarrollo y una meta. Para crecer y desarrollarse, las plantas necesitan ingredientes básicos como la luz del sol, el agua, tierra fértil y un clima adecuado, pero el que la planta eche raíces en la tierra, crezca y florezca, depende en gran medida de sí misma y de su adaptación al medio donde se desarrolla su vida y lo mismo sucede con las personas, si bien no puedes determinar tu nacimiento, sí puedes decidir cómo afrontar tu vida eligiendo tu actitud frente al medio que te rodea y si eres positiva y optimista tus raíces crecerán sanas y fuertes y te adaptarás a cualquier situación que la vida te presente. Para ello debes trabajar tu pensamiento día a día y así, tu lugar en el mundo, dependerá en gran medida de ti misma  y de las elecciones que realices. Por eso no puedes hacer responsable al destino de tus alegrías o de tus desgracias, puede que no puedas evitar que determinadas cosas te sucedan, pero eres lo que piensas. Tu pensamiento determina tu vida y cuanto antes te des cuenta, antes encontrarás la felicidad y descubrirás cuál es tu destino en la vida". Lo que me dijo mi abuelo aquel día, me hizo comprender muchas cosas y desde entonces dejé de esperar que las oportunidades llamasen a mi puerta y decidí tomar parte activa en la creación de mi propio destino, aquél que formaba parte de mis sueños y yo misma había elegido.

Así que, si alguna vez te sientes desilusionado con tu vida y piensas que tu destino es como un laberinto donde estás dando demasiadas vueltas y no llegas al lugar que siempre habías deseado, enfoca tu atención hacia ti mismo y construye un nuevo destino. Nunca es tarde para comenzar de nuevo, ni para volver a construir tus sueños. En aquella parte del universo donde decidas, puedes volver a plantar semillas de esperanza y comenzar una nueva vida. No tengas miedo a la lluvia ni a la tormenta, por muy difícil que haya sido tu situación hasta este momento, el jardín de tu vida puede volver a crecer y a florecer de felicidad. Riega tus sueños de ilusión, déjate acariciar por el calor de la confianza en ti mismo y abónate al optimismo. Acepta que eres el único responsable de tu vida y la persona que puede hacer posible aquello que se proponga. Puede que en el destino esté marcado el recorrido diario del sol por la tierra, pero de tu elección depende el recibirlo con una sonrisa y dejarte acariciar por su calor u ocultarte tras la sombra del horizonte y darle la espalda a la maravillosa luz que te rodea. Es tu vida. Son tus semillas. Decide cuál es tu destino en el mundo y comienza a sembrar tu felicidad donde el corazón te lleve.



martes, 25 de febrero de 2014

CUANDO TODO CAMBIA

Llega un día de tu vida en el que decides dejar atrás tus miedos y caminar con paso firme. Ese día sobrepasas todos tu límites y te acercas al final del horizonte, donde hasta ahora se encontraba el precipicio, ése lugar donde aquello que existe parece terminar, pero es allí donde descubres el comienzo de un nuevo camino. Antes no te atrevías a llegar tan lejos, pero sabes que si no conoces tus límites, nunca sabrás quién eres realmente y para avanzar, necesitas  convertirte en tu mejor compañero de viaje y dejar atrás las huellas imborrables de tu pasado.
Cierras los ojos y en tu pensamiento no sabes qué dirección tomar, pero no te importa, porque tienes la certeza de que, cualquiera que sea  tu destino, lo que te espera es bueno. Sientes que algo se ha transformado dentro de ti. Ese día recuperas la confianza en ti mismo y te bajas del carro de la incertidumbre, esa vieja amiga-enemiga que nunca te deja avanzar y te aleja del lugar al que quieres llegar en la vida.

Todo comienza en el instante en el que decides darte otra oportunidad y construyes un nuevo yo a partir de tu verdadera esencia, ésa que  conoces bien y te fue concedida el primer día de tu vida. Sabes que la felicidad es posible más allá de tus sueños y que para que forme parte de ti, debes buscarla en lo más profundo de tu ser y abrir de par en par las puertas de tu alma, para crear señales nuevas que guíen tu camino, basadas en tu propia experiencia.
A veces no es necesario que algo cambie en tu vida, para que todo te parezca nuevo. El cambio se produce en tu interior y esa nueva forma de verte a ti mismo, transforma por completo tu realidad presente y dejas de formar parte del paisaje, para convertirte en creador del paisaje de tu vida con cada decisión que tomes y cuando mires al cielo y observes las nubes del horizonte, verás que tu vida avanza como ellas, aprendiendo cada día de su recorrido infinito por cada rincón de la tierra.

