viernes, 15 de noviembre de 2013

EL CLUB DE LOS AMIGOS MUERTOS

Esta tarde
he regresado de nuevo
a mi antiguo rincón
del emblemático Café Viena.
Mi mesa me
aguardaba silenciosa,
y mi confortable sillón,
ése que mira al espectador
y lleva mi nombre grabado
con tinta invisible,
esperaba una vez más
abrazarme entre sus brazos
y aunque el tiempo haya pasado,
siento la misma atmósfera de ayer,
y mis recuerdos de otra época
se mezclan
con el tardío final
de mi inefable presente.
El piano toca su melodía
y la luz de la ventana,
ésa que asoma
al mundo su mirada,
me permite observar tras el cristal
el diario caminar del ser humano.

Es el mismo escenario,
pero los protagonistas
han cambiado.
Señores ejecutivos
miran sus teléfonos móviles
y comparten su café
con amarga sonrisa
cargada de prisa,
que te hace sentir
que el mundo
que conocíamos
ha dejado de existir.

En este mismo lugar,
compartí tertulia y café
durante cincuenta años
con mis mejores amigos.
Éramos seis,
amigos desde la infancia,
corazones unidos
frente a una triste España.
Conversábamos sobre la vida,
y poníamos letras a la poesía
y  música a la vida.

Nuestros sueños se reflejaban
en el cristal de la vida
y el aroma de nuestro café
era sabor y  refugio
de  nuestro férreo compromiso
por construir un mundo mejor.
Fueron cincuenta años de amistad,
de compartir nuestro tiempo,
de darnos los mejores consejos
y ese abrazo de amigo solidario
que tu alma cansada necesita
cuando la soledad le visita.

Un día,
el paso del tiempo
comenzó a decirnos adiós
y un sillón quedó vacío,
al poco tiempo fueron dos,
y al año siguiente sólo quedamos tres.
El reloj de la vida,
comenzó a latir débilmente
y parecía querer despedirse
de cada uno de los amigos
que para siempre se marchaba.
Mientras tanto,
el mundo seguía cambiando
y viajaba hacia el futuro
a pasos agigantados.

Hoy tan sólo quedo yo,
a solas con mi bastón
y en íntima comunión
con mi profunda reflexión.
Cada semana
mi calendario tiene
una cita para mí reservada
en el Club de los
Amigos Muertos
y aunque sus sillas estén hoy vacías,
me siento feliz acompañado
por los recuerdos de mi pasado
y por los hermosos sueños
que juntos hemos creado.
Sé que mi final está cerca,
y no tengo miedo
a despedirme de tí
ni de todo lo que me rodea.

Lo que de verdad
me produce temor
es saber que la esperanza
ha abandonado
el corazón y el alma
de millones de personas,
que no ven hoy salida,
ni futuro,
ni horizonte cierto.

Antes de que el telón
se cierre y me marche
para siempre,
no quiero decirte adiós
sin antes recordarte
el sufrimiento de mi generación
que pasó por una terrible guerra,
muchos perdimos a nuestros padres,
arrancados fuimos de nuestra tierra
y azotados durante años por
la escasez y miseria.
Algunos días parecía
que no existiría el mañana,
pero nunca  nos rendimos
y superamos juntos aquella situación
porque teníamos convicción,
y nos refugiamos
con fuerza y fe
en el hogar de la esperanza,
y cada nuevo día
que nacía en nuestra alma
construíamos castillos de optimismo
habitados por nuestros sueños.

Tal vez tu cielo presagie hoy tormenta,
y las estrellas hayan desaparecido de tu vida
Tal vez hoy no puedas divisar el horizonte,
pero no pierdas nunca de vista la esperanza,
trabaja tu fortaleza interior,
y mantente unido a tus amigos.

La tormenta arreciará
y si tienes esperanza,
aunque la intensa lluvia
no te deje ver lo que
asoma hoy tras el cristal,
sabes que la luz
del arco iris
volverá a nacer en ti,
y si tienes fe así sucederá
porque nunca la oscuridad
de la noche duró para siempre
ni el invierno helado
se instaló eternamente
en el jardín de tu corazón,
La luz y el color
volverán a guiar tu vida
de la misma forma
que han iluminado la mía
hasta el final de sus días.

Sólo debes tener paciencia y fe
y confiar en ti mismo,
porque aquello en lo que crees
está a punto de suceder
y la luz volverá a brillar con fuerza
en el escenario de tu vida,
aquél que tú  mismo decidas recorrer
cada nuevo día que amanece en tu alma.

 





 