Cuando todo cambia, dejas atrás las cadenas que te impedían avanzar y estrenas alas nuevas.  Aprendes a volar y tu libertad se convierte en tu mejor compañera. Tu luz vuelve a iluminar la noche y brilla cerca de las estrellas, reflejando la sonrisa de tu rostro al universo.

Cuando cambias la forma de verte a ti mismo, todo lo que existe en tu vida cambia. De ti depende el conseguirlo...

                                            

domingo, 16 de febrero de 2014

LA FECHA DE CADUCIDAD DE LA FELICIDAD

Hace unos días mientras hacía la compra, le daba vueltas a un comentario que me había hecho un amigo recientemente: "¿Sabes cuál es mi problema? Mi problema es que no soy feliz" y con esta afirmación resumía lo que para él significa su día a día. Mientras pensaba en esta frase, revisaba la fecha de caducidad de cada producto que iba metiendo en mi cesta de la compra y entonces pensé que tal vez el problema de la felicidad es que su fecha de caducidad es casi instantánea y apenas estamos saboreando un momento feliz en nuestra vida, cuando ya se ha terminado. Sin embargo sentimientos como la tristeza, la apatía y el desánimo se comportan como productos no perecederos, pues parecen prolongarse indefinidamente en nuestra vida hasta convertirse en el ingrediente principal de nuestro quehacer cotidiano. Quizás puedas pensar que la vida es un engaño y que algo estamos haciendo mal cuando no somos capaces de mantenernos felices durante mucho tiempo y sin embargo podemos pasar largas temporadas en estado de depresión. Lo cierto es que deberíamos intentar prolongar la fecha de caducidad de la felicidad, pero ¿cómo conseguirlo?.

A veces sucede que encuentras en tu nevera un producto que está a punto de caducar y no tienes más remedio que consumirlo, aunque inicialmente tenías previsto comer otra cosa ése día, así que al final cambias tu decisión y terminas cocinando lo que está a punto de estropearse, aun cuando no te apetece, sólo por no tirarlo. Esto mismo sucede en nuestra vida diaria cada vez que hacemos cosas que no deseamos, sólo porque ya estaban ahí, por obligación o por el qué dirán y esto hace que la fecha de caducidad de nuestra felicidad se precipite.

Y eso por no decir lo mucho que nos preocupa pensar si nos sentará mal comernos un producto ya caducado, aun sin haberlo probado. Es mejor que no le des más vueltas a lo que pueda pasar y lo tires, porque otra cosa que intoxica y hace caducar tu felicidad es preocuparte por cosas que aún no han sucedido en tu vida pero temes, impidiéndote vivir el momento presente.

No sé si a ti te ocurre, pero a mí me sucede que casi todas las semanas compro los mismos productos, que suelo reponer cuando se terminan y por este motivo, casi siempre hago la lista de la compra rápidamente, porque me la sé de memoria. Bien es cierto que en la cocina cuando te acostumbras a hacer lo que ya sabes que te funciona, dejas apartado la posibilidad de preparar nuevas recetas, porque prefieres seguir en la monotonía conocida, que arriesgarte  a probar algo que tal vez no te va a gustar o no te va a salir bien. La rutina es uno de los mayores enemigos de la felicidad y hace que su fecha de caducidad se acelere. Así, cuando estás pasando por una situación de monotonía en la que todos los días te parecen iguales, si añades nuevos ingredientes a tu vida puedes alcanzar nuevos estados de felicidad que desconocías, pero debes atreverte. No hagas siempre lo mismo y cambia algo. Por muy insignificante que pueda parecer una pequeña modificación en tu vida, siempre constituirá un gran empuje y te ayudará a prolongar la fecha de caducidad de tu felicidad.
 
Tampoco debemos olvidar esos momentos en los que paseamos por un centro comercial y llenamos nuestro carro con nuevos artículos de los que nos hemos encaprichado, pero una vez adquiridos, nos damos cuenta que éstos no han producido en nuestra vida el cambio que esperábamos y entonces nos sentimos más insatisfechos e infelices que antes, porque vemos cómo esa "adquisición" no ha conseguido llenar nuestras expectativas y en realidad nos aleja aún más de la felicidad. De nuevo entra en juego la fecha de caducidad, porque aquello que no forma parte de nuestra vida y tanto deseamos, ya sea una experiencia, una persona o un objeto, nos deja de interesar en cuanto pasa a formar parte de nuestra vida y así vamos atesorando instantes de felicidad caducados que nos producen más monotonía y aburrimiento.

Otras veces compramos productos que tienen una fecha de caducidad muy tardía, los guardamos en un armario y nos olvidamos de ellos, pensando que ya los consumiremos más adelante y al cabo del tiempo nos damos cuenta que han caducado. Esto mismo nos ocurre cuando posponemos lo que deseamos hacer para más adelante, pensando que tendremos tiempo y entonces las circunstancias de tu vida cambian y nunca puedes llevarlo a cabo y te pierdes el momento en el que había sido posible hacerlo, volviendo a caducar una vez más tu posibilidad de felicidad presente.

Y si la felicidad tiene fecha de caducidad ¿qué ocurre con los seres humanos? porque nuestra fecha de caducidad no se produce exclusivamente al morir, se produce cuando nos quedamos paralizados y perdemos las ilusiones, las ganas de seguir adelante y la capacidad para reinventarnos a nosotros mismos. Nuestra fecha de caducidad es un pasaporte hacia ninguna parte, hacia aquel lugar donde no te gustaría viajar, pero en el que has estado demasiadas veces.

Nuestra vida está formada por esos momentos de espera que vivimos resignadamente pensando que cuando terminen llegará la verdadera felicidad y es justo en ese instante cuando nuestra felicidad caduca, porque ya no aprovechas el presente, que  aparece en tu vida como un momento único e irrepetible para ser feliz. Por eso no dejes nunca de tener una ilusión o de luchar por un sueño. Un sueño no tiene por qué ser una meta inalcanzable y alejada de la realidad. No pienses en aspiraciones imposibles y dime tan sólo qué te gustaría hacer hoy, piénsalo detenidamente, porque aquello que desees hoy se convertirá en la materialización de tu sueño y en la posibilidad de tu felicidad presente, la única que tenemos. No te engañes a ti mismo pensando que lo mejor está por llegar, porque lo mejor es lo que tienes ahora y de ti depende el que así sea.

Así que, si alguna vez piensas que tu problema es que no eres feliz, tal vez el secreto está en saber aceptar que todo en la vida tiene un principio y un final y que para todo existe una fecha de caducidad. Algunos periodos de tu vida serán de gran tristeza y otros de gran felicidad, por eso debes vivir intensamente aquellos momentos en los que la felicidad llame a tu puerta e intentar prolongar la fecha de caducidad de ese instante y cuando estés triste o desanimado, el recordar los momentos felices que has vivido te ayudará a vencer los paisajes de dificultad por los que a veces la vida te hace caminar.

¿Cuánto quieres que dure tu felicidad? Puede que tu felicidad no sea eterna ni dure para siempre, pero de ti depende su fecha de caducidad.

 

domingo, 9 de febrero de 2014

LA OCASIÓN ESPECIAL

¿Alguna vez has reservado algo para una ocasión especial? Hace un tiempo una de mis mejores amigas me regaló un paraguas precioso, con un mango antiguo que me recordaba al que usaba Mary Poppins en mi película favorita de la infancia, tal vez por eso solía llamarlo así. Tan bonito me parecía el paraguas que temía que sus finas varillas se rompieran o estropearan en un día de viento o lluvia intensa, así que solía reservarlo para una ocasión especial. Y mientras este hermoso paraguas permanecía solitario, colgado en una percha detrás de la puerta de mi habitación,  yo seguía usando mi viejo paraguas de siempre, que había aguantado en más de mil batallas.