martes, 12 de noviembre de 2013

LA LISTA DE LOS DESEOS

¿Eres de los que consiguen todo lo que se propone en la vida? A día de hoy puedo afirmar que he hecho realidad casi todos mis sueños. Te voy a contar cómo lo conseguí. Todo comenzó una lluviosa tarde de primavera en la que me encontraba en casa ordenando papeles. Entre tanto desorden aparecieron unas fotografías antiguas en las que estábamos mi hermana y yo tomando el sol en un parque de Boston. Allí pasamos tres veranos estudiando inglés cuando teníamos 14 o 15 años y puedo afirmar que fueron los mejores veranos de mi vida, así que siempre recuerdo esa época de mi adolescencia con mucho cariño. Ver las fotos después de tanto tiempo me produjo cierta nostalgia, pero también un deseo incontenible de regresar a aquella maravillosa ciudad, así que sin pensarlo dos veces, cogí una hoja de papel y  escribí  "Disfruto de un maravilloso viaje a Boston", puse la hoja de papel en un lugar visible de mi mesilla de noche y cada mañana cuando me despertaba la leía, al mismo tiempo que me imaginaba paseando otra vez por las calles y parques de Boston.  Cual no será mi sorpresa cuando varios días después, mi marido que es médico, me comentó que tenía que asistir a un congreso de medicina en Boston y que podíamos aprovechar para tomarnos esas vacaciones que tanto tiempo llevábamos posponiendo. Casi todos sus viajes son por Europa, así que me quedé asombrada. No sé si escribir mi sueño  tuvo algo que ver, pero lo cierto es que regresé a Boston y sentí la misma emoción que cuando crucé el océano por vez primera y un nuevo mundo se abría ante mis ojos. Así fue cómo comencé a creer que los sueños pueden hacerse realidad.
 
A partir de ese momento tomé como hábito el escribir en una lista todo aquello que deseaba conseguir en la vida y me compré una libreta especial, que siempre llevaba conmigo a todas partes y anotaba cuidadosamente en ella cada deseo o meta que me proponía realizar. Me interesé por esta técnica que ya existía, leí varios manuales al respecto e hice una síntesis de los pasos a seguir:
1. Debes anotar cada uno de tus deseos de forma clara y concisa.
2. Escribe tus deseos en presente, como si ya existieran.
3. No utilices palabras negativas como "ninguno" o "no", elimínalas de tu vocabulario.
4. Confía y no dudes. Pon toda tu fe en que tu deseo se lleva a cabo. Para mí, éste es el paso más importante, pues para conseguir cualquier cosa que te propongas en la vida, debes creerlo posible.
5. Da las gracias y hazlo en tiempo presente, como si ya hubieras conseguido hacer realidad aquello que deseas.
6. Puedes poner fecha a tus deseos, para conseguirlos en un plazo determinado, pero debe ser un plazo realista.
 
Continué con mi vida y con mi trabajo como contable, pero cada día hacía progresos con mi lista de los deseos e incluso incluía fotografías de algunos de mis deseos, para visualizarlos y hacerlos más reales. Al cabo de un tiempo nos mudamos al piso que siempre habíamos deseado y cada día surgían nuevas posibilidades que yo creaba con mi pensamiento. Te voy a confesar un secreto, uno de mis sueños más inalcanzables ha sido el de convertirme en cantante profesional. Cuando era pequeña tenía una voz muy bonita, mis padres decían que cantaba muy bien y llegué a cantar en un grupo que formamos en el instituto "Las Guitarras Rebeldes", pero con el paso del tiempo lo dejé y aquel recuerdo sólo se materializaba cuando cantaba bajo la ducha. Siempre he pensado que aunque un sueño parezca inalcanzable, no por ello tiene que ser imposible, así que anoté  en mi libreta de deseos personales "soy una famosa cantante que triunfa en el escenario" y continué con mi vida, imaginando que ya era cantante. Al cabo de unos meses, una de las tardes en las que estaba de compras en el supermercado, se había convocado un concurso. Aquel que mejor cantara por la megafonía el jingle del supermercado podía ganar un carro de la compra valorado en 300 euros. El estribillo era un poco tonto "Compra en Supermercados Alameda y ahorrarás cientos de monedas", pero ahí fui yo, dispuesta a ganar el carro de la compra, micrófono en mano. Cuando canté la estrofa, no sólo gané el premio valorado en 300 euros, si no que además se me acercó un señor que también estaba comprando y que resultó ser productor discográfico. Le había encantado mi voz y quería hacerme una prueba y es que cuando crees en ello, las oportunidades aparecen a cada momento.
 
Y aquí estoy ahora mismo, escribiéndote desde el estudio de grabación, donde estoy a punto de grabar mi primer disco ¿puedes creerlo?, mi primer single ha sido éxito de ventas y mi vida ha cambiado por completo. En menos de dos años he regresado a la ciudad donde pasé los mejores veranos de mi vida, he comprado el piso de mis sueños,  me he convertido en cantante profesional y he dejado el trabajo de contable con el que nunca me había sentido realizada. Y en mi bolsillo siempre llevo la lista de los deseos con la que sigo trabajando cada día y puedo decir que a día de hoy he conseguido casi todos los sueños que tenia, bueno, me falta uno, ser madre, pero ¿sabes qué? justo ayer me enteré que estoy embarazada. 
 
Muchas veces no conseguimos aquello que nos proponemos en la vida porque no expresamos claramente  qué deseamos, por eso te aconsejo que te preguntes a ti mismo cuáles son tus sueños y los escribas en tu lista de los deseos, confiando en que conseguirás hacerlos realidad. Confiar es muy importante, si dudas,  la posibilidad de realización de tu sueño se desvanece.  No olvides que lo único imposible es aquello que no se intenta o se abandona antes de tiempo. Y los sueños nunca se abandonan, pero debes creer en ellos y sobre todo creer en ti mismo. Y ahora dime ¿cuáles son tus sueños? Aquí te dejo un bolígrafo y tu lista de los deseos, que comienza con una hoja en blanco y un pensamiento, para que tú mismo empieces a dar forma a tus sueños.
 