Hoy era un sábado de invierno como otro cualquiera, amenazaba lluvia pero probablemente no llovería, así que me pareció el momento ideal para llevar mi paraguas de Mary Poppins, pues seguramente no tendría que usarlo y se mantendría en perfecto estado, como siempre. Sin embargo por la tarde, cuando regresaba a casa en metro, iba subiendo por una escalera mecánica que repentinamente se estropeó y se detuvo, por lo que tropecé y perdí el equilibrio, estando a punto de caerme. Aparentemente no había sucedido nada, pero cuando miré mi paraguas me di cuenta que se le había roto el mango y ya nunca más podría volver a usarlo. Así que he visto decepcionada cómo mi paraguas a estrenar, se ha roto incluso antes de que llegue la ocasión especial de usarlo.

Esto me ha recordado a una situación parecida que viví en mi infancia. Cuando era pequeña iba a jugar a casa de una amiga que tenía muchos hermanos. Mi amiga y su familia solían hacer su vida diaria en una salita muy pequeña, donde apenas cabían todos incómodos y apretados, sin embargo, la casa disponía de un gran salón decorado con cuadros y muebles antiguos muy bonitos que siempre permanecía cerrado. Yo no podía entender esto, pero la madre de mi amiga decía que sólo lo utilizaban en celebraciones especiales y de esta forma siempre estaba ordenado y los muebles se conservaban en buen estado. Unos años después, mi amiga y sus hermanos, por diferentes circunstancias de la vida,  se tuvieron que ir a vivir a ciudades alejadas de nuestra ciudad natal, algunos incluso  se marcharon a trabajar fuera de España y apenas disponían de tiempo para visitar a sus padres más que una o dos veces al año. Así que el gran salón siguió cerrado, puesto que las oportunidades de ocasión especial escaseaban. Tal vez de haber sabido que sus hijos se marcharían tan lejos, la madre de mi amiga se habría dado cuenta que en realidad cada día que habían pasado juntos había sido un momento único, ahora desperdiciado, para disfrutar juntos del gran salón que siempre había permanecido cerrado. Estoy segura de que si la madre de mi amiga pudiera retroceder en el tiempo y considerar cada día como una ocasión especial, lo habría hecho, pero desafortunadamente las agujas del reloj sólo giran en una dirección y a veces se nos olvida vivir plenamente el presente pensando que un futuro mejor nos espera.

¿Cuántos momentos de tu existencia reservas para esa ocasión especial que nunca sucede? Tal vez esa joya familiar que atesoras aguardando para lucirla en ese gran evento al que nunca te invitan o ese traje que apenas usas esperando el día especial para llevarlo puesto, permanezcan guardados toda tu vida porque piensas que no ha llegado la ocasión especial de hacerlo. Quizás piensas en estos instantes en esa persona que siempre ha estado a tu lado y a la que sólo dices te quiero o le haces un regalo el 14 de febrero o el día de vuestro aniversario, cuando ¿acaso no la sigues queriendo los 363 días restantes del año? y es que cualquier día es el momento perfecto para sorprenderle y demostrarle tu afecto.

No reserves el viaje de tu vida para cuando tengas tiempo o te jubiles, porque tal vez ese momento nunca se produzca. No esperes a que lleguen las vacaciones para leer tu libro favorito o para hacer aquello que más te gusta, ni a que sea 31 de diciembre para desearle los mejores propósitos a un gran amigo y luego olvidarte de él en cuanto las campanadas dan la bienvenida al nuevo año. No esperes un ascenso para descorchar una botella de champán, ni a que sea tu cumpleaños para darte un capricho, ni aguardes a que España juegue la final del Mundial para pasar una tarde tomando cervezas con tus amigos.

No puedes abandonar tu vida en espera de la ocasión especial, porque seguro que muchas ocasiones especiales se te han escapado esperando a que llegue ése gran momento y en ese preciso instante es cuando te lo pierdes, porque la ocasión especial siempre ha estado ahí, en las pequeñas cosas que forman parte de tu vida y te acompañan cada día, pero tú no has sabido verlo, porque crees que un momento especial sólo sucede cuando se produce un gran acontecimiento que cambia tu vida y entonces tú mismo te cierras la posibilidad de que ese instante mágico se produzca, porque no crees en él. Cualquiera que sea tu religión o tu creencia, cada día es una ocasión especial para celebrar la vida y para sentirte agradecido por estar aquí y por tener el privilegio de comenzar un nuevo día y aunque a veces el destino te lleve por caminos difíciles, lleno de obstáculos y piedras y no encuentres sentido a tu vida, si puedes escuchar el latido de tu corazón y demostrar tu coraje y tu valía, es porque tu vida tiene un sentido y un valor y así es cómo deberías verlo.