 
 
 
 
 

sábado, 9 de noviembre de 2013

UN DOMINGO COMO LOS DE ANTES

A veces aparece en mi pensamiento el recuerdo de un domingo como los de antes, cuando paseaba por la ciudad buscando el sol entre las calles y el aire olía a pan caliente recién horneado, no a sabor de baguette recalentado, los parques florecían de personas relajadas que contemplaban los reflejos de la luz del otoño a través del cristal de su retina, los besos sabían a besos de verdad y las sonrisas eran reales, no artificios virtuales. La vida era más sencilla y la gente era feliz con lo poco o mucho que tenía, porque sólo conocían esa vida y no existía un universo virtual paralelo donde siempre tienes la impresión de que algo importante falta en tu vida. Ahora la gente también disfruta de su día de descanso, pero en realidad, todo ha cambiado, pues el domingo puedes hacer exactamente lo mismo que cualquier día de la semana, desde trabajar en tu ordenador hasta  realizar la compra semanal en el supermercado o pasear por el centro comercial, cuando hace años era impensable encontrar un comercio abierto ese día y las ciudades no estaban habitadas por tiendas chinas de todo a un euro que, ni tan siquiera cierran el día de Año Nuevo. No ha pasado tanto tiempo desde la última vez que disfrutamos de un domingo como los de antes y sin embargo, parece que han transcurrido siglos.
 
Aún guardo en mi memoria aquellas comidas familiares de domingo, reunidos todos alrededor de la mesa, donde el plato principal eran nuestras risas y confidencias y no prestábamos atención a aquellos intrusos que no habían sido invitados y que más tarde se convertirían en el anfitrión, como el móvil, el ipad o el televisor. Tampoco puedo olvidar aquellas tardes  dominicales dedicadas a escribir cartas a mi mejor amiga, con mi mejor caligrafía y contando en el calendario los días que tardaría en recibir su respuesta dentro de un sobre perfumado lleno de dibujos coloreados. Existía un tiempo de pausa y espera necesaria que daba emoción e intensidad a cada momento que vivíamos. Todo eso ha desaparecido con la llegada de la tecnología y la inmediatez parece ser la única respuesta a la incesante prisa en la que vivimos instalados. Los móviles  nos obligan a estar disponibles las 24 horas del día y la palabra del ser humano ha perdido todo valor porque con un simple emoticono puedes expresar una sensación de alegría, amor, euforia o tristeza ¿y sabes qué? eso nunca podrá sustituir al calor de lo que de verdad quiere expresar tu corazón.  Y si contamos los 200 amigos que tienes en Facebook, dime ¿con cuántos de ellos quedas para charlar o tomar un café algún día de la semana?. Aunque creas que estás conectado al mundo y a los cinco continentes, la realidad es que estás solo, muy solo.
 
Y ¿cuántas horas al día te pasas mirando la pantalla de tu Smartphone? Ahora no nos permitimos ni un sólo segundo de desconexión, de abandonarnos a hacer simplemente nada y es cuando no hacemos nada cuando de verdad tenemos una conexión real con nosotros mismos, porque las redes sociales demandan nuestra atención constantemente y nos obligan a detallar casi al minuto cada cosa nueva que hacemos, como si estuviéramos retransmitiendo un partido de fútbol de nuestra propia vida donde somos observadores de nosotros mismos, en lugar de dedicar nuestro tiempo a vivir la vida plenamente y si no tienes nada nuevo que contar te lo inventas, porque lo importante es lanzarte al terreno de juego y hacer algo con el balón, aunque ese algo sume cero en el marcador. En tu retina sólo existe la pantalla de tu Smartphone y mientras la miras, en ese momento te pierdes lo mejor, la vida que pasa por tu lado de puntillas.

¿Por qué no vuelves a disfrutar de un domingo como los de antes? Todo el día para dedicárselo a lo que más te guste hacer, pero sin hacer trampas. No vale mirar el móvil cada dos por tres, ni hablar por el chat de facebook o enviar tweets por cada segundo que respiras. Comparte tu tiempo contigo mismo, con tus amigos y con tus seres queridos. Elige sensaciones que llenen tu domingo de felicidad y que te hagan sentir agradecido por todo lo que tienes. Observa la luz del sol, el color de las hojas de otoño al caer y la música que el viento produce al mecer la rama de los árboles. Obsérvate a ti mismo, feliz y disfrutando de los colores que la vida te muestra cada día y que tú mismo puedes colorear si recuperas los lápices con los que quieres dibujar tu destino, ése que tú mismo decidas vivir.

Te invito a vivir un domingo como los de antes, en el que recuperes el protagonismo de tu vida, abandones la prisa constante que siempre te acompaña y des espacio en tu corazón a las cosas bellas y esenciales de la vida. Te invito a vivir tu vida plenamente, a abandonar las emociones virtuales y a saborear intensamente cada experiencia que te suceda. Si esperas la mejor sonrisa de la vida, cada día de tu vida será especial y otra vez podrás disfrutar de un domingo como los de antes.