Devolver una sonrisa, dar las gracias o decir te quiero, escuchar una bella canción, dar un paseo por el parque con tu hijo, comer tu plato favorito, contemplar la puesta de sol o compartir un rato con tus seres queridos son ocasiones especiales que pueden suceder cuando tú decidas.

Si cada día te regala el privilegio de contemplar el amanecer y puedes observar cada anochecer el resplandor de la luna y las estrellas, encontrarás que no hay ocasión más especial que ésta y sucede exactamente cada veinticuatro horas.

Tu vida entera es una ocasión especial y si lo consideras de esta manera, vivirás intensamente y celebrarás cada día ser el protagonista de cada momento de tu existencia.

No esperes más tiempo para vivir una ocasión especial y empieza ahora, desde este mismo segundo....



martes, 4 de febrero de 2014

EL ROMPECABEZAS

Cuando era pequeña sentía cierta fascinación por los rompecabezas. Admiraba el modo en el que una figura podía ser obtenida a partir de piezas aparentemente inconexas entre sí que por sí solas parecían no tener ningún significado y que unidas formaban un todo. Recuerdo la frustración que sentía cuando no conseguía encajar todas las piezas y, en contrapartida, la gran satisfacción al contemplar la obra terminada.

Cuando el rompecabezas está sin resolver se produce en nosotros la duda. Cada pieza representa la incertidumbre, porque por sí sola no significa nada para nosotros y queremos encajarla cuanto antes para ver el rompecabezas terminado y aunque a veces el resultado sea diferente al que esperábamos, el sólo hecho de contemplar algo que reconocemos fácilmente, nos produce tranquilidad, estabilidad y nos hace entrar en la zona de confort, lo conocido. Lo mismo sucede con nuestra vida cotidiana, a menudo queremos dar estabilidad a nuestra existencia buscando el encaje perfecto ante situaciones sin resolver y entonces nos precipitamos y encajamos las piezas equivocadamente, obteniendo un resultado diferente al esperado y dando lugar a un nuevo rompecabezas que nos aleja de nuestras metas personales. En esos momentos sentimos que nuestra vida no marcha bien y es porque la rapidez con la que desarrollamos nuestra existencia y la falta de conexión con nosotros mismos, hace que consigamos el efecto contrario y que nuestro rompecabezas tenga cada vez más piezas separadas entre sí, cuando la realidad es que cada pieza requiere un tiempo y un espacio para desarrollarse y encontrar su lugar exacto.

La gran mayoría de piezas que conforman nuestro rompecabezas las vamos adquiriendo a lo largo de los años, es por ello que a veces tenemos la sensación de vacío, por aquello que anhelamos conseguir pero aún no ha llegado a nuestra vida. Otras veces sentimos que nos sobran piezas, es decir, situaciones que desearíamos no haber vivido y que preferiríamos olvidar cuanto antes, puede incluso que nos encontremos con piezas duplicadas, exactamente iguales entre sí, porque la vida pone en nuestro camino las mismas experiencias una y otra vez hasta que conseguimos superarlas. Y hay ocasiones en las que deseamos las piezas de los rompecabezas de otras personas, pensando erróneamente que son mejores que las nuestras.

El rompecabezas de nuestra vida está formado por nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. En el pasado está el comienzo, nuestro punto de partida y de referencia, por ello es fundamental conocernos a nosotros mismos, pues nuestro origen forma la primera pieza de nuestro rompecabezas y nuestra educación determinará la posición que adquirirán las demás piezas a lo largo de nuestra vida. El presente es el ahora, nuestro momento y el futuro el resultado, la proyección de nuestro presente. A veces nos pasamos gran parte de nuestra vida viajando a través del tiempo para intentar encajar todas las piezas y en esa búsqueda del encaje perfecto de nuestro rompecabezas nos olvidamos de lo más importante: vivir en el momento presente, aun cuando sólo dure un instante. El presente es el único lugar en el que podemos modificar cada pieza y encontrar la solución a todas las incógnitas de nuestra vida.

Si alguna vez te preguntas cómo puedes resolver el rompecabezas de tu vida, sólo cuando llegues a un conocimiento profundo de ti mismo, te darás cuenta que en realidad no te falta ni te sobra ninguna pieza, ni necesitas pasarte la vida entera intentando encajarlas entre sí. Lo extraordinario de la vida te enseña que todas las piezas que conforman tu rompecabezas son necesarias para tu crecimiento y evolución personal. Y por eso, tu rompecabezas es perfecto.

sábado, 1 de febrero de 2014

LO QUE PERMANECE

Esta tarde mientras paseaba por la Gran Vía he contemplado la belleza de algunos edificios y esculturas que, desafiantes al paso del tiempo, siempre han estado ahí, imponentes y atrayentes, pero a su vez invisibles para casi todos. La mayoría de las veces no apreciamos lo que estamos viendo y es porque miramos, pero no vemos y es justo en ese preciso instante cuando lo importante pasa desapercibido, es decir, aquello que permanece.

Lo que permanece es lo auténtico de las personas, de las cosas, de las situaciones y de los hechos, lo que trasciende a las modas y perdura a través del tiempo. Lo que permanece es como el viento, llega a todos los rincones del universo y habita en el interior de nuestra alma. Nuestros antepasados nos transmitieron su conocimiento de la misma manera que nos enseñaron a usar el fuego, sin embargo aquello que está siempre a nuestro lado es pronto olvidado y centramos nuestra existencia en lo que no permanece y carece de autenticidad.

Hoy quiero invitarte a que descubras la verdadera esencia de lo que permanece y todo aquello que antes era invisible a tus ojos cobrará un nuevo sentido. Encontrarás respuestas a preguntas que antes suponían una incógnita sin resolver en tu vida, descubrirás nuevas oportunidades de negocio donde antes no veías salida, desarrollarás en ti mismo valores de los que pensabas que carecías y redescubrirás personas que siempre han estado a tu lado, pero parecían invisibles a tus sentidos. Cuando valoras lo que permanece, comienzas a mirar tu entorno con un cristal diferente y captas el  significado auténtico de lo que te rodea. Es como cuando paseas por un parque y de pronto descubres un paisaje maravilloso que siempre ha estado ahí y antes no habías sabido ver porque habías cerrado los ojos a lo que permanece.

Los seres humanos nos encontramos en una búsqueda incesante de nuevas experiencias, nuevos amores, nuevas sensaciones y nuevas partes de nuestro ser y nos quedamos ciegos de aquello que permanece y  es así como el más bello edificio, canción, oportunidad o persona se convierten en inexistentes, a pesar de estar aquí ahora presentes. Aparecen y  desaparecen de tu vida para siempre, como si nunca hubieran existido.  Pero más allá de tus circunstancias y de tu momento presente, dentro de ti se encuentra el poder de recuperar el valor de lo que permanece y su verdadera esencia.

Sólo debes escucharte a ti mismo y escuchar el lenguaje del universo y cuando entiendas su verdadero significado, sólo entonces habrás descubierto que lo que permanece forma parte de ti desde el momento de tu nacimiento y siempre caminará contigo, a tu lado y dará sentido a toda tu existencia. Si miras el mundo desde esta perspectiva, alcanzarás una nueva dimensión de la realidad que te rodea y dejarás de buscar tu bienestar en lo efímero y fugaz, porque es en lo que permanece donde se encuentra la llave que abre la puerta que te conduce hacia el camino de la verdadera felicidad.


 

sábado, 25 de enero de 2014

EL ESPEJO Y LA REALIDAD



Uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida fue un espejito que me regaló mi abuela cuando era pequeña. Mi abuela había trabajado en su juventud en una fábrica de espejos y lo consideraba un objeto mágico, porque representa un fiel reflejo de la realidad y solía repetirme que "si quieres saber la verdad sobre algo, el espejo te dará siempre la respuesta adecuada".