 






miércoles, 6 de noviembre de 2013

DEJAR ESPACIO A LO NUEVO

¿Alguna vez te has preguntado por qué no sucede nada nuevo en tu vida? Esta tarde me hacía esta pregunta mientras miraba las estantería del salón repleta de colecciones de libros que no he leído nunca o los muebles saturados de objetos que he ido comprando en los viajes que he realizado estos últimos años. Después miré las paredes y tampoco quedaba hueco libre para un nuevo cuadro. Mientras pensaba esto me decía a mí misma que casi no he dejado espacio en mi vida para las adquisiciones que pueda realizar en nuevos viajes o para colgar nuevos cuadros, pues realmente no cabe nada más en mi apartamento. Y si abro los armarios sucede lo mismo. Encuentro la ropa que me pongo ahora, además de aquella de la que me da pena deshacerme porque conservo algún recuerdo de mi vida relacionado con el momento en el que la llevé puesta, que sólo fueron varias horas y sin embargo, aún le guardo fidelidad a estas prendas y a  día de hoy siguen formando parte de mi vida. Podría decir que la cocina es la única habitación de mi casa en la que aún queda alguna estantería libre porque sabes que los productos que guardas son perecederos y tarde o temprano los tienes que consumir. Pero ¿qué ocurre con todos aquellos objetos que no caducan y que forman parte de tu vida para siempre? ¿Has decidido cuándo quieres terminar tu relación con ellos? O ¿les has jurado amor eterno el resto de tu vida...y no puedes romper con ellos?...Y es que a veces establecemos relaciones más largas con los objetos que nos rodean que con nosotros mismos.
 
Continúo revisando espacios y veo que mi bolso también está abarrotado de cosas, que casi me cuesta cerrar la cremallera sin que se rompa. ¿Y que me dices del escritorio del ordenador? El mío lo tengo dividido por carpetas, pero tengo archivos que no puedo clasificar en una carpeta determinada y al final los dejas ahí, como suspendidos en el limbo, sin hacer nada con ellos, hasta que un día decides hacer un back-up y lo guardas todo en un CD que sabes que no volverás a mirar. Por último siempre digo que tengo que comprar una agenda nueva pero aún sigo usando la misma que tenía cuando iba a la universidad con más de la mitad de los contactos tachados, porque en los últimos diez años han dejado de formar parte de mi vida y al final son más las páginas llenas de tachones que aquellas en las que figuran direcciones actuales. Así te das cuenta que realmente dispones de muy poco espacio en tu vida para dar entrada a cosas nuevas, porque física y mentalmente no has creado el espacio que necesitas.
 
Pero este no "dejar espacio a lo nuevo" no sólo se desarrolla en el hábitat en el que desarrollamos nuestra vida cotidiana, también lo hacemos extensible a nuestra propia persona. Nuestra primera reacción a la posibilidad de que algo nuevo entre en nuestra vida, es el miedo a la incertidumbre de lo desconocido. De entrada nos da miedo vivir experiencias nuevas sin tener una garantía de éxito, sin saber que todo va a salir bien y convertimos al NO en nuestra bandera. Eso hace que en la mayoría de los casos permanezcamos durante mucho tiempo en el mismo lugar, atrapados en un callejón sin salida, pero pintamos y amueblamos las paredes de este callejón y lo convertimos en nuestro hogar, un lugar confortable donde nos sentimos seguros y sin riesgo. Así rechazamos la posibilidad de explorar terrenos desconocidos e inciertos y por lo tanto, una vez más, de dejar espacio a lo nuevo.
 
Otra barrera para no dejar espacio a lo nuevo es la opinión de los demás, que se traduce en miedo al rechazo. Nos importa tanto lo que los demás puedan pensar o decir de nosotros que la mayoría de las veces nos sentimos incapaces de salirnos de la invisible línea recta por la que hemos decidido conducir nuestra vida, donde sentimos una gran monotonía y aburrimiento, pero a cambio ganamos la aceptación de los demás y en nuestra balanza ese deseo de aceptación pesa tanto, que renunciamos una vez más, a la posibilidad de dejar espacio a lo nuevo. ¿ Y qué me dices del temor al fracaso o el "yo no puedo"? Tampoco dejan espacio a lo nuevo.
 
Y mientras tanto las ventanas de tu vida siguen cerradas a cal y canto, sin posibilidad de que la luz del sol y el aire fresco entre por ellas, te muestren nuevos paisajes y hagan nacer en ti emociones y sentimientos que desconocías, porque no has dejado espacio a lo nuevo. Y tú sigues agobiado, día tras día, pensando que no puedes cambiar nada cuando en realidad lo nuevo ya se ha asomado a tu ventana y te ha dado los buenos días, pero tú continúas sin verlo. Pero no hay secretos ni palabras que puedan decirte por qué nada cambia, la respuesta es sencilla y aquí te la dejo escrita: DEJA ESPACIO A LO NUEVO.
 
 
 

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA LUZ QUE SE ENCIENDE Y SE APAGA

Hace unos días estaba leyendo un libro por la noche y la lámpara del salón, que tiene una bombilla halógena,  hizo el amago de apagarse y encenderse varias veces hasta que se fundió por completo, quedando el salón completamente a oscuras. Se da la circunstancia que había cambiado la bombilla hacía poco menos de un mes, por lo que no me parecía lógico que se fundiera en tan corto espacio de tiempo. En otras ocasiones en las que me ha sucedido esto, optaba por cambiar rápidamente la bombilla, pero esta vez decidí esperar. Así que dejé la lámpara conectada aun cuando sabía que la bombilla no funcionaba y decidí poner una pequeña lamparita en la mesa para proseguir con mi lectura. En realidad esta luz me resultaba escasa para leer y no veía demasiado bien, pero no me importó, decidí adaptarme a esta circunstancia y esperar. Cual no será mi sorpresa cuando al cabo de un par de horas, la lámpara del salón volvió a inundar con su luz toda la estancia y ya no he vuelto a tener problemas con ella, funciona perfectamente, sin haber tenido que cambiar la bombilla, que en realidad no estaba estropeada ni fundida. Sólo era cuestión de esperar.
 
Muchas veces en nuestra vida nos encontramos en periodos de oscuridad absoluta en los que nos da miedo caminar, porque desconocemos el terreno que estamos pisando, entonces nos aferramos a la primera luz que aparece en nuestro camino, aun cuando sabemos que no es el faro que necesitamos y que no nos va a llevar al lugar que deseamos, pero  preferimos conformarnos que arriesgarnos a perder la escasa luz que hemos conseguido sin hacer un gran esfuerzo. Así la mayoría de las veces nos acomodamos ante una vida en la que no somos plenamente felices, pero sabemos que nos manejamos bien en ella, pues las sombras que nos rodean nos resultan conocidas, y preferimos seguir ahí, medio a oscuras, que enfrentarnos a la incertidumbre que nos genera la oscuridad total.
 
¿Recuerdas cuando eras pequeño y te daba miedo la oscuridad? Llamabas a tu madre y ella se levantaba de la cama para encenderte una lucecita y darte un vaso de agua. Cuando somos mayores pensamos que hemos conquistado nuestro temor a la oscuridad, pero nos equivocamos, en realidad seguimos teniendo el mismo miedo que cuando éramos pequeños e intentamos evitarla por todos los medios. Debes saber que a casi nadie le gusta la oscuridad pero, es en ella, donde puedes aprender las lecciones más importantes de tu vida y si huyes de la oscuridad, estás huyendo en realidad de ti mismo.
 
Si te fijas bien, ninguna persona relevante a lo largo de la historia ha pasado sólo por períodos de luz y brillo, también y en la mayoría de los casos, ha pasado por largas etapas de sombra y oscuridad, en las que dudaba de sí mismo y de sus capacidades y en donde no veía la luz al final del túnel, pero es en esa oscuridad dónde  pueden surgirte las mayores posibilidades de éxito y de crecimiento personal porque aprendes a conocerte a ti mismo y a potenciar cualidades que siempre han existido en ti pero que hasta ahora, parecían dormidas y tú mismo desconocías que poseías.
 
Es en la oscuridad cuando dejas de prestar atención a aquello que no trasciende en el universo y comienzas a percibir aquello que realmente importa. Aparecen ante ti nuevas realidades que hasta ahora parecían invisibles a tus ojos y un nuevo sol comienza a iluminar tu vida.  
 
El día no sería nada sin la noche y la luz no existiría si no tuviera como compañera de juego a la oscuridad, así que abre tu corazón, hazte amigo de la noche y aprende a bailar en la oscuridad. Sólo cuando comprendas y hables el lenguaje que la oscuridad te susurra, aparecerá en tu vida la luz que necesitas para alcanzar el  camino que conduce a tus sueños.
 
 
 
 
 

sábado, 2 de noviembre de 2013

LA LAVANDERÍA DE LOS RECUERDOS

Hubo un tiempo en mi vida en el que trabajé en una pequeña lavandería de mi barrio. Hasta ese momento había sido bibliotecario y estaba acostumbrado a compartir mi tiempo entre libros y silencio. Pero de un día para otro la biblioteca cerró por falta de fondos públicos y me encontré con 50 años y sin trabajo, algo fatídico en las estadísticas, así que fue una suerte encontrar empleo en aquella lavandería y paradójicamente puedo decir que las cosas más importantes de mi vida las he aprendido allí, no en un libro.
 
Qué cierto es cuando dicen que la vida está llena de contrastes, como cuando pasas del más absoluto silencio al ruido más ensordecedor. Al principio no podía soportar el calor y el traqueteo de las lavadoras, que parecían haber desatado una competición entre ellas mismas para ver cuál ganaba el concurso del ruido. Sin embargo, al cabo de un tiempo no sólo dejó de molestarme el ruido, sino que además, me ayudaba a concentrarme. De alguna manera  sentía que el sonido de las máquinas me aislaba de ese otro rugido que habita en cada ciudad como...el tráfico incesante, el griterío de la gente, el sonido de los semáforos, el aleteo de las palomas, la música de los bares... y me permitía concentrarme en mi propia vida y en aquello que debía mejorar de mí mismo. Así me di cuenta que si te concentras y te escuchas a ti mismo, puedes conquistar el silencio en cualquier lugar en el que te encuentres. A veces perdía la noción del tiempo observando cómo las lavadoras centrifugaban y se movían sin parar y me sentía identificado con la ropa que daba vueltas y con el hecho de que la vida también te hace girar de un lugar a otro y a veces puedes sentirte golpeado y arrugado por los problemas, pero siempre sales más fortalecido y reluciente de esa experiencia, como la ropa que entregábamos al cliente perfectamente doblada y planchada.
 