Mi abuela me inculcó la necesidad de hablar a diario con el espejo y por eso me regaló aquel maravilloso objeto que ella misma había tallado a mano, en pedrería de diferentes colores. Yo era muy pequeña aún y apenas podía sostener el espejo entre mis manos, pero a partir de aquel día aquel preciado objeto se convirtió en mi joya predilecta y lo llevaba conmigo a todas partes. Junto al espejo, me entregó una carta que leí a toda prisa, sin entender su verdadero significado y ella me dijo que la conservara para leerla con más detenimiento cuando fuera mayor y ella ya no estuviera a mi lado, así que mi madre la guardó cuidadosamente sabiendo que me sería de utilidad en el futuro.

Años después, sucedió que en mi vida comenzaron a fallar varios pilares fundamentales como la salud, el trabajo, los amigos y también por qué no decirlo, era muy poco afortunada en el amor. Yo me sentía muy insegura e incapaz de hacer algo para cambiar lo que sucedía, porque siempre hacía culpable de mi situación a las circunstancias externas. Sin embargo, el día que decidí empezar una nueva vida fue aquel en el que se me cayó al suelo el espejo que me había regalado mi abuela y al recogerlo vi mi imagen reflejada en mil pedazos. Entonces me di cuenta que en realidad, mi abuela quería que mirase más allá del espejo y me centrase en aquello que no puedes ver pero da sentido a toda tu vida y sentí la necesidad de trabajar sobre mi persona para recomponer cada pieza de mi vida que no encajaba. Sabía que no sería tarea fácil, pero era necesario mirar dentro de mi, si quería sentirme bien conmigo misma.

Una de las primeras cosas que hice, fue volver a leer la carta que mi abuela me había entregado junto al espejo y no había vuelto a leer desde que era una niña. Entonces sentí de nuevo aquella emoción indescriptible de la primera vez que sostuve su espejo entre mis manos.

Algunas de las palabras de mi abuela que más me impactaron fueron las siguientes: "Cuando te miras a un espejo, el problema con el que te enfrentas no es la realidad de lo que aparece ante ti, si no la interpretación que tú haces de esa realidad. Da igual que seas fea o guapa, lo importante es cómo te veas a ti misma y cómo interpretes aquello que ves y si quieres que la interpretación sea positiva, debes trabajar tu autoestima. Si te quieres a ti misma, te gustará la imagen que ves reflejada en el espejo, pero si te sientes triste, deprimida y aborreces tu vida, no te gustará lo que aparece reflejado, aunque tu rostro sea el más hermoso del mundo, pues te sentirás una persona desgraciada. La imagen que ves reflejada en el espejo se retroalimenta con aquello que sientes, potenciando los sentimientos que tienes en esos momentos. Si son sentimientos de felicidad verás reflejada esa luz en el espejo y esa luz se trasladará a toda tu vida, pero si son sentimientos de tristeza, todo aquello que aparezca reflejado en el espejo te parecerá gris y falto de vida. Lo mismo sucede en la vida de cada persona. Existe una realidad y la interpretación que hacemos de ella. Lo ideal sería que nos limitásemos a ver la realidad tal  y como es, como aparece en el espejo, pero eso sólo sería posible si no tuviéramos pensamiento propio. Por eso, no te dejes engañar por lo que veas reflejado en el espejo pensando que hay una realidad  única e inamovible que es tal y como aparece ante ti, porque hay otra realidad invisible paralela creada por tu propio pensamiento que hace posible que puedas modificar la imagen real del espejo, dando como resultado la proyección de aquello que tú desees. No olvides trabajar el mundo de lo invisible, donde encontrarás las respuestas que necesitas y sobre todo recuerda que tu felicidad depende de tí".

A partir de aquel día volví a mirarme cada mañana en el espejo y al ver mi imagen reflejada, me preguntaba qué sentía y prestaba atención a los pensamientos que tenía sobre mi persona, trabajando aquellos que no me gustaban y eran negativos y construyendo nuevos pensamientos, hasta llegar a una aceptación de mi propio ser. Entonces vi reflejada aquella mujer que siempre había sido y no había sido capaz de ver, alguien con valor y capaz de dirigir su propia vida hacia el camino de la felicidad. Por fin comenzaba a comprender aquello que mi abuela había intentado enseñarme toda su vida y es que la imagen que aparece reflejada en el espejo depende de tu pensamiento y tú la puedes moldear cada día, convirtiéndola en aquello que tú desees.