A la lavandería nos traían todo tipo de prendas, desde sábanas y mantas, hasta ropa industrial, pasando por ropa de abrigo y otro tipo de prendas delicadas. Un día llegó a la tienda una señora mayor que parecía muy apenada. Quería lavar un jersey de su hijo que estaba confeccionado con una lana especial de Perú. Durante el invierno la humedad  había producido alteraciones en el  estampado del jersey y ella quería que quedase como nuevo, al fin y al cabo era el jersey favorito de su hijo y casi lo único que le quedaba de él, pues meses atrás había fallecido en accidente de tráfico. Puse toda mi atención y cuidado en el lavado de aquella prenda. Sin embargo, cuando saqué el jersey de la lavadora, había encogido muchísimo y parecía pertenecer a un niño. Intenté aplicarle diferentes productos, pero no pude hacer nada para que recuperase su estado original. Me sentía triste y abatido.
 
Cuando llegó la señora y le expliqué lo sucedido, no sólo no se enfadó, sino que se sintió aliviada. Me extrañó su actitud y le pregunté si no se sentía disgustada por lo ocurrido, entonces me dijo: "Recuerdo el día que le regalé este jersey a mi hijo , acababa de finalizar su carrera y un brillante futuro le esperaba. Recuerdo su cara de ilusión al probárselo y el abrazo que me dio para agradecérmelo. También recuerdo el día que nació mi primer nieto. Mi hijo llevaba puesto este jersey y cuando tomó a su hijo entre sus brazos, la primera sensación que sintió mi nieto fue el roce de la suave lana de este jersey en su mejilla. Este jersey nunca podría suplir todos y cada uno de los momentos emocionantes  que he vivido al lado de mi hijo, y en mi dolor me había aferrado a esta prenda pensando que era lo único que me quedaba de él, pero me equivocaba. Lo mejor de mi hijo ya lo tengo, así que puedes tirar este jersey, no lo necesito más". Así la señora se liberó de la dependencia que tenía con el jersey y todo aquello comenzó a formar parte de su recuerdo.

A veces nos aferramos a las cosas que tenemos pensando que es lo único que tenemos en nuestra vida y cuando las perdemos sentimos un vacío y una frustración difíciles de soportar, olvidándonos de establecer  un diálogo verdadero con nosotros mismos y con la esencia que las cosas desprenden y que nos llevan a entender el verdadero significado de aquello que poseemos. Puede que mañana pierdas todo lo que tienes, pero siempre permanecerán contigo los recuerdos felices que has ido acumulando a lo largo de tu vida, éstos nutrirán tu alma y te ayudarán a caminar hacia adelante cuando pases por paisajes de dificultad. Así que no llores por lo que te falta y disfruta recordando los momentos de felicidad que te ha proporcionado aquello que ya no posees, eso será tuyo para siempre. Además cada día de tu vida puedes fabricar nuevos recuerdos y ampliar tu álbum de recuerdos personales.
 
 

lunes, 28 de octubre de 2013

LA DESPEDIDA

Uno nunca sabe cuándo va a soñar lo que sueña
ni tampoco cuándo llegará el último adiós.
Aún recuerdo la luz de tu sonrisa
y la música de tu corazón.
Aquel día tenía prisa,
desconocía que aquél sería
nuestro último encuentro
y que nuestra próxima charla
tendría lugar allá donde habitan las estrellas
y que unos pocos llaman cielo.

A veces el pasado se enreda en mi memoria
y en mis sueños y en mi pensamiento
estás siempre conmigo, a mi lado,
sujetando mi mano en tu regazo.
Otra vez miro tu fotografía y la mía,
ésa en la que estamos juntas sentadas,
tú me miras y yo sonrío,
y una vez más
converso contigo.
Te pregunto cómo estás
y en mi pensamiento siento
cuánto te echo de menos.

Nunca una vida fue suficiente
para conocerte mejor.
Fuiste mi mejor amiga y
compartíamos casi todo
pero a veces,
en tus silencios
guardabas tus mejores consejos.
Me hubiera gustado
formar parte de tu infancia
y vivir en esa época
en la que el mundo tenía sentido
y las almas eran almas,
no personas sin destino.
Me hubiera gustado
arroparte cuando de niña
a veces sentías miedo
y a lo lejos las sombras
te llenaban de dudas.
Pero me siento feliz de
saber que formaste parte
de mi niñez y que para ti
yo era alguien importante.

Y en este tiempo,
en el que ya no estás a mi lado
los días han seguido
caminando deprisa y a veces
mi alma se oculta tras la luna
y sigue sin encontrar
un sentido a la vida,
o al menos el sentido
que en nuestro especial universo
tú y yo habíamos creado.

Puede que ya no estés aquí
y que nuestro mundo
haya cambiado en este tiempo,
pero tus palabras y tu pensamiento
forman parte de mi historia
y habitan para siempre en mi memoria.

Cuando me miro al espejo
te veo a ti, libre y feliz
viviendo una vez más
la eterna primavera.
La luz se derrama
en tu ventana y
las flores del jardín
te dan la bienvenida.
Me esperas sentada en un banco,
mientras recitas de memoria
tu oración favorita.
Esta vez no tengo prisa,
espérame,
me quedaré contigo en tu jardín
y contemplaremos juntas el atardecer.

No sólo fuiste mi abuela,
fuiste mi mejor amiga
y mi más fiel consejera.
Perdóname por
no haberte dicho adiós,
tal vez ya sea tarde,
pero en mi pensamiento
y en mi corazón
nunca te fuiste del todo,
tu magia y tu luz
siguen iluminando
cada rincón de mi alma
y cada nuevo amanecer
te doy los buenos días
y tú me saludas sonriendo
desde lo más alto del universo,
donde brilla tu estrella
y nuestros destinos
y nuestras almas,
volverán a reunirse
para siempre algún día.

















domingo, 27 de octubre de 2013

SI TÚ PUEDES SOÑARLO, PUEDES PINTARLO

¿Cuál es tu complemento favorito? El mío es el pañuelo, como no podía ser de otra manera. Mi padre murió cuando yo era pequeña, así que mi madre decidió montar un pequeño taller donde pintaba a mano pañuelos de seda y así fue cómo salimos adelante a finales de los años 60, cuando el espíritu hippie comenzaba a inundar los corazones de la gente. Los pañuelos de mi madre tenían un diseño muy original y pronto se convirtieron en el complemento favorito de muchas señoras de la ciudad. Mi madre no usaba ninguna técnica especial,  pero era una persona muy intuitiva y me enseñó a plasmar cualquier sueño que tuviera en los pañuelos de seda que pintaba. Solía repetirme: "Si tú puedes soñarlo, puedes pintarlo". Y así fue cómo  aprendí a hacer realidad mis sueños y a pintar pañuelos de seda como sólo ella sabía hacer.
 
Los años fueron pasando y las dos seguimos con nuestra vida y trabajando juntas en el taller, hasta que cumplí 44 años. De repente, un día todo cambió.  Mi madre comenzó a confundir los colores y a sentirse desorientada. Al principio pensé que era debido al cansancio, pero  le hicieron pruebas y le diagnosticaron alzheimer. Intenté no alterar su rutina y las dos continuamos pintando los pañuelos de seda, pero a los pocos meses ella ya no recordaba cómo se cogía el pincel,  así que tuve que continuar yo sola, pues cada vez teníamos más encargos. Al poco tiempo me detectaron cáncer de pecho en una revisión rutinaria. Después de la operación  tuve que someterme a varias sesiones de quimioterapia y mi pelo comenzó a desaparecer con la misma rapidez que los días felices de mi infancia.
 
Intenté mantener el ánimo, pero cuando me di cuenta me pasaba el día entero encerrada en casa. No quería ver a nadie y ni siquiera me sentía inspirada para pintar los pañuelos de seda.  A medida que pasaban las semanas me sentía más débil, sin ganas de hacer nada y muchas noches, mientras la ciudad dormía, yo habitaba gran parte del tiempo en esa otra ciudad que nunca duerme, el hospital. Mi madre estaba ajena a todo, al menos me alegró que su enfermedad le hiciera olvidar también las cosas tristes y cuando estaba a su lado me vestía con mi mejor sonrisa y un sombrero para que no notase nada. Un día, sin embargo, decidí cubrir mi cabeza con uno de sus pañuelos de seda favoritos, el primero que ella había pintado a mano y cuando me vio me dijo emocionada: "Si tú puedes soñarlo, puedes pintarlo". Entonces me confesó que hacía mucho tiempo que no pintábamos juntas los pañuelos de seda y que quería volver a hacerlo. Me quedé sorprendida y maravillada.

A partir de aquel día, regresamos juntas al taller, como habíamos hecho desde que yo era una niña. Y aunque mi madre ya no recordaba gran parte de su pasado, las dos nos sentíamos felices de volver a pintar juntas. El ver otra vez a mi madre plasmando sus sueños en los pañuelos de seda me dio fuerzas para luchar por mis propios sueños. Cada día soñaba con mi curación, me veía a mí misma sana y feliz haciendo lo que más me gustaba, pintar con mi madre en el taller. Me aferré con fuerza a la vida y al poco tiempo superé con éxito mi enfermedad.

Puede que tu vida no esté exenta de dificultades y que en más de una ocasión camines por paisajes áridos donde parece no existir la música,  ni los colores, ni la luz del sol pero si cada día de tu vida tienes un sueño y emprendes el camino que te permite llegar hasta él, sentirás la fuerza e inspiración necesarias para no rendirte nunca y conseguir todo aquello que te propongas. ¿Cuál es tu sueño? No importa que sea grande o pequeño o que te parezca posible o imposible. Lo importante es que ese sueño exista para ti, creas en ti mismo y no abandones nunca tu sueño, porque si tú puedes soñarlo, puedes pintarlo.

 

 

miércoles, 23 de octubre de 2013

LA CITA

Tras los cristales
el sol comienza a marcharse
y las agujas de tu reloj
se detienen un instante
para recordarte esa Cita
que siempre has tenido en mente
pero que, durante largo tiempo,
no ha formado parte de tu presente.

La ciudad se prepara
para recibir a las sombras de la noche
y mientras saboreas el aroma de tu perfume favorito,
la música sigue sonando y pone el broche
a la que por fin será tu gran noche.

Hoy has decidido llevar algo especial
y dejar atrás las apariencias.
Has elegido ser tú misma,
abandonando en una percha
todo aquello que impide tu libertad.
Abres tu ventana,
dejas marchar tus dudas
y todo aquello
que te aleja de tus sueños.
Sabes con certeza
que esta vez,
todo saldrá bien.

No quieres ser reflejo de tu pasado,
ni esclava de un futuro
que aún no te ha visitado.
Esta noche vestirás tu mejor sonrisa
y tus zapatos de tacón
te elevarán cerca del cielo,
acercándote a ese lugar
donde sólo habitan las estrellas.