Así que, si alguna vez te miras en el espejo de tu vida y éste no te devuelve la imagen que esperabas, tal vez ha llegado el momento de mirar dentro de ti mismo y determinar qué es aquello que no funciona bien y necesitas arreglar para recomponer todas las piezas que conforman tu persona. El pegamento más efectivo para volver a encajar todas tus piezas es quererte y aceptarte a ti mismo. Entonces volverás a ver tu reflejo en el espejo de la misma manera que el sol se refleja en el horizonte cada amanecer y sentirás que una nueva luz nace en tu interior y si miras dentro de ti mismo, siempre encontrarás la respuesta que necesitas. 
  

domingo, 19 de enero de 2014

LUCES Y SOMBRAS

Nuestra vida  se compone de luces y sombras, dos opuestos que no podrían vivir el uno sin el otro;  como la vida y la muerte; la alegría y el dolor; la riqueza y la pobreza; la belleza y la fealdad; la salud y la enfermedad...Cada uno de nosotros podemos decidir cuál de los dos potenciar, sin embargo, cuando perdemos el equilibrio nuestra balanza se desajusta y uno de estos opuestos pesa más que el otro, normalmente el negativo, haciendo que nos colapsemos y seamos incapaces de seguir adelante. No hay una sola persona que no haya pasado por un momento de sombra a lo largo de su vida, incluso aquellas que pensamos que llevan una vida de éxito. Sin embargo, es en la adversidad cuando más crecemos y nos hacemos más fuertes. 
La sombra es el maravilloso lugar donde puedes resguardarte en un día de extremo calor, pero también se puede convertir en tu mayor enemiga cuando la utilizas para ocultarte de la realidad. Y aquí habría que referirse a esos momentos en los que  vives a la sombra de tu propia vida, sin sentirte identificado con nada de lo que te rodea, en lugar de potenciar todas tus cualidades y convertirte en el centro de tu propio universo. Todos atravesamos por circunstancias difíciles a lo largo de nuestra vida que desearíamos eliminar y convertir en inexistentes. A veces olvidamos que la luz se encuentra muy cerca de nosotros y que podemos apretar el interruptor cuando lo deseemos, el problema es que nos hemos acostumbrado a estar a oscuras y la mayor parte del tiempo preferimos seguir instalados cómodamente en ese espacio y que nada ni nadie nos saquen de nuestra sombra conocida.
Una persona se convierte usualmente en aquello que cree que es y también su sombra, que es una prolongación de la propia persona y se nutre y alimenta de ella, por eso hay personas que no se reconocen ni en su propia sombra. Con el paso del tiempo, son estos momentos de sombra los que más valoras en tu vida porque te hacen apreciar cuánto te has superado para dejarlos atrás y para avanzar con paso firme hacia un nuevo horizonte, el lugar donde se encuentra la luz.

Las luces y sombras son las dos caras de una misma moneda y aunque la lances al aire y no sepas cuál te va a salir, lo importante es que estés preparado para vivir cualquiera de las dos circunstancias porque ambas, las luces y sombras, lo positivo y lo negativo, son necesarios para seguir creciendo y para que encuentres tu propio camino en la vida.
No intentes huir de tu sombra porque entonces estarás huyendo de ti mismo. Ni pretendas abandonarla u ocultarte tras ella. Tienes que aprender a vivir con ella. A bailar con ella, a seguir sus movimientos, a lograr una coreografía perfecta. Incluso debes aprender a alimentarla para que no sea más pequeña que tu propio yo. Un hombre no es nada sin su sombra de la misma manera que el sol y la luna se necesitan para seguir existiendo.

Si no reconoces tu sombra, ha llegado el momento de que mires en tu interior, profundamente, allí donde nunca habías llegado y escuches la dialéctica de tu cuerpo y de tu alma. Y en esa búsqueda de tu sombra llega el momento de emprender el maravilloso viaje que siempre habías deseado iniciar y que te ayudará a encontrarte contigo mismo. No tengas miedo de tu sombra, ni mires atrás para ver si te acompaña, tan sólo deja que siga tus pasos y aprende a vivir con ella. Sólo así encontrarás sentido a tu vida y conocerás el verdadero significado de la felicidad.