Sales a pasear por la ciudad.
La noche brilla, la luna canta
y tu alma se ilumina.
Hoy tienes una Cita especial,
no te olvides...
has quedado contigo misma.

Hoy has prometido hacerte feliz
y escuchar lo más profundo de tu alma.
Has decidido dejar atrás tus sombras
y encontrar  tu verdadera esencia.
Lo que los demás piensan de ti
se ha transformado en eco
y en tu corazón
solo habita tu pensamiento.

Hoy has decidido ser libre
y dejar atrás todos tus miedos,
Hoy darás un paso más
al mañana de tus sueños.
Y si alguna vez te sientas sola,
deja que tus lágrimas
sigan el rastro del viento
y sigue caminando,
hasta llegar el fondo de tu alma
donde te abrazarás contigo misma
y con tu silencio.

Hoy la felicidad vendrá a caminar a tu lado
y la luna y las estrellas serán
tus más fieles compañeras.
Hoy brindarás con champán
y elevarás tu copa al cielo.
Hoy por fin te has encontrado a ti misma
y ya por siempre serás tu mejor amiga.
La luna reflejará tu alma,
y las estrellas, tu silencio.

Hoy tienes una cita especial,
una cita contigo misma.
Y sabes que aunque el tiempo pase,
las estaciones se sucedan
y el universo cambie,
nunca más te sentirás sola.





lunes, 21 de octubre de 2013

LAS ZAPATILLAS MÁGICAS

¿Recuerdas cuáles eran tus zapatos favoritos? Los míos eran mis zapatillas de baile. Fue un regalo especial de mi abuela. Ella las había llevado puestas cuando era joven y las había conservado cuidadosamente en una caja forrada de seda esperando que llegara el momento de regalármelas. Con aquellas zapatillas, mi abuela había recorrido los escenarios más importantes de Europa y se había convertido en una destacada bailarina. Yo había heredado la misma pasión por el ballet, sin embargo, era incapaz de seguir los ritmos cambiantes de las notas musicales y mis movimientos eran rígidos y torpes.
 
Pero todo cambió el día en el que recibí aquel magnífico regalo: las zapatillas de baile de mi abuela. Eran de color rosa, como cualquier otro par de zapatillas de baile, sin embargo mi abuela me había advertido que estaban realizadas con un material especial y  si te adaptabas a ellas, sucedía algo mágico. La ligereza y flexibilidad de las zapatillas se trasladaban a todo tu cuerpo y tus pies se convertían en una prolongación de tu alma, siendo protagonistas de los más extraordinarios e inspiradores movimientos que una bailarina sea capaz de realizar.
 
A partir de aquel día las bauticé como "las zapatillas mágicas" y comencé a usarlas en mis clases de ballet. Pronto comencé a destacar entre mis compañeras y a realizar pasos que jamás hubiera imaginado. Con veinte años fui invitada a participar en la Reapertura del Liceo de Barcelona. Mi actuación sería la más destacada de la noche. Me había preparado durante largos meses para el estreno y mi abuela quiso acompañarme en tan especial ocasión. El día que aterrizamos en Barcelona, esperamos la llegada de nuestras maletas y nos marchamos a nuestro hotel con relativa tranquilidad. Sin embargo, cuando abrí mi equipaje, las zapatillas mágicas habían desaparecido y por más que busqué entre la ropa, no conseguí encontrarlas. Comencé a sentir miedo. Mi abuela guardaba silencio.

Llegó la noche del estreno y me sentía nerviosa, incapaz de salir al escenario sin las zapatillas mágicas, pero sabía que debía superar mi temor, ser flexible y adaptarme a la situación, tal y como había aprendido cuando comencé a usar las zapatillas mágicas, así que decidí actuar con unas viejas zapatillas que siempre dormían olvidadas en el fondo de mi maleta a la espera de cobrar vida algún día. Aquella fue la mejor actuación de mi vida. Cuando se cerró el telón y yo ya me había retirado del escenario, miles de rosas cubrían toda la escena y las ovaciones del público se prolongaron de manera indefinida.

Cuando regresé al camerino mi abuela  me confesó su secreto mejor guardado. Las zapatillas no eran mágicas, ni se habían perdido, pero quería enseñarme una lección: "En la vida puedes lograr todo aquello que te propongas si en lugar de luchar contra las circunstancias adversas, te conviertes en una persona flexible y resistente, que se adapta fácilmente a los cambios y sabe bailar en cualquier situación que la vida le presente. Puede que en ocasiones pases por momentos que consigan doblarte, pero si eres flexible, nunca conseguirás romperte". A partir de aquel día nunca más volví a necesitar las zapatillas mágicas, porque había aprendido a dejar que la vida me sorprendiera y a bailar ante cualquier circunstancia que se presentara.

Puede que  a veces pases por momentos buenos, si es así disfrútalos y vívelos, pero no te aferres a ellos. Y puede que la vida en ocasiones te depare momentos adversos y no veas salida, pero si eres flexible, sabrás bailar en Primavera cuando salga el sol y también bajo la lluvia y el viento del Otoño , o bajo el frío helado del Invierno. Puede que la felicidad no dure para siempre y que el sol se oculte tras el horizonte, pero si eres flexible y te adaptas a cualquier entorno que la vida te presente, tendrás la oportunidad de contemplar un nuevo amanecer, donde todos tus sueños te seguirán esperando, para que los hagas realidad en aquel escenario en el que decidas bailar.